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Se cumplen cinco años de la muerte, a golpes y puñaladas, de Amer Hady Saed, cuyo cadáver apareció en su lujosa mansión que estaba reformando

Lujo, ladrillo y sangre: el asesinato del constructor iraquí de Marbella

Febrero 8, 2014
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Los dos obreros habían sido contratados para remodelar una vivienda de lujo en la urbanización La Carolina, en plena Milla de Oro de Marbella, que había sido puesta en venta. Cuando volvieron a la faena tras el desayuno, a eso de las 11 de la mañana, se quedaron horrorizados ante la escena que se les presentó: en un despacho en el interior de la mansión se encontraba el cadáver de un hombre con una chaqueta sobre la cabeza y las manos manchadas de sangre. Era el 10 de febrero de 2009.

La muerte de un empresario reservado

Cuando retiraron la chaqueta, los albañiles descubrieron, espantados, que el hombre tenía la cabeza literalmente deshecha a golpes. También presentaba cortes en las manos y los antebrazos, como si hubiera tratado de defenderse de una agresión con arma blanca. Todo el despacho estaba lleno de sangre, las paredes y el suelo. La víctima fue identificada como Amer Hady Saed, constructor iraquí con pasaporte británico, de 68 años. Llevaba más de cinco años residiendo en Marbella.

La Policía interrogó a los empleados de Saed, quienes explicaron que el iraquí se marchaba y volvía con frecuencia, que era una persona reservada y nunca hablaba de sus actividades o negocios al margen de la pequeña empresa de construcción y reformas que regentaba en la Costa del Sol. También se supo que Saed había estado casado con una mujer marroquí y que había pasado temporadas residiendo en Marruecos y en Londres. No tenía antecedentes policiales de ningún tipo. 

Deudas, fantasmas y barras de hierro

Los forenses del Instituto de Medicina Legal de Málaga determinaron que la víctima había recibido numerosos golpes en la cabeza con una barra de hierro, y que presentaba también heridas de arma blanca. Poco después, fuentes policiales aseguraban que el fallecido debía fuertes sumas de dinero por negocios no precisados, aunque rehusaban vincular este hecho al asesinato, apelando a la prudencia en los primeros pasos de la investigación.

La mansión en la que apareció el cadáver de Saed ocupaba una finca de 1.500 metros cuadrados y estaba en venta por casi 5 millones de euros. Está ubicada en La Carolina, selecta Urbanización a la que sólo se permite el libre acceso a residentes y que cuenta con cámaras de seguridad en cada esquina. La villa, con seis dormitorios y 6 plazas de garaje, tenía ventanas a prueba de balas, piscina y jardín tropical. Los jardineros y los guardias de seguridad de la Urbanización calificaron la calle Margarita, donde se levantaba la mansión en venta, de fantasmal: siempre estaba desierta, nunca pasaba nadie por allí. Las grabaciones de las cámaras de vigilancia tampoco aportaron datos de interés para la investigación, que entró en un punto muerto y así continúa a día de hoy.

José Manuel Gabriel