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Luis Enrique cambia de estrategia en su mensaje: desviar la atención del bajón de juego y encontrar un enemigo común

Diciembre 9, 2016

El técnico del Barcelona deslizó sospechas en torno al sorteo de los octavos de Champions

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El próximo lunes 12 de diciembre (12:00 horas en Nyon) se celebrará el sorteo de los octavos de Champions. Después de la plácida victoria del Barça ante el Borussia Monchengladbach, Luis Enrique focalizó su mensaje en insinuar determinados favoritismos en este tipo de sorteos (“Seguro que nos toca una joyita”). Lo hizo hasta en tres ocasiones (en rueda de prensa y ante diferentes medios), con el objetivo inequívoco de que el titular de su alocución fuera ese. Se pueden sacar varias conclusiones de esta maniobra pero la central es que el entrenador asturiano pretende desviar la atención de lo capital, el evidente bajón de juego que está sufriendo su equipo en los últimos tiempos.

Ojo, es cierto que el Real Madrid (destinatario velado de las palabras de Luis Enrique) ha gozado de fortuna en los últimos años en los sorteos europeos. Sin ir más lejos, su rival en la final de Milán -el Atlético– tuvo un camino realmente pedregoso para volver a morir en la orilla. Los rojiblancos se encontraron, sucesivamente, con  el PSV, Barcelona y Bayern. El equipo de Zidane, en cambio, se lo pudo tomar con algo más de calma al medirse al Roma, Wolfsburgo y City. Pero este tipo de declaraciones lo que encierran es una sospecha infundada -en principio- de algo realmente grave. Lo que Luis Enrique está poniendo sobre la mesa es la posibilidad de que haya amaños en este tipo de sorteos. Más allá de eso, no parece propio de un club como el Barcelona posicionarse como víctima a estas alturas de la temporada.

La realidad es que el Barça está en un momento delicado. A punto de perder definitivamente el estilo que le encumbró (el toque, el gusto por el balón, las combinaciones colectivas), el cuadro culé se mueve a base de empellones y jugadas propias de otros lares. Ante el Real Madrid, por ejemplo, su gol llegó en una jugada a balón parado y sus principales ocasiones fueron de la mano de Andrés Iniesta. Del equipo dominador de los partidos y dueño absoluto del balón queda muy poco.

Y quizás por eso, y ante el temor de que el entorno se vuelva contra él, Luis Enrique ha querido tomar cartas en el asunto. En casos así no hay nada más efectivo que buscar un enemigo común. Algo que una a equipo, directiva y aficionados. Y en este caso vuelve a ser el Real Madrid (principalmente) y la UEFA (en menor medida). Consigue el técnico así esconder los graves problemas que asolan a su equipo. Problemas profundos que se mantienen en el tiempo y para los que no hay visos de solución. Los resultados, por supuesto, seguirán llegando, pero sin identidad ni seña alguna.

Peligroso final de año

El Barça tiene dos partidos trampa antes de las vacaciones navideñas. El próximo sábado ante Osasuna (El Sadar, 13:00 horas) y el domingo 18 ante el Espanyol (Camp Nou, 20:45 horas). A priori son rivales asequibles, pero precisamente por eso al Barcelona se le exigirá ganar convenciendo, algo que ya no hace con tanta asiduidad. Otro punto a tener en cuenta será el emocional: el Osasuna de Caparrós se juega la vida (es colista con 7 puntos) y el Espanyol de Quique Sánchez Flores siempre afronta con una energía especial el derbi de la ciudad condal.

Es muy pronto para hablar de temblores en el banquillo del Barça, pero un mal final de año colocaría a Luis Enrique en una coyuntura complicada. De momento, por sus palabras se adivina cierto nerviosismo. Ser técnico del Barça implica mucho más que ganar.

Felipe de Luis Manero

@FelipedeLuis99