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Son los Duques de Borgoña y de Berry

Luís Alfonso de Borbón bautiza a sus hijos en ausencia de sus seguidores en Francia

Septiembre 9, 2010

Sólo la presencia de la ya muy anciana, enferma y claramente fatigada Emanuela de Dampierre, única dama que asistió con mantilla a la ceremonia, puso un esperado toque regio al conjunto

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Se le había visto pasear por Roma en compañía de su esposa, Margarita Vargas, y se sabía que el bautizo de sus hijos era inminente pero la ceremonia, celebrada en el Vaticano el pasado lunes 6 de septiembre, ha pillado a los legitimistas franceses, seguidores de las pretensiones dinásticas de Luís Alfonso de Borbón, fuera de juego.
 
Desde su nacimiento el pasado 28 de mayo, los gemelos Luís y Alfonso de Borbón y Vargas, titulados por su padre Duques de Borgoña y de Berry en la mejor tradición dinástica francesa, fortalecieron notablemente los decaídos ánimos de los legitimistas franceses, para quienes Luís Alfonso de Borbón es el único y verdadero jefe de la Casa Real de Francia. Por ello, y dada la gran importancia de la ceremonia del bautismo en el seno de la cristianísima Casa Real francesa, desde un principio se barajó la posibilidad de bautizarlos en Versalles o en el Vaticano, lugares de gran importancia simbólica para el que se considera heredero de los derechos dinásticos de los Reyes de Francia.
 
Pronto se descartó Versalles por las dificultades avanzadas por las autoridades locales y se decidió que sería en el Vaticano, donde algunos incluso esperaban un bautizo celebrado por el mismísimo Santo Padre o por el Secretario de Estado vaticano. Así, y estando todos expectantes, el lunes pasado la gran mayoría de los partidarios de la pretensión dinástica de Luís Alfonso de Borbón, salvo algún afortunado como el francés Christian Pino, se desayunaron a través de la prensa o de Internet con la noticia de un bautizo del que habían sido claramente excluidos. 


Amplia simbología dinástica

La ceremonia, a la que no se dio publicidad alguna ni en Francia ni en España, fue celebrada en San Pedro por el Cardenal Angelo Comatri, Arzobispo de la Basílica y Vicario General de Su Santidad en la ciudad del Vaticano, y estuvo revestida de la amplia simbología dinástica que evidencia la voluntad de Luís Alfonso de Borbón de continuar encarnando la jefatura de la Casa Real de Francia como Duque de Anjou.  
 
Luís Alfonso llevaba la insignia de la orden dinástica francesa del Saint Esprit, los bellos programas de mano de la ceremonia estaban redactados en francés, la liturgia fue toda oficiada en la misma lengua, al igual que los cantos, y los recién nacidos fueron convenientemente inscritos como Altezas Reales y con dos títulos de íntima vinculación histórica con los hijos de los Reyes de Francia, los Ducados de Borgoña, para el primogénito, y de Berry, para el segundogénito.


Penosa impresión entre los legitimistas

Pero el conjunto ha dejado una penosa impresión entre los legitimistas franceses que tanto han luchado en su país por una causa difícil de la que sienten reciben muy escasa gratificación. La gran mayoría de ellos no fueron ni siquiera informados y personajes históricos en la causa como el Barón Hervé Pinoteau y el Duque de Bauffremont fueron dejados al margen. Para mayor abundamiento, y también bochorno, de estos monárquicos franceses ningún miembro de la realeza europea fue invitado y hasta Príncipes cercanos a Luís Alfonso de Borbón, como es el caso de Carlos Manuel de Parma o de la archiduquesa Constanza de Austria, no han sido tenidos en cuenta en lo que parece una total falta de consideración.
 
Las críticas también van más allá pues sorprende que príncipes considerados franceses no hayan nacido en Francia ni hayan sido bautizados en ese país, nación en la cual no hay Ley de exilio alguna que pese sobre Luís Alfonso,que una y otra vez parece decepcionar a sus seguidores. Y frente a la ausencia de los príncipes de Europa, la lógica presencia de Carmen Martínez-Bordiú y su esposo José Campos, así como de Jaime Martínez-Bordiú, cuyas vidas e intimidades aireadas en la televisión española no hacen sino desprestigiar a esta dinastía francesa. Solamente la presencia de la ya muy anciana, enferma y claramente fatigada Emanuela de Dampierre, única dama que asistió con mantilla a la ceremonia, puso un esperado toque regio al conjunto.