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Los Trump, una dinastía de opereta: Donald, el candidato a la presidencia de los Estados Unidos, fracasó en su intento de conquistar a la princesa Diana de Gales

Febrero 23, 2016
trump

La candidatura de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, que es una muestra más de su sonado ego, ya ha generado numerosos comentarios tanto fuera del país pues hasta la famosa escritora J.K. Rowling, autora de la saga Harry Potter, ha dicho de él que es peor que Voldemort, el temido maestro de las artes mágicas oscuras. Sin embargo, este nieto de emigrantes alemanes por vía paterna y de emigrantes escoceses por vía materna y que paradójicamente se opone fuertemente a los inmigrantes, parece haberse erigido en el nuevo paterfamilias de una dinastía bien a la americana que, en realidad, es totalmente de opereta pero que parece apoyarle sin fisuras en su inquietante proyecto político.

Se dice que su padre, Fred Trump, pasó por un arresto en 1927 al verse envuelto en una sonada pelea callejera en la que estuvieron implicados muchos miembros del temido Ku Klux Klan, años antes de comenzar a amasar una gran fortuna basada en el negocio inmobiliario de pisos para la clase media que finalmente dejó a sus cinco hijos la astronómica propiedad de unos 25.000 departamentos en Nueva York. La mayor de ellos, Maryanne, fue durante largos años una juez de prestigio en la Corte de Apelación para la cual la nombró Ronald Reagan, y de ella se ha dicho que es una “diva de la judicatura” y una mujer de exterior femenino pero con un interior de acero que hace unos años vendió un suntuoso dúplex a los dueños de Versace por 7 millones de dólares. De otro de los hermanos, Fred, apenas se habla pero falleció en 1981 víctima del alcoholismo, y la otra mujer de la fratría, Elizabeth, ostentó durante mucho tiempo un alto cargo en el prestigioso Chase Manhattan Bank. Más conocido es el cuarto hermano, Robert, cuyo escandaloso divorcio en 2008 llenó las páginas de la prensa norteamericana tras el intento de suicidio en 2004 de su esposa Blaine, que tomó una sobredosis accidental de pastillas al saber que él había regalado una mansión de 3,7 millones de dólares a su amante de entonces, Ann Marie Pallan. Desde entonces Robert, cuya fortuna se calcula en 200 millones de dólares, ha mantenido un bajo perfil en su residencia del condado de Nassau hasta su reciente reaparición en escena en apoyo de su hermano Donald. Blaine, por su parte, continúa formando parte de la escena social neoyorquina y londinense -donde ha coincidido con Corinna zu Sayn-Wittgenstein-Sayn-, y el año pasado la vimos formar parte del grupo de amigos que el rey del azúcar dominicano, Pepe Fanjul, reunió en su grandiosa Finca de Santo Domingo para agasajar al rey don Juan Carlos.

Las mujeres del clan Trump

Las mujeres del pintoresco clan Trump, que quedan embelesadas con el poder de tan sonoro apellido, son todas rubias y ambiciosas y no han surgido de las grandes familias tradicionales de la elegante aristocracia de la costa Este norteamericana. Así, el portentoso Donald, especializado en la construcción de fastuosos departamentos para los muy ricos como Sylvester Stallone, contrajo un primer matrimonio en 1977 con la checa Ivana Zelnicková que por entonces era modelo y miembro del equipo olímpico de esquí de su país, y ya estaba divorciada de un primer marido. Una boda con contrato prenupcial -había que evitar los errores del hermano Robert-, de la que nacieron dos hijos y que concluyó en un sonoro divorcio del que Ivana sacó 25 millones de dólares en efectivo, una mansión por valor de otros 14 millones, todas sus joyas y el 49% de la gran propiedad familiar de Palm Beach.

Donald fracaso en su intento de conquistar a la princesa Diana de Gales

Sin embargo, a ello siguieron otros numerosos enfrentamientos entre la pareja, pues para gran molestia de Donald ella continuó utilizando el gancho del apellido Trump para lanzar líneas de prendas de vestir, de joyería de moda y de productos de belleza a pesar de pasar por otros dos matrimonios subsiguientes. El primero, con el multimillonario italiano Ricardo Mazzucchelli, de quien se divorció 20 meses después de que él les acusase a ella y al ínclito Donald de violar el acuerdo prenupcial que él e Ivana habían firmado de no airear ante la prensa sus problemas matrimoniales, por lo cual les reclamó a ambos 15 millones de dólares como compensación. Y el segundo, con el actor italiano Rossano Rubicondi, 24 años menor de ella, cuya boda costó la friolera de 3 millones de dólares. Donald, por su parte, pasó a segundas nupcias con la modelo y actriz Marla Maples que contaba en su haber con el  edificante título de Miss Resaca Beach Poster Girly que fracasó en su intento de convertirse en Miss Georgia en 1983. Todo acabó en un nuevo divorcio tras el cual se dice que, hacia 1996, Donald intentó sin éxito cortejar a la princesa Diana de Gales, y en 2005  volvió a casarse con la modelo eslovena Melania Knauss.

Tras sus notables fracasos financieros, como la compra del Taj Mahal Casino en los años 70 y 80, para salir de los cuales no tuvo empacho de utilizar bonos basura que generaron enormes pérdidas a los inversores, Donald Trump consiguió rehacer su fortuna que actualmente se estima en  9.000 millones de dólares que maneja la Trump Organization en sus inversiones en los Estados Unidos, donde ha expandido sus casinos a través de la Trump Entertainment, Panamá, Brasil y zonas del Caribe. Sin olvidar los dividendos que le aporta la sonoridad de un apellido que los escándalos familiares han contribuido a popularizar y a llenar páginas de la prensa. De su primer matrimonio tiene tres hijos, Donald, Ivanka y Eric; del segundo nació Tiffany; y del tercero Barron. Los tres mayores son vice presidentes ejecutivos de la Trump Organization, e Ivanka, gran amiga de Chelsea Clinton, contribuyó de nuevo a la fama del clan al convertirse al judaísmo en 2009 para casarse con el empresario del negocio inmobiliario Jared Kushner, propietario del New York Observer. Eric posee sus propios viñedos y fundó la Eric Trump Foundation cuyo objetivo es recabar fondos para niños con enfermedades terminales. Tiffany intentó una fracasada carrera en el mundo de la música, y el pequeño Barron creció, según su madre, recibiendo aplicaciones de crema de caviar cada noche.

Todos ellos son apoyos incondicionales de su padre en su peligrosa carrera a la presidencia y se muestran orgullosos de un apellido que aparece en casinos, empresas, vallas publicitarias, grandes edificios y empresas de vino, joyas y moda. Tan grande es el ego que en 2009 Ivanka publicó un libro titulado La carta Trump: jugar para ganar tanto en el trabajo como en la vida.

Ricardo Mateos