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INVESTIGACIÓN RUMASA (IV)
Continúa la investigación judicial por la presunta estafa en Nueva Rumasa

Los Ruiz Mateos se han introducido en todas las familias con abolengo y pedigrí de España

Noviembre 3, 2011

El ahora dueño de Nueva Rumasa, Ángel de Cabo, también fue socio como Alejandro Agag del gobierno del dictador libio  Muamar El Gadaffi.

Para evitar otro escándalo familiar, los Ruiz Mateos han dado a Agustín de Figueroa, consuegro de Ruiz Mateos y afectado por los pagarés, una cervecería muy conocida que poseían en la madrileña plaza de Santa Ana, y que era uno de sus negocios tapados


Continúa la investigación judicial por la presunta estafa en Nueva Rumasa. La justicia investiga ahora a los hijos y descendientes del patriarca, los continuadores de la saga y los verdaderos artífices en los últimos años de Nueva Rumasa, a pesar de que ahora en una estrategia de defensa clara le quieran echar toda la culpa a su padre de los males del grupo.

Los descendientes de Ruiz Mateos siempre se han entremezclado con familias de abolengo y pedigrí. Por ejemplo, Patricia, la cuarta en el escalafón, se unió en 1990 a Joaquín Bohórquez, hijo del empresario jerezano José Bohórquez Mora-Figueroa y de Pilar Crespí de Valdelldura, marquesa de Las Palmas, y sobrino del conocido rejoneador y ganadero, Fermín Bohórquez. Zoilo, el varón mayor, está casado con Carmen Durán y José María con Cristina Figueroa, hija de Agustín Figueroa y Magdalena del Alcázar. Es por tanto sobrina del cantante Raphael y de Natalia Figueroa Gamboa y, a su vez, prima de Marta Chavarri. Así, la mujer de José María Ruiz Mateos Rivero es nieta de los marqueses de Santo Floro y descendiente de la saga del conde de Romanones.

Precisamente quien ha salido muy perjudicado y salpicado en varios millones de euros del presunto fraude de los pagarés de Nueva Rumasa ha sido Agustín de Figueroa, donde le introdujo su yerno José María. Para evitar otro escándalo familiar, los Ruiz Mateos le han dado una cervecería muy conocida que poseían en la madrileña plaza de Santa Ana, y que era uno de sus negocios tapados.

También Alfonso, el noveno de la saga, contrajo matrimonio con Alejandra Cruz-Conde, abogada e integrante de una de las familias andaluzas más solventes y poderosas, los Cruz-Conde, muy vinculados a la entidad financiera de la Iglesia Católica, Caja Sur, y también propietarios del palacio cordobés Torre Cabrera. El único borrón negro en la familia ha sido el matrimonio de su hija Begoña, madre de tres niños, cuya separación de Carlos Perrau – que fuera eurodiputado en la formación política de su ex suegro-  ha traído más de un quebradero de cabeza a la familia. Además, Javier, undécimo en el escalafón, contrajo nupcias en el otoño de 2001 en Jerez con Lavinia Mateos Bonilla, su novia durante más de cuatro años; y Pablo, el décimo de los hijos, que se casó en septiembre de 2002 con Mara Castillo Lapetra. También en ese mismo periodo lo hizo la más pequeña de la saga, Nuria, que se casó en el verano de 2001 con Marcos Fernández Halcón, con el que llevaba ya nueve años de noviazgo. Rocío, la quinta en el escalafón, está casada con Luis Ojeda, y es madre de varios niños. Paloma, la octava en el escalafón, la célebre del tartazo a Miguel Boyer versus Isabel Preysler, tuvo problemas en su primer matrimonio y se separó de su marido, el empresario alemán Stephan Shoeppe, del que tiene tres hijos (Sandra, Carlota y Patricio). Paloma luego se casaría con el empresario jerezano Juan García Jarana en noviembre de 1994. Y por último, el benjamín de la saga Álvaro se casó el pasado mes de mayo en Córdoba con Ana, hija del influyente abogado Rafael Suárez de Lezo, con despacho al lado de la sede del PP en Madrid.

Sospechas con el “liquidador”

Ahora los afectados piden al juez de la Audiencia Nacional que se investigue también la operación de venta al fontanero valenciano reconvertido en empresario liquidador de empresas, Ángel de Cabo, ya que la venta de cualquier activo de las empresas en concurso podría suponer un delito de alzamiento de bienes. Y, sobre todo, en que porcentaje se ha realizado la venta. Algunas fuentes afirman que Cabo sólo se ha quedado con la gestión del grupo y que percibirá por ello en torno a un 20% por sus duras negociaciones en las liquidaciones de los activos; además de los contactos y la agenda que se le crea, como también los bienes que se quedan en el camino.

No en vano, este empresario ya tuvo sus más y sus menos con el régimen de Muamar El Gadafi, al intentar penetrar activamente en los negocios del dictador libio, al igual que lo hiciera el yerno de José María Aznar, el intermediario Alejandro Agag.

Así, un año antes de que comenzaran las manifestaciones contestatarias contra Gadafi en Libia, Ángel de Cabo y su grupo de fieles compañeros firmó en enero de 2010 con la empresa estatal libia Ultico (United Libyan Tourist Investment Company) un acuerdo para construir un macro complejo residencial a las afueras de su capital Trípoli. Pretendía construir un grandioso complejo llamado Northern Alghiran Complex, que se situaría al lado Mar Mediterráneo y valorado en más de 3.000 millones de dólares, con una extensión de 101 hectáreas. El complejo turístico se compondría de un hotel de lujo de cinco estrellas, un centro internacional de convenciones, tiendas, oficinas administrativas, unas 2.500 viviendas, un puerto deportivo, un hospital, colegios, parkings y hasta una mezquita.

Para ello constituyeron la sociedad mixta Libyan Spanish Tourist Investment Company, pero finalmente faltaron los avales de la parte española y más tarde el régimen del dictador se desmoronó. El ahora dueño del grupo Nueva Rumasa, Ángel de Cabo, utilizó para constituir esta sociedad mixta en Libia una de sus empresas afines, la sociedad Nuevas Formas Diseno S.L. (NFD). Sin embargo, todo quedó en un gran fracaso empresarial, como puede ocurrir en Nueva Rumasa.

Juan Luis Galiacho