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Su novio triunfa en los vestuarios de los gimnasios

Los regalitos de Falete

Julio 19, 2010

Falete está de enhorabuena. Está feliz. Su relación con Antonio Aguilera, modelo de atractivo indiscutible, va viento en popa y a toda vela.

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Falete está feliz. Sus ojos vuelven a brillar con una intensidad impagable. Se le nota que las cosas marchan viento en popa en todos los aspectos de su vida. En lo profesional no se puede quejar. Todos son vítores y aplausos. Todo son palmadas y jolgorio. Es la voz de la copla. Una especie en extinción que empezaba a dar sus últimos coletazos con Isabel Pantoja, pero que ha resurgido de las cenizas gracias a su ímpetu, energía y entrega. Falete emociona en cada uno de sus recitales. Su voz llega incluso a los que ven en este estilo musical a la España más rancia y antigua. En lo personal, el corazón le late con fuerza imparable. Ya no es un secreto que hace poco inició un romance con Antonio Aguilera, un modelo de cuerpo vertiginoso que recientemente podría haber firmado un contrato con una firma internacional para modelar en la próxima temporada. Habrá que esperar. De momento, lo cierto es que Antonio se pasea con un coche de alto valor económico, regalo del artista, al que no le importa cubrir de regalos a su atractivo novio.
 
La grandiosidad de su alma
 
Tanta felicidad se nota. Y no sólo porque Falete haya contratado a un entrenador personal que le ha hecho bajar cerca de veinte quilos, sino porque, al contrario del estereotipo, el enamoramiento le hace adelgazar. También influye su animada vida íntima. El cantante está disfrutando del cuerpo de su novio. Todos hablan de sus dimensiones físicas. En el gimnasio hay quien se dirige a él como tres patitas por la grandilocuencia de su miembro viril. Parece que tiene vida propia. Es como si el resto de su cuerpo fuera un apéndice y no al contrario. Antonio posee la misma vigorosidad que aparenta y es todo un experto en las artes amatorias. Por eso no es de extrañar que quien ha pasado por su cama todavía recuerde con cierto apasionamiento los momentos de máxima intimidad. Son esos, dicen, los que podrían haber enamorado locamente al magnánimo coplero, que lleva con cierta discreción su nuevo y cacareado romance. No quiere repetir el mismo esquema del pasado. Ese con el que terminó enfrascado en un barrizal que acabó en denuncias, reproches y falsas apariencias. Ahora lo vive todo con mayor relajo. Menos mal.     
 
Por Saúl Ortiz (saul@extraconfidencial.com)