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La Princesa de Asturias estuvo puntualmente informada de lo que acontecía en Toledo

Los privilegios de Telmita Ortiz

Mayo 13, 2008

Telmita se enfrentó a más de cincuenta medios de comunicación para prohibición de publicación de imágenes de su vida privada. Resultaron patéticos los privilegios que se le concedieron por “ser vos quien sois”.

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Se han puesto en la picota aunque ellos buscan lo contrario. Es la contradicción que resume el conflicto que Telma Ortiz y su novio, Enrique Martín-Llop, mantienen en los tribunales con más de cincuenta medios de comunicación. La mañana del pasado lunes resultó verdaderamente infatigable, pues tuvo lugar la vista por la petición de medidas cautelares que la pareja solicitó hace unos meses para prohibir la publicación y difusión de imágenes que no se hayan tomado en actos protocolarios. Cabe destacar que el fiscal adscrito al juzgado en el que se celebró la vista, consideró que la demanda de marras no debe ser estimada ya que “sin perjuicio de reconocer que el derecho a la vida pública, la intimidad y la imagen de aquellas personas que ejerzan un cargo público o tengan notoriedad pública, hay que analizar caso por caso y, en este, las imágenes ya se han difundido”. Mazazo para el abogado de la hermana de la Princesa, Fernando Garrido, quien, además de avergonzar con sus paupérrimos argumentos al resto de sus colegas, aseguró durante su exposición que “mis mandantes corren peligro físico porque incluso los cazadores de imágenes han llegado a las manos para conseguir la exclusiva”. El letrado aseguró que el acoso de la prensa es evidente “durante las veinticuatro horas del día” y que ni siquiera “se ha respetado el periodo de lactancia de la señora Ortiz”.
 
Ausencia de requisitos básicos
 
Toda petición de medidas cautelares debe basarse en tres requisitos fundamentales que, a tenor de las alegaciones de todos los letrados presentes en la causa así como del propio fiscal, en este caso no se cumplen: Ausencia de “peligro de mora procesal” (no existe necesidad de medida cautelar para salvaguardar una futura e hipotética sentencia estimatoria); “apariencia de buen derecho” (quien entra voluntariamente en la escena pública no puede pretender ser una persona con derecho al anonimato); y ausencia de “caución” (es una indemnización que tiene que ofrecer la parte demandante para responder de los posibles daños y perjuicios que se originen a los demandados para el caso de que las medidas cautelares sea gratuito y carezca de asistente legal). Pese a todo, rechina que la demanda también tuviera defectos procesales importantes que llevaron a la jueza a sobreseer parcialmente el caso, pues se denunció a los medios de comunicación en su forma comercial y no en su variante legal.
 
Para enternecer a la jueza
 
Todo en Telma estaba milimétricamente estudiado. Tanto, que  incluso tenía pensado recurrir a la lágrima y al discurso sensiblón en caso de que finalmente fuera subida al estrado. No fue así, ya que los abogados de los medios de comunicación demandados llegaron a un acuerdo, en el último momento, para que su testifical, presumiblemente bañada en llantos, no interfiriera en la decisión de la jueza. Por eso se admitió que se ausentara de la sala para amamantar a su pequeña Amanda. Escalofrió su corte de pelo, similar al que lució los últimos días de su vida Erica Ortiz. A más de uno se le encogió el corazón ante la enorme similitud de sus rasgos, vestimenta y look.
 
Privilegios en bandeja
 
Telmita abusó del poder de esa princesa que nunca será reina para acceder a los juzgados a través de una puerta, situada en el semisótano, que sólo se utiliza en caso de emergencia para desalojar rápidamente a todos los trabajadores. La entrada no está habilitada para su uso diario pues, entre otras cosas, carece de detector de metales y guardias de seguridad. Me pregunto qué habría pasado si a Telmita se le hubiera ocurrido esconder entre sus pertenencias un aerosol de gas lacrimógeno para, en su cruzada contra la prensa, exterminar a los periodistas del corazón. Sorprendió que, escoltada por fortachones mozalbetes, a Telmita se le permitiera entrar a la “sala de matrimonios”, convertida por arte de birlibirloque en una sala de vistas con las dimensiones suficientes para albergar a más de una veintena de abogados, cuando los representantes legales de los demandantes continuaban apostados en los pasillos. Trato de favor, privilegio infrecuente y abominable para evitar, única y exclusivamente, destellos y preguntas incómodas. Bochorno que se incrementó cuando, tras salir de la sala, Ortiz Rocasolano abandonó las instalaciones por un parking subterráneo para ocultar su imagen. Resulta chirriante, vergonzante e incluso embrutecedor que el sistema judicial rinda pleitesía a una ciudadana que arremete violentamente contra nuestra Constitución, con el único objetivo de luchar por un derecho al anonimato que cree fundamental. Bajada de pololos que deja al descubierto la purulencia de uno de los tres poderes del Estado que el Rey concentra literariamente. ¿Puede la Corona comprar la justicia española? Reflexionemos.
 
Una Princesa en apuros
 
Me cuentan que Letizia estuvo puntualmente informada de lo que sucedía en el interior de los juzgados de Toledo. Incluso mantuvo una intensa conversación con su hermanísima pocos minutos después de que abandonara la sala en la que se celebraba la vista. Dicen que las alegaciones de los abogados de los demandados alteraron profundamente a la princesita de los ojos tristes. Resulta esperpéntico, cuasi de chiste aldeano, que Letizia se haya decantado hacia la cooperante en un asunto tan controvertido. Suerte que en pleno proceso de la polémica, tal y como publicó este medio en exclusiva, hubo quien se encargó de filtrar a la prensa que la Princesa lloraba amargamente ante la que se le venía encima. No se equivocaban, pues es incomprensible que siendo periodista apoye el amparo hitleriano, la censura previa y la coartación de libertades de expresión e información. Letizia debe creer que esto es similar a cuando decidió dejar de un lado sus ideales republicanos para contraer matrimonio con el Príncipe de la voz hosca. Repugna su “chaqueterismo”.
 
Un papá para todos
 
Sin embargo, no es la única que apoya desinteresadamente a una Telma que evidencia amargura. Su padre, Jesús Ortiz, que utilizó a una Asociación de la Prensa de Madrid dispuesta a todo por notoriedad, cortesanía y besamanos, presume de la valentía de su hijísima y aplaude su comportamiento. El periodista, que en conversaciones con colegas de relumbrón hace mención a la ley de protección de la intimidad en la que se basa su hija, no balbucea al admitir que el acoso de la prensa es verdaderamente insufrible. Entonces, ¿por qué no convencieron a Letizia para que no emparentara con Casa Real? Eso sí, todavía retumban en mis oídos las palabras que vertió en el extinto “Salsa Rosa” el día en el que se conoció que Felipe de Borbón contraería matrimonio con su hija. España mañana será republicana.
 
Por Saúl Ortiz