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Los políticos españoles que fueron espiados y grabados en Cuba para después, si fuera necesario, presionarles: desde Fraga a Aznar, pasando por Borrell (y III)

Enero 13, 2016
aznar fidel

Ni su amistad con Fidel Castro y su hermano Raúl impidió que personajes como el fallecido Manuel Fraga Iribarne, en su calidad de presidente de la Xunta de Galicia; Francisco Vázquez, como alcalde de A Coruña; Josep Borrell, como ministro socialista; José María Aznar, como presidente del Gobierno, o Salvador Fernández Moreda, como concejal de Urbanismo de Santiago de Compostela y ex senador, escaparan de las cámaras de la contrainteligencia cubana que habrían grabado todas sus actividades durante sus visitas a Cuba. Miles de metros de cintas de vídeo y audio de sus actividades, tanto oficiales como privadas, obrarían aún en poder del régimen cubano, según revelaciones de “Otto”, un ex espía del Departamento 11 de la contrainteligencia del régimen.

Era la primera vez que Francisco Vázquez, entonces alcalde de A Coruña, visitaba Cuba. En agosto de 1994 el edil socialista acudió a La Habana acompañado de su amigo, Manuel Soto Pérez, un empresario gallego protegido por el régimen cubano y que servía de introductor para posibles inversores españoles en la Isla caribeña. Fue un viaje de siete días. Vázquez aterrizó en el Aeropuerto de La Habana con cuatro estatuas de la Torre de Hércules en señal de agradecimiento a las autoridades cubanas. La dedicatoria fue: “Del alcalde de La Coruña con afectos al señor D.F.” Estas iniciales respondían a la identidad de un ex espía del servicio de la contrainteligencia cubana, también conocido como agente “Otto”.

A “Otto”, sus jefes le informaron que Soto -el empresario español al que tenía que vigilar las 24 horas del día-, iría acompañado de Francisco Vázquez. Fue entonces cuando se pusieron en marcha todos los dispositivos necesarios, tanto los de seguridad como de tratamiento, como si fuera un Jefe de Estado, paralelamente a los de seguimiento y control.

La visita de Vázquez era privada, lo que no fue obstáculo para que mantuviera entrevistas oficiales en Cuba con el alcalde de La Habana, con algunos ministros y hasta con el vicepresidente. Se le dispensó un tratamiento de Estado espectacular y tanto él como Manuel Soto fueron hospedados en la suite presidencial del Hotel Nacional: dos habitaciones, una con cama de matrimonio y la otra con dos camas separadas, salón, comedor y despacho. En total, 600 metros cuadrados por los que los visitantes pagarían una media de 1.500 dólares diarios. Ambas habitaciones contenían aparatos de grabación y se habría filmado todo lo que allí se habló.

También Fraga, Aznar y otros políticos fueron espiados

Lo mismo habría ocurrido en las dos visitas del entonces presidente de la Xunta de Galicia, el ya fallecido Manuel Fraga, al que quisieron alojar en el Hotel Nacional, donde todo estaba preparado para grabarle. Por aquel entonces, el director del citado Hotel era, Antonio Martínez, un ex general de Brigada del Ministerio del Interior que en ese momento sería el segundo jefe de la Contrainteligencia de Cuba.

Según las revelaciones de “Otto” rescatadas por Extraconfidencial.com, Antonio Martínez tenía orientaciones precisas de la contrainteligencia por si Fraga se hospedaba, finalmente, en su Hotel, circunstancia que no se produjo porque habilitaron casas del protocolo del Estado; pero esas viviendas también estaban “preparadas” para el espionaje. En Cuba, Fraga tenía un código preferente; es decir, que debía ser objeto de un seguimiento especial como el que se imponía a personalidades del ámbito político, económico o cultural de cualquier país del mundo para después someterlos, si fuera necesario, a algún tipo de presión con las grabaciones que les hubieran realizado.

Según el ex agente “Otto”, Fidel Castro era un consumidor insaciable de todas estas grabaciones, con escenas incluso de sexo, si las hubiere. Al parecer, le gustaba escuchar, ver, conocer y estudiar la forma de comportarse de la persona investigada y, en algunos casos, esas escenas podían servir para ejercer posteriormente algún tipo de presión.

Como dormían, lo que hacían en la habitación y lo que hablaban

Otro político gallego que también se habría visto sometido a ese régimen de vigilancia habría sido Salvador Fernández Moreda, ex senador del PSOE y ex teniente de alcalde y concejal de Urbanismo. Moreda se alojaba o en el Hotel Nacional o en el Meliá Varadero, en las habitaciones dispuestas para grabar.

Lo mismo habría ocurrido con el ex ministro socialista, Josep Borrell, de quien, según “Otto”, habría muchas cintas grabadas, ya que lo alojaban en el Hotel Nacional, en las habitaciones preparadas al respecto. El contraespionaje cubano sabía de todos ellos cómo dormían, cómo se bañaban… todo lo que hacían en la habitación, a quién recibían, qué hacían y lo que hablaban. Y es que, al parecer, en Cuba el asunto del espionaje resultaba enfermizo, algo como un síndrome: había que grabarlo todo, tenerlo todo controlado y más a las personas que llegaban desde España o Estados Unidos.

Otro de los políticos supuestamente grabados habría sido José María Aznar. Durante su visita a Cuba con motivo de la celebración de una Cumbre Iberoamericana, el sistema de vigilancia se mantuvo: incluso una sección del área especial de telefonía de la que entonces se encargaba el Departamento 17 y K se trasladó al centro del Palacio de las Convenciones. Las casas de protocolo las habría preparado EMPROA, una empresa que pertenecía al Consejo de Estado y se encargaba del mantenimiento y construcciones de esta institución.

Jorge Ventura