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En el primer concierto de Miguel Bosé en Madrid

Los paseos de Irene Meritxell

Julio 15, 2010

El primer concierto de Miguel Bosé de su gira ´Cardi´ tuvo todos los ingredientes para convertirse en uno de los más comentados en los medios de comunicación: famosos, grandes canciones y muchas anécdotas.

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Todavía tiemblan los cimientos del Casino de Aranjuez. Se resienten ante la actuación magistral del cantante Miguel Bosé que arrancó, de forma singular, su gira ‘Cardio’ por los escenarios de la geografía española. Gustó sobremanera su forma de actuar, sus movimientos pélvicos y, sobre todo, que decidiera incluir en su repertorio canciones míticas como “Nena” o un “Amante Bandido” que se resistió a cantar hasta el final. No parece gustarle demasiado que sus seguidores todavía le pidan que entone el tema con el que consiguió subirse a la cresta de la ola. No fue del todo acertado el experimento musical, al estilo LSD, con el que Miguel intentó mantener la atención del público mientras él se cambiaba de ropa. Llegó hasta marear que repitiera hasta el cansancio la palabra “eunucos” durante tan caprichoso recital. Lo más divertido –y esperado, por supuesto- llegó cuando el celebérrimo cantautor decidió poner fin a las peticiones del gentío tarareando temas de su anterior disco, Papito, quizás mucho más conocidas y veneradas que las de su último trabajo musical.
 
Fue en una de estas interpretaciones cuando sobrecogió que al mirar a la entrepierna de Bosé se apreciara una leve erección que provocó un sonoro «mira, mira» entre algunos de los allí congregados. No cabe duda de que su aparente excitación tenía nombre propio: Aranjuez. Estaba más que entregado a un público que lo vitoreaba como a una Virgen. En su particular altar todo eran destellos de luz, pantallas móviles y un coro milimétricamente vestido y con gran valía. Entre ellos, Tommy, aquel mozarrón que saltó a la palestra por besar apasionadamente la boca de Dani Zueras en un polémico videoclip. Tommy es un trabajador inagotable. Presentó hace años un maravilloso programa de televisión, producido por Mediapro, en la Autonómica privada valenciana y consiguió un gran éxito. El mismo que la pasada noche. Para tan magnánima actuación, Miguel contó entre el público con un sinfín de rostros conocidos que decidieron apoyarle. Llamó la atención el compungido sollozo de una Chayo Mohedano que tarareaba el “Te amaré” agarrada de la panza por Andrés, su fornido acompañante. Se les vio de lo más compenetrados, no sólo porque ambos escogieron el negro para sus vestimentas, sino porque compartieron confidencias y secretos al oído. Alegró ver a la cantante tan feliz. Se nota que su relación va viento en popa y que sus mediáticos progenitores aceptan el noviazgo: “estoy encantada con él, me parece que es el hombre que merezco”, me dijo mientras se colocaba un precioso vestidito negro que resaltaban sus largas y fibradas piernas. Por cierto, que Andrés no está tan grueso ni horondo como se comenta. Eso sí, no conserva la cuidada anatomía de Antonio Tejado de quien Rosario no pronunció ni media palabra: “eso forma parte de mi pasado”, se revolvió al preguntar.
 
Todos hablaron sobre la presencia de un Imanol Arias con gesto serio y distante para con los medios del corazón. Vistió de blanco impoluto, casi a imagen y semejanza de su novia, la periodista Irene Meritxell que lució un nada favorecedor vestido del mismo tono, con especie de encaje en el pecho que le ponía quince años encima. Nadie entendió sus contoneos constantes entre las mesas once y catorce del gran salón. Resultó excesivo ese afán por demostrar cuáles son sus atractivos. Irene no hizo otra cosa que caminar de un lado a otro: de la puerta a su asiento y de su asiento a los baños. Allí, en tan digno lugar, incluso reprendió a su novio entre carcajadas porque “te estaba esperando y tu haciéndote fotos en las escaleras”. Hubo quién acabó con estrés de perseguirla para chismorrear. Fue sonado el desgañite del actor para pedir una canción más. Por momentos parecía que su voz se iba a romper en mil pedazos. ¡Qué fuerza! La misma con la que acariciaba el muslo de su novia y le calzaba tímidos besos cuando nadie parecía mirarles. Algo parecido ocurrió con Eva Zaldívar y Juan Peña, que lucía un corrector dental para mejorar su admirada estética. Eva es reacia a aparecer en la pequeña pantalla divagando o siendo preguntada por el presentador Pepe Navarro, pero no a que se la inmortalice de la mano de su novio. Fantástico, pues al menos no esconde que se encuentra en un brillante momento personal. Y lo que le queda, pues Juan es un ser realmente excepcional, al igual que la cantante Diana Navarro que fue descubierta casi por casualidad. Si ya es menuda de por sí, al lado de Rosario Mohedano (se sentaron en la misma mesa) lo parecía todavía más. Eché en falta escuchar su angelical voz, nada que ver con la del cubano Asdrúbal que llegó como se fue.
 
Enfundada en un impresionante vestido rojo, Ana Obregón quiso acompañar a ese amigo con el que tanto ha vivido. La actriz despertó la envidia de todas las féminas del lugar con su elegante envoltorio. No acudió sola, le acompañaba Fernando Candela, el guapo representante de los Vivancos, con el que Obregón mantiene una relación únicamente amistosa. Ana resplandeció esa noche y eso que había dejado atrás una maratoniana jornada de muchas emociones y sobresaltos. No se puede negar que el concierto de Miguel Bosé fue espectacular. Qué pena que le gusten tan poco los medios del colorín.
 
Por Saúl Ortiz (saul@extraconfidencial.com)