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Los nuevos propietarios de la Fórmula 1 agitan su horizonte con la salida de Bernie Ecclestone y una dura amenaza para Ferrari

Enero 25, 2017
ferrari

La llegada de Liberty Media a la Fórmula 1 está removiendo los cimientos del deporte. Desde finales de los años 70 la especialidad ha sido manejada con una hábil mano de hierro por Bernie Ecclestone en una especie de ‘pax romana’ regada con cientos de millones de euros repartidos entre accionistas y escuderías. Aunque parece ser aceptada por todos pese a sus desequilibrios y arbitrariedades, esta situación va a cambiar.

Una de las paradojas del deporte más caro del mundo es el intrincado y poco razonable reparto de sus beneficios. La Fórmula 1 como negocio en si factura cerca de 1500 millones de euros, de los que un tercio se lo queda Fórmula One Management, compañía que ejerce de organizador del certamen, y los dos tercios restantes van a parar a los equipos, aunque de una forma bastante original, por llamarlo de alguna forma. Cada formación recibe un porcentaje gradual en función esencialmente de los puntos logrados, victorias, y sus resultados en la temporada anterior, pero hay beneficios netos para algunos por ser considerados de especial interés. Mercedes, Renault, McLaren, Williams o Red Bull reciben un dinero extra, y hablamos de hasta decenas de millones de euros, por ser considerados equipos históricos, pero no todos recaban el mismo. Aproximadamente un tercio de los presupuestos de cada uno de los participantes sale de este fondo común de desigual forma. El conflicto, y grave, llega cuando se baraja suspender algo aceptado por todos y que consiste en que Ferrari recibe la friolera de entre 150 y 180 millones de euros dependiendo del año y muchos de ellos no se los gana sobre el asfalto sino en los despachos. Esta cifra supone más de la mitad de sus gastos anuales, y en caso de dejar de ingresarlos puede poner en un brete a sus gestores.

El dinero que lo puede todo

Cuando en 2009 Flavio Briatore impulsó una posible escisión de la Fórmula 1 de media parrilla para crear una categoría paralela, la clave de todo era Ferrari en la muy extendida creencia de que a donde fueran los italianos iría el público y por lo tanto el éxito. Al final todo se arregló con el lubricante que todo lo soluciona: dinero. La percibe unos 100 millones de euros por el mero hecho de usar el color rojo y si esa inyección de capital les faltase no se iban a quedar quietos. Ferrari tendría que buscar esos fondos en alguna parte, y se añaden varios ingredientes a su particular escenario: una parte de la compañía corre en Bolsa y esto traería consecuencias, actualmente está escindida de FCA (Fiat Chrysler Automobiles) y del grupo podría obtener menos recursos, y se rumorea hace tiempo que existe el deseo de vender la mayor parte de la propiedad y un cambio así no sería muy del agrado de los posibles compradores.

Los nuevos amos de la velocidad han ido comprando en pagos escalonados un bocado accionarial que les permite tener el control del deporte y entre sus planes está llevar la Fórmula 1 al menos a tres o puede que cuatro destinos nuevos en el país de Donald Trump aparte del actual de Austin, crear fines de semana más largos con eventos múltiples alrededor de la F1, y americanizarlo un poco más; también en su filosofía. En un país donde los alumnos que copian son denunciados por sus compañeros por competencia desleal no entra en la cabeza que haya equipos que partan con ventaja financiera y esto es algo que quieren erradicar desde que puedan. Todo apunta a que esto puede ocurrir en 2020, año en que liquida el actual Pacto de la Concordia, contrato-acuerdo entre todas las partes que dictamina un reparto que hoy día todos aceptan.

La posible salida de Bernie Ecclestone

Otra de las jugadas de gran calado que van a traer es la muy posible salida, tras casi cuatro décadas al mando del negocio, del incombustible Bernie Ecclestone. A sus ochenta y seis años y con una porción minoritaria pero considerable de acciones se baraja que pase a un plano secundario, con un cargo como consejero o presidente protocolario, y deje hacer a los nuevos propietarios. Bernard Charles Ecclestone hizo crecer el negocio como ningún otro y creó un deporte global de lo que era una competición apenas profesionalizada. Cuando llegó a la Fórmula 1 los mecánicos iban en chancletas y bañador, y lucían camisetas… cuando las llevaban. La presencia de la televisión era puntual y sólo en algunas carreras cuando las cadenas locales se interesaban por emitir sus carreras nacionales. De ahí a cobrarles cerca de 8.000 millones de euros a los nuevos propietarios ha sido en esencia gracias a sus gestiones y saber hacer.

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Su figura es única y es responsable de casi todas las áreas de manera vertical, fórmula considerada por los americanos como impropia de los tiempos que corren y quieren darle un nuevo giro con un director comercial, y la rumoreada vuelta a la F1 de Ross Brawn para supervisar de alguna manera el área deportiva. En este último caso el propio Brawn ha confirmado que ha habido contactos pero que no hay nada en firme al menos de momento. Las escuderías guardan silencio, y se han mostrado frías a la hora de aceptar la oferta de Liberty de entrar en el accionariado de la organización. Tan sólo y de forma muy tímida parece estar interesada Ferrari, pero todo apunta a que, de manera testimonial, para tener acceso a la información y algo de peso político, aunque los de Maranello tienen otras cosas en la que pensar. El cambio grande en la Fórmula 1 no viene en forma de reglas, diseños, o tecnologías aeroespaciales, sino desde sus propios organizadores, que quieren cambiarla de arriba a abajo. Esos cambios, traerán resultados distintos. El ‘agárrense que vienen curvas (pero fuera de la pista)’ ya se corea en todas las factorías de la Fórmula 1.

José M. Zapico

@VirutasF1