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Kiko Rivera ha decidido no querer saber nada más de la actriz erótica

Los montajes de María Lapiedra

Julio 28, 2008

La última entrevista de la actriz María Lapiedra ha provocado que Kiko Rivera haya decidido prescindir de su amistad. Fue engañado por el matrimonio Lapiedra.

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Está dispuesta a tocar las estrellas del firmamento televisivo aunque para ello sea necesario tentar a la traición y golpear a la ética. María Lapiedra, popular en la palestra rosa desde que decidió denunciar públicamente que había sido cruelmente maltratada por Ramiro Lapiedra, acudió el pasado viernes a “¿Dónde estás corazón?” para airear su ronroneo, más bien apretón nocturno, con un Kiko Rivera que irradia bonanza y sinceridad. Lapiedra, que guarda mensajes de texto en los que el hijo de la tonadillera Isabel Pantoja la proponía, con cierto ardor, mantener relaciones sexuales y toqueteos a la luz de la luna, aseguró que, pese a que lo suyo con Rivera no es una historia de amor, los encuentros alicatadores les han unido hasta límites insospechados. Embuste malintencionado y envenenador. La actriz tendió una trampa –con la ayuda de Ramiro Lapiedra- al noble mozalbete para venderlo por un puñado de euros. Por aquel entonces, en plenos preparativos, el productor del ceño fruncido telefoneó a Kiko para pedirle que dejara de verse con su mujer, tal y como publicó extraconfidencial.com. Agarró el teléfono y, durante una conversación con Kiko, decidió marcar su territorio, invitándole a rechazar cualquier invitación que había recibido por parte de la actriz erótica. Pese a que podían haber sido buenos amigos, lo cierto es que el ansia de popularidad que envuelve a la actriz de mirada sugestiva aniquiló cualquier posibilidad.
Tras la entrevista del pasado viernes, Kiko ha optado por anular sus encuentros con María. Me cuentan que está algo sorprendido ante su actitud y se siente herido y ultrajado. No es la primera vez que, algunos de sus amigos, le venden por unos minutos de falsa popularidad. Sin embargo, el amable veinteañero sigue creyendo en la amistad por encima de todas las cosas. Eso sí, desde la distancia. Nunca es tarde si la dicha es buena.
 
Por Saúl Ortiz