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El Día de la Memoria de Euskadi les ignora por completo

Los más de 300.000 vascos en el exilio huidos de ETA y olvidados por Patxi López

Noviembre 15, 2011
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El día 10 de noviembre es la fecha en que Euskadi recuerda institucionalmente, desde el año pasado, a los damnificados por la violencia terrorista. Aunque cada partido y asociación afectada lo celebró por su lado – imposible celebrar un acto conjunto-, los jardines del Palacio de Ajuria Enea fueron el escenario de la solemnidad política a cargo del lehendakari Patxi López, el inventor de esta fecha para el recuerdo: “Las víctimas –dijo-, son las personas que han sufrido a su pesar, las que han sido asesinadas y violentadas sin que ellas mismas hubieran elegido el camino de la violencia“. López ha recordado, también, a las víctimas de otros grupos terroristas como el GAL, el Batallón Vasco Español y otros, ya que, “si bien son un recuerdo del pasado, sus víctimas y su memoria lo hacen presente entre nosotros”.

En el todo este voluntarismo político y social, alentado también por el comunicado de ETA, nadie, ni el PNV, ni el PP, ni la Iglesia siquiera, ha recordado del drama vivido por más de 300.000 ciudadanos vascos, víctimas también de los terroristas, amenazados que tuvieron que dejar sus negocios, sus casas y su vinculación a su tierra por el miedo a ser asesinados, que, desde hace décadas,  viven dispersos por muchos lugares de España y algunos del extranjero.

Hasta el año 2005 eran 383.700 las personas que habían abandonado el País Vasco, la mayoría, según algunos sectores como el Foro de Ermua, por culpa del terrorismo de ETA y la presión y amenazas de su entorno. En el estudio de la Fundación BBVA “Evolución de la población española en el siglo XX“, presentado en 2007, calculaba en casi 200.000 personas las que habían abandonado el País Vasco desde el inicio de actividad de la banda terrorista ETA: 157.417 personas entre los años 1980 y 2000. La diáspora forzosa vasca se calcula en los últimos 25 años en 383.700 personas, 119.000 de ellas durante el Gobierno de Juan José Ibarretxe. Muchos eran ciudadanos anónimos, que, aterrados por amenazas y extorsiones, tuvieron que seguir camuflándose lejos de su tierra. También los hubo conocidos, como el escultor  Agustín Ibarrola,  el antropólogo Mikel Azurmendi, el cantautor Imanol Larzabal y el historiador Txema Portillo, entre otros, que abandonaron su tierra.

Un exilio comparable al del pueblo saharaui

Algunos observadores políticos, como el periodista y escritor Francisco Rubiales, asesor de la ONU, compara el exilio vasco con el de otras comunidades como los pueblos saharaui y palestino: “El de los vascos es un éxodo de magnitud suficiente para haber provocado la reacción de Naciones Unidas, del Tribunal de la Haya y de las numerosas instituciones y ONGs que dedican su esfuerzo en el mundo a la defensa de los derechos humanos. Pero el drama vasco, por causa de las miserias de la política española, está cuidadosamente oculto bajo las alfombras del poder, con la complicidad de los medios de comunicación y hasta de la Iglesia Católica, cuya implicación en esa tragedia humana es notable”.

 No todos se fueron al exilio, hubo gente que aceptó la extorsión y otros que plantaron cara a los terroristas. Juan Alcorta, un empresario emprendedor y dinámico -creador de Bodegas Juan Alcorta, Vinos Savin, Aceites Koipe, Banco Industrial de Guipúzcoa-, se negó a marcharse cuando ETA le pidió 20 millones de pesetas, en 1980. Se plantó y no pagó: “Sé que con esta decisión puedo poner en peligro los años que me puedan quedar de vida, pero hay algo en mi conciencia, en mi manera de ser, por la que prefiero cualquier cosa que ceder a un chantaje que está destruyendo mi tierra…los vascos no somos cobardes”, dijo Alcorta en una carta abierta, que recibió en exclusiva a la revista Cambio16, el medio más influyente de aquella época, cuyo enviado especial era este cronista.

“No pagar, no negociar y seguir viviendo aquí”

En un restaurante de San Sebastián decía que ETA le acusaba de ser un burgués. “Así será si ETA lo dice -respondía- pero me extraña que saquen la conclusión de que debo purgar ese delito dándoles el dinero a ellos“. Al hombre se le planteaban cuatro opciones vitales: pagar, negociar con ETA, marcharse de Euskadi, y no pagar. “No pagar, no negociar y seguir viviendo aquí, poco o mucho, no lo sé“, decía… “Seguiré viviendo como he vivido siempre. Me veréis en las empresas de las que soy responsable. Me veréis en Atocha, aplaudiendo a la Real. Me veréis en algún partido de pelota. Me veréis en alguna sociedad popular cenando (…). Así pues, no tendréis necesidad de buscarme” declaró valiente. Contó también a este cronista el vacío que encontró en el PNV. El presidente Adolfo Suárez y el ministro del Interior, Juan José Rosón, sí le apoyaron.

 

En aquella comida con Juan Alcorta acudió otro empresario del acero -entonces- y del vino, después, Luis Olarra, al que también ETA le había pedido millones para sus arcas. Hasta se reía de los terroristas, a los que, por supuesto no pagaba ni un duro.  Que vengan, si tienen cojones”, decía, y reconoció que tenía dinero en un banco suizo con unos 800 nombres de etarras y familiares por si algo le sucedía a él o a su entorno, con destino a la Mafia de Marsella para que obrara en consecuencia.   “Es una canallada -decía Olarra animando al valiente Alcorta-, que se financien de esa manera los asesinatos de tantas personas“, decía. ETA nunca le tocó, por si las moscas.

Además del olvido a los que se fueron a la fuerza, sobre la intervención solemne del lehendakari López en el II Día de la Memoria planeó el comunicado reciente de ETA: En Euskadi -dijo- estamos cerrando para siempre un largo ciclo de violencias y queremos y tenemos que convertir la memoria de las víctimas en un principio moral constitutivo de un futuro de convivencia libre de la amenaza del totalitarismo, de la violencia y de las vulneraciones de derechos humanos“.

Asesinar, sinónimo de conflicto

De haber vivido Pero Grullo -hay documentos que prueban su existencia allá por el 1.200 y Quevedo cita sus hazañas, las perogrulladas, siglos después-, se habría forrado con los derechos de autor. ¿Quién con el mínimo sentido común no se alegra de que los asesinos no maten? El sonado comunicado de la banda terrorista ETA anunciando el final del uso de las armas, fue saludado por los políticos y por la mayoría de la opinión pública como un regalo de los tiempos: el final de la dictadura del terror, derrota del totalitarismo, la noticia más esperada…Todos coincidían en ese voluntarismo, todos menos la mayoría de las españoles -según las encuestas-, y las víctimas de los terroristas, que están tajantemente en contra de las cesiones a ETA que plantea el comunicado. Porque el papel tiene sus exigencias -no sólo se anuncia que descansan de matar-, entre ellas “ el reconocimiento de Euskal Herría y el respeto a la voluntad popular”; es decir, más o menos el famoso Plan Ibarretxe, rechazado en el Congreso, la independencia, como también viene replanteando, en estos días, el presidente del PNV Iñigo Urkullu a Zapatero y a Rajoy. Otras exigencias etarras “para la resolución del conflicto” -asesinar es para ellos sinónimo de “conflicto”-, es la excarcelación de sus presos.  

Lejos parecen las exigencias del sentido común: Entrega de todas las armas y zulos; entrega de todos los etarras a la Justicia, cumplimiento de las penas como cualquier delincuente, sin revisión, indemnización económica a los familiares de las víctimas y dimisión o cárcel para aquellos que ocupen cargos políticos y estén relacionados con banda armada. Los pasos que se están dando van en la dirección de las exigencias etarras: el PNV, que gobierna en Euskadi con ayuda del PP, pide la abolición de la Ley de Partidos, que facilitará muchas cosas a los abertzales radicales.

Una oficina para los etarras deportados

El Gobierno de Patxi López aboga también por crear oficinas de reinserción de etarras. ¿También de colocación? De hecho, ya tiene ultimada la oficina que organizará el regreso y la reinserción de los deportados o de los huidos de ETA que quieran volver al País Vasco, muchos de los cuales ya se han puesto en contacto con los responsables de esta oficina. Según el ministerio del Interior, son 114 miembros de ETA huidos por Europa, América y África, además de otras 240 personas, en su mayoría presuntos colaboradores o simpatizantes de ETA que escaparon al extranjero por temor a ser detenidos o por la sospecha de que las Fuerzas de Seguridad seguían sus pasos.

También Patxi López  ha dispuesto una subvención de un millón de euros para indemnizar a aquellos que pudieran haber recibido algún cachiporrazo de la Erzaintza en alguna manifestación ilegal o quemando coches y cajeros. En el colmo de los despropósitos, el Gobierno Vasco ha concedido el Premio Literario Euskadi 2011, en la modalidad de ensayo, dotado con 18.000, a Joseba Sarrionandia, miembro de ETA, huido desde 1985, que “no se ha retractado nunca de su militancia“.

El Gobierno de Zapatero, por su parte, ha destinado una partida de 35.000 euros a un proyecto que estudia cómo puede encarar el Derecho Penal el final de ETA , proponiendo conceder a los condenados por terrorismo el mismo trato que reciben los presos comunes con el fin de favorecer un clima de paz social”.

Sebastián Moreno