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Los utiliza como guantes

Los leotardos de la Princesa Kalina

Diciembre 14, 2009

El pasado fin de semana se celebró la sexta edición de la temporada anual de Tan Tan, llevada a cabo por Kitín Muñoz, que estuvo acompañado por su mujer la Princesa Kalina.

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El pasado fin de semana, la ciudad de Tan-Tan (Sáhara marroquí) se vistió de gala para celebrar una de las fiestas anuales más importantes de los últimos tiempos, y declarada patrimonio de la humanidad. La periodista Marisol Piñero, de brillante trayectoria profesional, fue la encargada de organizar la sexta edición de la temporada anual de Tan-Tan, bajo el patrocinio de el Rey Mohamed VI, y bajo el lema: “El patrimonio cultural inmaterial como palanca para el desarrollo sostenible”. Los convidados fuimos trasladados a un campamento de jaimas en las que pasamos dos noches, a pesar de la lluvia torrencial que pudo haberlo destrozado todo, y secundados por Kitín Muñoz, artífice admirable de todo cuanto ocurrió.

Tamaño acontecimiento se ha convertido en un encuentro anual de todas las tribus saharauis de Marruecos, gracias, entre otras cosas, al alto patrocino real y a la importancia concedida por su Majestad a la cultura como palanca al desarrollo y como un puente de comunicación entre pueblos y otros tipos de vida. En este importante evento, mediante el cual la población de los territorios saharauis conmemora su historia para relacionar su pasado histórico con su presente glorioso, constituye una oportunidad inimaginable para expresar el compromiso adquirido con la marroquinería y la integridad territorial. No cabe duda de que además también sirve para mostrar la evidente apertura sobre el ambiente exterior, siguiendo el desarrollo internacional y participar en los esfuerzos de evolución que, en estos momentos, vive toda esa zona.

 


Kitín no estuvo solo. A su lado estuvo la Princesa Kalina que, si por algo destacó fue por su maravillosa excentricidad. En las distancias cortas agrada esa imperturbable locura con la que consigue llamar la atención. Ríe de forma singular, viste con ropajes estridentes y luce una cabellera con corte desigual. Es una loca divertida, que enamora con su sencillez e irreverencia. Además, es una gran confeccionista. Al menos es lo que me demostró durante la cena que pude compartir en su misma mesa. Chirrió que, para proteger sus blanquecinas manos del frío cuasi polar del Sáhara, la aristócrata se plantara unos leotardos cortados a la altura de los dedos y cuya goma elástica se fijaba cerca del codo: “Me aburro poniéndomelos en las piernas, así que como además estos eran muy llamativos he decidido cortarlos y ponérmelos en los brazos. Uso los leotardos como complemento, pero no en las piernas.Además, muchas veces también se los pongo a los perros, es muy divertido”, me confesó entre risa y sonrisa. De lo que no cabe duda es que Kalina está aclimatándose a vivir lejos de la civilización. Reconoce que su vida allí no es tan fácil como algunos imaginan, pero tampoco esconde que, de uvas a peras, se concede algunos caprichos: “Hoy, por ejemplo, he estado toda la tarde de compras por ahí”. Eso sí, hay algo que a la hija del Rey Simeón de Bulgaria empieza a cansarle de su estancia en Marruecos: “me agota que los de las tribus se pasen el día cantando. Hoy estaba en mi casa y, de repente, parecía que me estaban cantando, pero no, era mi imaginación”, me dijo algo asombrada.
 
Lejos de su imagen díscola -que recuerda a la que Estefanía de Mónaco proyectó durante su semi-adolescencia- Kalina es una mujer felizmente enamorada. La mirada lo dice todo. Sus grandes ojos negros se clavaban a cada instante en los de Kitín. Ella lo adora por encima de todo, quizás por eso es capaz de convivir con el espíritu aventurero de su marido: “Es muy duro, pero poco a poco me voy acomodando”. Él, no obstante, reconoce que su vida “no es nada fácil” y que para seguirle, se necesita “valor, cariño y un punto de excentricidad”. Kitín es otro loco divertido. Un auténtico explorador que, año tras año, consigue embobar a todo aquel que consigue conocerlo. Es guapo, alto, de hechuras armoniosas y todo un padrazo. Me gustó observar cómo se desvivía por su hijo Simeoncito: “No es que yo sea su padre, pero es que está para comérselo”, me dijo algo turbado. Y no era mentira. El niño es todo un caballero. Parece que se lo ha tragado un anciano. Vestido con el traje que la maravillosa e incomparable Marilé Zaera, una de las más grandes amigas de Muñoz y codiciada organizadora de eventos sociales, el pequeño no se inmutó ante el gran tumulto que le sobrevino. Sus padres dicen que, por alguna extraña razón, Siméon nunca se alarmó ante la presencia de personas ajenas a su familia: “Es el niño más tranquilo que jamás he podido conocer”. Puede que no sea el último, porque el aventurero y la aristócrata no descartan ampliar la familia: “Poco a poco veremos qué pasa, pero no está descartado, eso por supuesto”. Sería estupendo recibir la noticia del embarazo justo cuando se celebre, el año próximo, la séptima edición del Musén de Tan-Tan.
 
Por Saúl Ortiz (saul@extraconfidencial.com)