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Los hijos de Miguel Boyer denuncian que Isabel Preysler vació las millonarias cuentas de su padre antes de su muerte

Abril 6, 2016
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La guerra entre los dos hijos del primer matrimonio del ex ministro socialista Miguel Boyer Salvador, Laura y Miguel Boyer Arnedo, y la segunda mujer de su padre, Isabel Preysler Arrastia, lleva varios meses soterradamente en silencio con el fin de llegar a un acuerdo que finalmente no se ha alcanzado antes de emprender acciones jurídicas. Por eso, ahora ya han comenzado las hostilidades judiciales. Fue prácticamente a los pocos meses de la muerte de Miguel Boyer, el 29 de septiembre de 2014, cuando comenzó la guerra por la testamentaría del superministro de Economía de Felipe González. Han sido varias las reuniones mantenidas por Laura y Miguel con su madrastra, Isabel Preysler, para llegar a un acuerdo de cómo repartir la herencia dejada por su padre, sin fructificar ninguna. Reuniones algunas donde acababan sin hablarse, sobre todo con Miguel, el varón, que nunca ha tenido a bien la figura de Isabel Preysler, a la que culpa de interferir en sus vidas. Reuniones en las que Miguel llegaba en su destartalado coche, cosa que no gustaba a la filipina.

El jefe de investigación de Extraconfidencial.com, Juan Luis Galiacho, tuvo conocimiento de estas discrepancias hace ya meses, tras la publicación de su libro “Isabel y Miguel” (editado por la Esfera de los Libros). Informaciones que poseía tras reunirse con Laura Boyer, pero por la ética periodística de mantener entonces el silencio exigido predominó la ausencia y nada se publicó. En esas reuniones Laura Boyer comunicó a Juan Luis Galiacho que, cuando murió su padre, encontraron que las cuentas bancarias estaban vacías y que no había un solo euro en ellas, a pesar de los millonarios sueldos que percibió en vida su padre.

Una rehabilitación muy costosa

Según Isabel Preysler, todo se lo había gastado, en teoría, en el tratamiento que Boyer tenía que realizar cada día tras su ictus cerebral. A su salida de la Clínica Ruber todos sus amigos y médicos coincidieron en que su recuperación sería larga, dura y de resultados inciertos. El hogar funcionaba como un Hospital ambulante, desde la mañana a la noche. Una de sus alas quedó en exclusiva para la rehabilitación del enfermo. Le asistían dos fisioterapeutas permanentes, uno de mañana y otro de tarde. Un día a la semana, casi siempre los martes, hacía ejercicios de natación en la piscina cubierta de la casa, que además tiene otra piscina exterior. También le asistían en su recuperación neurólogos, neuropsicólogos, fisioterapeutas y logopedas. Y todo ello porque el enfermo seguía teniendo grandes dificultades para hablar y escribir, así como en la movilidad de brazo y pierna derechos, el lado del cuerpo que resultó más afectado por el derrame.

El ex ministro se sometía cada día a una intensa rehabilitación, desde las nueve de la mañana hasta media tarde. Las sesiones de ejercicios físicos duraban entre cinco y diez minutos con varias repeticiones a lo largo de cada sesión. Sólo descansaba el domingo. El coste total de los diferentes tratamientos era elevado, y más en el caso de quien utiliza recursos privados. Según fuentes del sector consultadas por este autor, el precio puede oscilar desde  los 300 a los 1.500 euros mensuales por dos horas a la semana. Y aquellos pacientes que prefieren realizarlos en su domicilio pueden llegar a pagar más de 3.000 euros al mes, como es el caso de Boyer.

Joyas, libros y cuadros en poder de Isabel

También Laura Boyer comunicó a nuestro jefe de investigación lo publicado esta semana por Ok Diario, que en poder de Isabel Preysler seguían valiosos enseres y joyas de la madre de Miguel Boyer, Carlota Salvador, así como la excelsa colección de libros que Boyer tenía en la mansión de Puerta de Hierro, conocida como Villa Meona por su cantidad de cuartos de baño, como distintas obras de arte, que la filipina disfrutaba. Y que esta se negaba a hacer un inventario del legado.

Solo basta con ver las fotografías publicadas de la biblioteca que tenía Miguel Boyer en Puerta de Hierro para determinar el volumen y el valor de los libros que poseía el ex ministro socialista. Boyer disponía de una magnífica Biblioteca (de 65 metros cuadrados), repleta de libros de física, filosofía de la ciencia, historia antigua y biografías de todos los presidentes americanos, por los que sentía verdadera curiosidad.

También procedente del legado familiar, por parte de madre, tenía numerosas obras de arte de Sorolla, Sotomayor y Villegas, entre otros. La propia Isabel Preysler se ha fotografiado en varias ocasiones ante los cuadros que Miguel Boyer tenía en esas paredes de Puerta de Hierro, como la pintura de Álvarez de Sotomayor, en el que aparece la madre de Miguel, Carlota Salvador Saínz de Vicuña Camino.

Esculturas y enseres de la madre de Boyer

Así mismo, Laura Boyer contó a este periodista que entre ellas figuraban mantelerías, juegos de cubertería, y todo tipo de enseres de valor histórico de Carlota Salvador, además de una importante obra del escultor Mariano Benlliure de un busto -no de su abuelo como se ha publicado-, sino del bisabuelo de Miguel Boyer, Amós Salvador, que era un personaje muy estimado en su tierra natal Logroño, donde adquirió la condecoración de hijo predilecto en 1888, al dejar en su ciudad multitud de obras públicas y donde adquirió la condición de diputado a Cortes y senador vitalicio. Ocupó la cartera ministerial de varios departamentos durante seis ocasiones, bajo los Gobiernos de Sagasta, Moret, Canalejas y Romanones. Por ejemplo, las de Agricultura, Fomento, Instrucción Pública y Bellas Artes, y en dos ocasiones la de Hacienda (1884 y 1905-1906), una cartera que luego con el paso de los años volvería a ocupar su biznieto Miguel.

Ha transcurrido ya un año y medio  desde la muerte de Miguel Boyer, y sus hijos Laura y Miguel Boyer Arnedo ni siquiera han podido acceder a un inventario global de los bienes de su padre. Ni Isabel Preysler ha dejado pasar a nadie a su mansión para que haga un listado oficial, como ya le han solicitado judicialmente. Y siempre la filipina asesorada por su amiga y abogada, la ex juez Purificación Pujol Capilla, curiosamente la autora del libro “Un divorcio elegante o cómo desenamorarse con estilo”, donde la propia Preysler firmaba un ilegible prólogo.

Este es el verdadero inventario que los hijos de Boyer requieren que haga Isabel Preysler, que desde el fallecimiento de su tercer marido nada ha materializado, ni nada ha repartido. Eso sí, en ningún momento de las negociaciones se habló de la mansión de Puerta de Hierro, a pesar de lo que se ha publicado, ya que esa propiedad inmobiliaria pertenece únicamente a Isabel Preysler.

Villa Meona, a nombre de Isabel

La parcela, de 5.045 metros cuadrados, con dos entradas, era propiedad del naviero y ex presidente de la Cámara de Comercio de Madrid, Fernando Fernández Tapias, más conocido por Fefé. Por esta parcela también estuvo muy interesada Carmen Tita Cervera. Sin embargo, Isabel se adelantó a la baronesa Thyssen dando un anticipo de 20 millones de pesetas al contado. El naviero había comprado en su día el terreno, con casa incluida, al dueño de la firma de electrodomésticos Kelvinator, Pedro Olazábal Echeandía, y a su esposa, Rosa Araco. El chalé, que había sido construido hacía sólo quince años, tenía 1.440 metros cuadrados distribuidos en tres pisos, buhardilla, ascensor, sauna, piscina climatizada y todo su interior recubierto de madera. Pero a Isabel no le servía. Por orden directa suya, este chalé fue derruido a los pocos días de adquirir la parcela.

La nueva mansión fue escriturada únicamente a nombre de Isabel Preysler Arrastia en julio de 1988. Se da la circunstancia que Boyer no tenía ni una sola propiedad inscrita a su nombre en el Registro de la Propiedad de Madrid, según nota oficial, por eso sus hijos no puede ir contra Preysler en cuestiones registrales de propiedades. El precio de la casa se escrituró en 95 millones de pesetas, aunque el valor de mercado superaba con creces los 200 millones. Sobre ella pesaba además una hipoteca del Banco Central de 180 millones, por lo que todo indica que se escrituró por debajo de su valor real. Según las investigaciones del autor, el precio que de verdad pagó Isabel Preysler fue el real de mercado y no el escriturado, ya que de ser así hubiera pagado sólo la cifra de 18.830 pesetas el metro cuadrado, una cantidad irrisoria para la zona de Puerta de Hierro. Además, la finca había sido tasada por los técnicos del Banco Central en 253 millones de pesetas. Todo este cúmulo de irregularidades dio lugar a que la Delegación de Hacienda de Madrid le reclamara el pago de un impuesto de 5.100.000 pesetas en concepto de liquidación complementaria. En concreto, fue el departamento de Transacciones Patrimoniales quien abrió diligencias por esta supuesta irregularidad fiscal.

Con el permiso del Ayuntamiento de Madrid, entonces liderado por el conservador José María Álvarez del Manzano, Isabel Preysler edificó una mansión de casi 2.000 metros cuadrados repleta de lujo y comodidades, cuyo valor de construcción superaba también los 200 millones de pesetas. En cualquiera de las estancias nobles de la casa Preysler cabía una vivienda completa de muchas familias de la clase media española. El proyecto fue obra de un primo del ex ministro, el arquitecto Carlos Boyer Monsalve, y fue materializado por la constructora Fersa, que presidía el empresario de origen vasco Fernando Ortiz-Echagüe Laffita. La mansión de estilo neoclásico, con dos plantas más sótano y garaje, con techos altos (hasta de 3,8 metros de altura), tejados azules y paredes exteriores color salmón, cuenta con un amplio jardín, árboles, piscina exterior, canchas de paddle, frontón, piscina climatizada (de nueve por cuatro metros), varias chimeneas, ascensor, montaplatos, gimnasio, bodega…No se escatimaron medios en la decoración (unos cien millones de pesetas), ni en el mantenimiento de la finca (dicen que el gasto mensual no baja de los veinte mil euros). Este es el dinero, que ahora dicen los hijos de Miguel Boyer, que Isabel utilizó de su padre para pagar todos los gastos complementarios no reflejados en ninguna contabilidad oficial.

El millonario Boyer

A pesar de lo publicado por Ok Diario, en palabras de Preysler, quien afirma que “no hay nada que repartir, Miguel vino sólo con una maleta”. Eso no es verdad. Miguel Boyer tenía ingresos millonarios. Fue a comienzos de 1993, coincidiendo con el inicio oficial de la crisis económica, propiciada por la Guerra del Golfo, cuando Boyer empezó a tener desavenencias con las hermanas Koplowitz, sus entonces jefas, quedando relegado en un puesto de asesor áulico internacional en la división de construcción, sin función ejecutiva alguna. Dos años más tarde decidió abandonar este Grupo empresarial, percibiendo por ello una importante indemnización de las hermanas Koplowitz: veinticuatro meses por año trabajado.

En julio de 1999 fue nombrado por el Gobierno de José María Aznar presidente de la Compañía Logística de Hidrocarburos (CLH), la antigua Campsa, del grupo petrolero Repsol-YPF, que presidía su gran amigo, Alfonso Cortina de Alcocer, al que conocía desde sus tiempos en FCC, ya que era hermano de uno de sus ex jefes de entonces, los Albertos, en concreto de Alberto Cortina. Durante esos años los ingresos en la unidad familiar continuaron siendo bastante elevados. Además, la amistad entre los Boyer y los Aznar iba in crescendo, tanto que Isabel y Miguel figuraron entre los ilustres invitados a la famosa boda de la hija de Aznar, Anita, con el intermediario Alejandro Agag Longo. Tan sólo dos meses después de esta boda, Boyer era nombrado uno de los 48 patronos de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), el juguete “de corte liberal” que creó por entonces el ex presidente de Gobierno José María Aznar. En tal condición debía asistir dos veces al año a las reuniones, aunque desde FAES decían que no percibía retribución económica alguna. No obstante, esto le permitió estar vinculado a uno de los centros de decisión y de mayor influencia en la esfera pública española. Allí estuvo ocho años, hasta diciembre de 2010.

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Laura Boyer junto a Tamara Falcó

Antes, en abril de 2005, coincidiendo con la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero en su primera legislatura, fue obligado a abandonar la presidencia de la Compañía Logística de Hidrocarburos (CLH), donde había sido mantenido por la familia Cortina y por el entonces vicepresidente del Gobierno del PP, Rodrigo Rato. Meses después volvió a tontear con el PSOE. Su personalidad poliédrica y su cambiante trayectoria económica y política hacían acto de presencia otra vez. Comenzó a defender con vehemencia algunas posiciones del entonces presidente del Gobierno, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, quien lo puso al frente de la Comisión Asesora de Competitividad y le abrió las puertas en Red Eléctrica Española (REE), una empresa participada por el Estado a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). El 14 de abril de 2010 entró por cuatro años como consejero independiente de esta empresa propietaria de la red de alta tensión en España. Su remuneración económica volvía a ser alta. Sólo en el ejercicio de 2012, durante el que sufrió en febrero el infarto cerebral y por tanto no asistió a las reuniones, fue de 153.000 euros.

Su último trabajo

Pero Boyer nunca ha querido ser un parado de lujo a pesar de tener asegurada una jubilación dorada por los ingresos que básicamente venían de sus fondos de inversión, de sus trabajos puntuales de asesoría económica a instituciones financieras y de sus múltiples conferencias, ya que formaba parte del catálogo de conferenciantes de los agentes Thinking Heads. Por eso, tras abandonar la presidencia de la Compañía Logística de Hidrocarburos (CLH), volvió a encontrar trabajo a sus 67 años. Fue fichado por el constructor malagueño José Ramón Carabante de la Plaza, quien consideró a Boyer como la persona más adecuada para rentabilizar financieramente sus cuantiosos ingresos producidos por la especulación inmobiliaria en la costa española. Y lo puso al frente de su área financiera, situándolo en diciembre de 2006 al frente de la presidencia de su buque insignia de inversión, la Corporación Financiera Issos. Más tarde, los dos se aliaron para crear una sociedad conjunta de inversión en bolsa, denominada Inversiones Delos, cuyo objetivo final era invertir en los mercados de valores por entonces inseguros. El capital de la nueva sociedad lo desembolsó Carabante y Boyer pasó a ocupar el cargo de administrador único.

Como su relación era fluida y provechosa, el empresario malagueño decidió incorporarlo también a su nuevo equipo de Fórmula 1, el “Hispania Racing Team” (antes llamado Campos Meta). Boyer y Carabante idearon un consejo asesor para el “Hispania Racing Team” con influyentes personajes de la vida pública española, en el que figuraban nombres tan significativos como el empresario Fernando Fernández Tapias Fefe (quien había vendido a Isabel Preysler su casa de Puerta de Hierro), Alberto Cortina (el más joven de los Albertos, quien fue jefe de Boyer en Cartera Central), el propietario de Isolux Luis Delso (un amigo del PSOE), el empresario inmobiliario riojano Carlos Cutillas y el banquero José Luis Zanetty. Pero la aventura deportiva no duró mucho y se zanjó con graves problemas al acabar la temporada del 2011. Paralelamente, también lo introdujo en la sociedad Reyal Urbis como consejero, en representación de una de las empresas de su Grupo 2002 que poseía un porcentaje en esta conocida inmobiliaria que controlaba y presidía Rafael Santamaría, el gran amigo del socialista y ex ministro José Bono. Allí estuvo oficialmente como consejero hasta marzo de 2013, a pesar de que un año antes había sufrido una hemorragia cerebral que le dejó apartado de cualquier actividad profesional. Sin embargo, Carabante lo mantuvo allí dada la gran estima que le profesaba.

Una familia deshecha

La muerte de Miguel Boyer ha situado de nuevo en el primer plano de la actualidad a sus dos primeros hijos, fruto de su matrimonio con la ginecóloga Elena Arnedo, fallecida en septiembre de 2015. Laura y Miguel mantenían con él una relación fría aunque, tras el ictus sufrido por el ex ministro, había mejorado algo. Los dos tomaron claro partido por su madre y nunca perdonaron a Miguel Boyer la aparente falta de dedicación y apoyo hacia su primera familia. Laura nació el 13 de septiembre de 1965, justo veinte años antes de que su padre abandonara el hogar familiar para unirse de por vida a Isabel Preysler. Pasaron cuatro años para que naciera el segundo vástago, Miguel, que vino al mundo el 24 de marzo de 1969.

La separación del matrimonio Boyer-Arnedo trajo consecuencias serias para toda la familia, ya que supuso una dura experiencia que marcó el carácter rebelde de sus hijos. La popularidad del romance de su padre con la filipina fue siempre una pesadilla para la familia Boyer-Arnedo. Desde entonces la vida de Laura Boyer no ha sido fácil, a pesar de contar con una familia acomodada y brillante dentro de la izquierda española. Eso le llevo a abandonar muy pronto la carrera de Económicas y contraer, con tan sólo 21 años, matrimonio con un joven abogado, Luis Imedio Serrano. Este acoso hizo que Laura fijara su residencia en París, donde trabajaba su marido formando parte de los servicios jurídicos de un banco español. Con él tuvo muy pronto dos hijos, Gonzalo y Hugo. El prematuro nacimiento de Gonzalo convirtió en un joven abuelo a Miguel Boyer, que apenas veía a sus nietos.

Laura Boyer vivió durante un tiempo en Miami con su primer marido, aunque, tras su separación de Luis Imedio, regresó de nuevo a Madrid. Tras una etapa difícil en esos años noventa, con demasiados encuentros y desencuentros personales, se casó por segunda vez con Antonio González Armas, con quien tuvo gemelos (Amós y Antonio). Pero antes de que los niños cumplieran dos años, en el año 2004, el matrimonio se separó. Desde entonces, la hija mayor de Boyer dejó muestras de sus inquietudes en su blog denominado “Literatura y Vida”.

Mientras que su hermano Miguel Boyer Arnedo, un reconocido economista especialista en el cambio climático, ha escrito columnas de opinión en diferentes medios de comunicación como El Mundo y El País. Afirman sus amigos que es un joven sensible, pensativo y retraído, con un carácter de rebeldía muy similar al de su padre. Es un joven muy crítico con las estructuras gobernantes. Hoy tiene pareja sentimental y se dedica al arrendamiento de locales y pisos heredados de su familia materna.

Y dicen que es quien de verdad ha decido emprender acciones legales contra Isabel Preysler por el legado testamentario de su padre, hoy en poder y disfrute de la actual compañera sentimental del Nobel Vargas Llosa. Precisamente, Laura Boyer llamó hacia algunas fechas a Isabel, cuando todavía no se habían roto definitivamente las negociaciones, para felicitar a la filipina por su nueva relación con el escritor peruano, del que Laura guarda grandes referencias recibidas de su propio padre.

Juan Luis Galiacho

juanluisgaliacho@extraconfidencial.com

@jlgaliacho