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Los Gobiernos de Hugo Chavez y Nicolás Maduro patrocinaron, hasta este año, a su piloto venezolano Pastor Maldonado y sus equipos Williams y Lotus por un mínimo de 40 millones de euros al año

Febrero 4, 2016
maldonado chavez

La economía venezolana está “implosionando”. Así ha definido la situación del país Iberoamericano el director del FMI para América Latina. Pocos lugares hay en el mundo con una economía más caótica. Se calcula que en 2015 Venezuela ha cerrado con una caída del PIB del 10% que será del 8% para el 2016, con una inflación del 200% en 2015 y que alcanzará del 700 % este año. Todo ello ha llevado a que Nicolás Maduro declarara el estado de emergencia económica (no refrendado por la mayoría de la oposición en el Parlamento) y una escasez preocupante de bienes básicos, desde alimentos hasta medicinas. Todo ello con una economía que vive por y del petróleo y de la mano de la empresa pública que monopoliza el sector desde 1974, Petróleos de Venezuela (PDVSA). Venezuela vive del petróleo, es el 94% de sus aportaciones y por ello el caos económico generado por las gestión de Nicolás Maduro y de su predecesor Hugo Chávez,  unido al precio mínimo del barril está lastrando a la empresa pública, que se ha gastado millones de euros en patrocinios mientras que su país entraba en el caos más absoluto.

Pastor Maldonado no participará en el Campeonato del Mundo de Fórmula 1 de 2016. Lo anunció este lunes sin que causara una gran sorpresa a muchos, ya que el patrocinio para este ejercicio, pendía de un hilo. Todo ello no borra toda una rocambolesca historia, la de los patrocinios de PDVSA y la lluvia de millones que ha ido dejando.   La petrolera pública venezolana ha impulsado la carrera del piloto desde prácticamente sus inicios en monoplazas cuando aterrizó en 2003 en la Fórmula Renault italiana. Su familia es muy popular en su Maracay natal, donde manejan concesionarios de coches de varias marcas asiáticas y europeas, pero dar el salto a competiciones en el viejo continente requería un desembolso de tal volumen que sólo un gobierno o un patrocinador de gran calibre como PDVSA podía soportar. Pastor llegó en 2011 a la Fórmula 1 de la mano del equipo Williams tras haber ganado en GP2, escalón previo a la más alta categoría y paso casi obligado, que aprobó con nota. Como piloto es tremendamente rápido en un día acertado pero su concurso es poco constante, errático según algunos observadores, y ha sido superado por todos sus compañeros de formación durante cuatro de las cinco temporadas que ha disputado hasta hoy. Su índice de accidentalidad y monoplazas destrozados es anormalmente alto hasta el punto de que existía una página web que cuenta los días que han pasado desde su último accidente, Hasmaldonadocrashedtoday.com (¿Ha chocado Maldonado hoy?). La página ha estado activa hasta justamente este lunes, cuando Pastor Maldonado anunció su marcha. La red de redes, Internet, está repleta de memes, chistes y motes para uno de los protagonistas que más banderas rojas, safety cars y salidas de grúas ha disparado en los últimos años. A pesar de todo, el venezolano era enormemente popular en los circuitos, siempre presto a atender al que se lo solicite y nunca se oculta de los medios, sino que más bien sale a su encuentro bajo toda circunstancia. Maldonado tiene otras preocupaciones estos días. Desde el pasado 22 de diciembre falta de su domicilio su tío Rafael. El Grupo Antiextorsión y Secuestro de la policía de su país sigue la pista para dar con su paradero, y del que por el momento, no se sabe nada.

Un patrocinio contestado

El patrocinio de Pastor siempre ha sido muy contestado en Venezuela debido a la cuantiosa cifra que supone para las arcas de un país que tiene necesidades más perentorias. La oposición política, y especialmente el congresista Carlos Ramos, se ha encargado de batallar el alto coste de este escaparate internacional de la compañía. Tras el anuncio de abandono del patrocinio, el líder opositor Henrique Capriles no dudó en publicar este tuit que adjuntamos.

tuit-capriles

Esta disputa ha llegado hasta el punto de publicar en Internet el contrato entre ambas partes o las facturas abonadas a Williams, algo impensable y mal visto en el discreto mundo de la Fórmula 1. Gracias a estas filtraciones se sabe que en 2012 Williams recibió la cifra de 29,4 millones de libras (al cambio, unos 40 millones de euros) cifra que ronda esa cuantía cada temporada y que muchos piensan que ha ido incluso a más en fechas posteriores. Tras un año aciago 2013, Pastor decidió salir de Williams y se marchó a Lotus… con PDVSA en el bolsillo. Romper su contrato le costó a la petrolera cerca de 20 millones de euros como indemnización a los que habría que sumar el abono del patrocinio a su nueva escudería, Lotus. En 2014 Williams se equipó con los poderosos motores Mercedes y pasaron de recabar 5 puntos a 320. Lotus, aquejados de una fuerte crisis financiera interna a pesar de la aportación del piloto, pasaron de 315 puntos en 2013 a 10 en 2014 . Ciertamente no fue una jugada acertada.

Con el cambio de propiedad de Lotus, a sus directivos preocupaba en sobremanera no sólo la puntual llegada en los pagos de esta esponsorización sino que el equipo, (ahora de Renault, compañía en parte propiedad del gobierno francés) no se viera envuelto en ningún tipo de escándalo por el discutido origen de este dinero. Por ello dos de sus directivos viajaron a Caracas en fechas recientes a dejar claro todos estos detalles. Medios británicos apuntan a que los pagos más recientes no se han hecho efectivos y es por ello que el piloto danés Kevin Magnussen podría heredar el asiento del venezolano, ya que llega con dinero fresco de uno de sus patrocinadores, una empresa textil entre cuyas marcas se encuentra “Jack & Jones”. Los detalles y nombres se confirmarán muy probablemente el 3 de febrero, fecha en la que Renault tiene prevista su presentación en Paris; hasta entonces, especulaciones.

PDVSA, toda una historia de patrocinios y posibles “chanchullos”

PDVSA ha patrocinado a multitud de pilotos de carreras en la última década, pero de todos ellos el único que queda es Maldonado. Atrás quedaron otros como Ernesto José Viso, Rodolfo “Speedy” González, Johnny Cecotto Jr, Giancarlo Gato” Serenelli o Milka Duno. Viso fue uno de los primeros en ver su carrera impulsada por la petrolera. Perteneciente a una familia adinerada, poseían una casa en mitad de una selvática finca de la que sorprendía la ausencia de puertas y ventanas. Era tan grande el perímetro de seguridad que creaban guardias armados que en realidad no las necesitaban. En una ocasión llegaron a comprar un rancho en EEUU que había sido propiedad de la familia Kennedy. El dinero, legítimo y ganado con empresas relacionadas con el cristal no les faltaba, pero con el impulso de PDVSA Viso corrió por toda Europa. Disputó la Fórmula 3 inglesa, la GP2, vivió en Barcelona un tiempo y se trasladó finalmente a Norteamérica donde corrió en la Indy, categoría reina en el país de la Coca-Cola. Con el dinero de PDVSA compró su propio monoplaza, algo muy poco frecuente —se suelen alquilar— y montó una escudería a su alrededor. Su familia cayó en desgracia y la revolución bolivariana les expropió gran parte de sus propiedades. Viso, que llegó a ser probador de la efímera escudería Spyker —actuales Force India— según el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) se tomó su pequeña venganza personal y se le relacionó con algo que después se ha sabido era moneda común entre otros deportistas de élite, especialmente los adscritos a deportes de motor. Los naturales de Venezuela apenas pueden sacar dinero del país, poco más de un centenar de dólares, y en circunstancias muy especiales tienen un límite de 10.000 al año y bajo supervisión, pero este tipo de deportistas necesitan sacar mucho más para abonar las cuantiosas facturas a pagar que existen en el automovilismo.

La jugada consistía en que el gobierno permitía extraer del país el dinero de PDVSA para abonar los gastos deportivos de sus patrocinados, y en muchas ocasiones se usaba de manera fraudulenta o con facturas hinchadas, para retornar al país como divisa que se cambiaba en el mercado negro, donde automáticamente multiplicaba su valor. Cada vez que el dinero salía y entraba de nuevo en Venezuela, multiplicaba su cuantía; a más viajes, mayor beneficio. En el país latino existe un organismo gubernamental llamado CADIVI, que regula el cambio de moneda en el que el dólar americano tiene una presencia abrumadora, pero existe un potente mercado negro cambista. En este mercado incontrolado el valor del billete verde puede pagarse a más del doble del marcado oficialmente con respecto al Bolívar, la moneda local, y es por eso que todo el que aparezca con dólares frescos desde fuera del país puede enriquecerse rápidamente. Hay quien piensa que todo esto contaba con la bendición de algunos directivos y mandatarios locales que se llevaban su parte. En el caso de Viso las alarmas saltaron cuando se supo que había comprado en Miami una mansión valorada en más de 15 millones de dólares, una cifra muy superior a lo que le correspondería a su teórico beneficio como deportista. Existe un cálculo que apunta a que el piloto —que en su momento pidió una investigación al respecto para aclararlo todo— obtuvo un beneficio bruto del dinero aportado por PDVSA que podría alcanzar los 60 millones de dólares. A día de hoy Viso vive en Estados Unidos con su familia y desde que el asunto se hizo público en octubre de 2013 no se conoce que haya vuelto por Venezuela. Una de las últimas ocasiones en que se le vio en público en su país, precisamente acompañado de Hugo Chávez, fue en un espectáculo callejero protagonizado por Maldonado por las calles de Caracas a bordo de un Williams en verano de 2012. El coche, transportado por su escudería desde Inglaterra, acabó contra un bordillo y con su tren trasero inservible y el roadshow se quedó a medias.

Por todo ello el destino deportivo de Pastor Maldonado, el hasta esta semana único superviviente de los patrocinados por el petróleo venezolano, pendía de un hilo. No es que no quieran contar con él desde un punto de vista meramente deportivo, sino que las escuderías más potentes y que tienen sus presupuestos cerrados, ya tienen a sus pilotos, mientras que las más pequeñas y con ciertas dificultades en este plano no quieren un piloto ni bueno ni malo, sino con dinero. En su caso no se trata de evaluar su calidad, sino su posible aportación, porque si llega otro con una bolsa apetecible que ayude a cuadrar los presupuestos, es muy posible que le quite el puesto con relativa facilidad. PDVSA era la gallina de los huevos de oro para los corredores venezolanos, pero puede que se convierta en su tumba deportiva, de hecho así ha sido ya para varios que no pudieron encontrar un camino mejor.