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La idea es retornar a unos V8 que alcanzasen la cota mágica de los 1.000 caballos, más baratos, consumo no restringido, sin límite de revoluciones y con un valor reducido de la actual parte eléctrica

Los equipos de la Fórmula 1 se amotinan: Quieren más potencia y más dificultades para los pilotos

Abril 19, 2015

Al final de temporada, Red Bull podría hacer cuentas y calcular el dinero que esto les puede costar. Y la factura va a ser de orden mayor, decenas de millones de euros con toda seguridad


Los equipos de Fórmula 1 están en pie de guerra. Quieren cambiar las reglas porque las que hay no tienen contentos a casi nadie, tan sólo a Mercedes, que lideran ambos campeonatos, el de pilotos y el de constructores.

 

En 2014 llegaron no sólo nuevos motores, pretendidamente más ecológicos, más asociados a la realidad industrial y que pudieran llamar la atención de las marcas para que volvieran sus miradas hacia la F1, sino también nuevas formas de aplicación sobre el reglamento, más restrictivas con miras hacia los apabullantes gastos que conlleva el mantenimiento de estos ingenios tan avanzados. Lo que se ha conseguido de manera efectiva es que se consuman unos 80 litros menos por coche y carrera, lo que no va a cambiar la economía mundial, que se marche un motorista (Cosworth), y llegue otro (Honda), y crea un terrible quebradero de cabeza a los gestores de las formaciones.

Cada piloto puede utilizar tan sólo cuatro motores por temporada con la idea de forzar a los técnicos a estirar la vida útil de cada uno de ellos. Estos propulsores están tan “apretados”, trabajan tan al límite, y su tecnología es aún tan novedosa, que su durabilidad está cogida con pinzas. Si un piloto tuviera que utilizar más de cuatro de estos motores sí que podría usar un quinto, pero cada vez que instalasen uno nuevo, sufriría el retraso de diez posiciones en parrilla, hiciese lo que hiciese en la tanda clasificatoria.

Red Bull, hacia el abismo

Que le pregunten a Daniel Ricciardo, piloto de Red Bull, que en el GP de España usará su cuarto motor ¡y le quedan catorce carreras más! Su motor Renault padece problemas de diseño centrados en varias áreas, y la última parece ser la cabeza de los pistones. Aunque reparen este error de diseño, su temporada sufrirá de manera permanente dolorosos retrasos en parrilla de manera asegurada, dejándole sin posibilidad alguna -no ya de ganar carreras-, sino de alcanzar puestos de cierta prestancia, lejos de un cúmulo de puntos significativo y con ello de dinero en forma de premios a su equipo. Al final de temporada Red Bull podría hacer cuentas y calcular el dinero que esto les puede costar… y la factura va a ser de orden mayor, decenas de millones de euros con toda seguridad.

De forma tradicional, los equipos protestan todos los años por cuestiones “personalizadas”, pero en esta ocasión todos parecen estar de acuerdo siempre y cuando, a petición de Mercedes, se utilice el actual V6 como base de trabajo para posibles diseños futuros que se desean estén pisando el asfalto en 2017. La idea no es otra que retornar a unos V8 que alcanzasen la cota mágica de los 1.000 caballos, más baratos, turboalimentados como los actuales, consumo no restringido, sin límite de revoluciones (o con otro superior a las actuales 15.000) y con un valor reducido de la actual parte eléctrica. Esto último sigue siendo a día de hoy una tecnología extremadamente esotérica y que no todos manejan con maestría que no solo es costosa, sino que encarece y complica las operaciones habituales dentro del box. El tiempo de montaje y desmontaje de los actuales motores casi triplica al de los anteriores, más sencillos, y en una época en que la normativa restringe la presencia del número de mecánicos desplazados a cada Gran Premio resulta un problema añadido.

Una jugada económica-política sin efecto

Lo que se busca con el cambio, de cara a la competición, es abaratar el producto, añadir alicientes, tanto sonoros como en prestaciones, y hacer más compleja la conducción. Al llevar todo un poco más al límite, los que tengan mejores manos, deberían brillar más. Otros observadores más ácidos ven (vemos), que hay una lucha FOM-FIA por el poder. La FIA, Federación Internacional de Automovilismo impuso los actuales motores que no gustaban a casi nadie, la jugada económico-política apenas ha surtido efecto, y sin embargo la competición no ha ganado nada sino que se ha encarecido y sufre. Con esta jugada Ecclestone (FOM) utilizará a los equipos de ariete contra el poder político del que pone las reglas, Jean Todt, mandamás del ente regulador.

Los equipos, por su parte, están encantados porque la capacidad de decisión basculará más hacia ellos justo en el momento en que la F1 anda cambiando de manos y se atisban cambios mayores con el posible recambio de Ecclestone, que va camino de cumplir los 85 años. Todos quieren tomar posiciones para cuando la jubilación acabe atrapando a domador de los leones de este circo. 

José M. Zapico
@VirutasF1