Menú Portada
Mientras Andrea Casiraghi sigue la estela de los Grimaldi

Los duques de Palma descartan un lujoso piso en la Avenida de Pedralbes de Barcelona porque a Urdangarín las dos plazas de garaje le parecían pequeñas

Noviembre 18, 2012
pq__Inaki_Urdangarin_infanta_Cristina.jpg

Pareciera que la singular familia principesca de Mónaco nunca lograse conseguir, incluso a pesar suyo, acomodarse a los mínimos que a día de hoy exige la ortodoxia regia en el resto de monarquías reinantes de Europa. Quizá el hecho de nos ser parientes de sangre con el resto de los royals hace que ellos se sientan impulsados a conservar su atávica singularidad, siempre a caballo entre el casino, el desprestigiado Baile de la Rosa, las tramas propias del cine americano, y las páginas de la prensa rosa a la que sus vidas están íntimamente vinculadas. Ni siquiera el matrimonio de Carolina con Ernesto Augusto de Hannover, que por primera vez introdujo el Alteza Real en casa de los Grimaldi, ha conseguido salir adelante habiendo acabado en una separación de facto. Su hija Carlota, de quien dicen que se mostró muy antipática durante su reciente estancia en Madrid, mantiene una relación amorosa con el actor de origen marroquí God Elmaleh (compañero de reparto de la insigne Audrey Tautou), bastantes años mayor que ella.

¿Y qué decir de Alberto y Charlene, de boda irrecordable, que con frecuencia cada vez mayor viajan por separado? A fines de octubre pasaron unos días juntos en Nueva York para la entrega de los premios “Princesa Grace”, siguiendo después hacia Montreal para celebrar el aniversario del lujoso Hotel Ritz-Carlton. Desde entonces él ha marchado en solitario a Kazajistán para inaugurar una exposición sobre la recordada princesa Grace, y en días pasados se encontraba de visita oficial en Turquía mientras Charlene se desplazaba a su Sudáfrica natal para visitar algunos proyectos sociales que ayudan a huérfanos y niños con dificultades. Muchos medios de prensa hablan abiertamente de una posible depresión profunda de Charlene por no conseguir quedarse embarazada, hasta el punto de haber prohibido hablar sobre ese asunto tan espinoso en el entorno del palacio de los Grimaldi.

Una nueva irregularidad para los Mónaco

Así, y en esa misma línea de desaciertos, llega ahora el compromiso matrimonial de Andrea Casiraghi, previsto para el año próximo, cuando su prometida, la riquísima Tatiana Santo Domingo, ya será madre de su primer hijo. Una nueva irregularidad para los Mónaco, si bien se da el caso curioso de que al no ser Andrea oficialmente parte de la familia principesca, no gozando de título alguno, no está sujeto a las limitaciones que los estatutos de la familia principesca imponen a sus miembros a la hora de contraer matrimonio.

Nada parece importar, por tanto, este temprano embarazo que en otras monarquías habría sido a todas luces escandaloso puesto que los Grimaldi, largamente habituados a embarazos previos al matrimonio, pues ya en 1918 el entonces príncipe reinante, Luis II, tuvo que rescatar del olvido a su hija extramatrimonial, Carlota, para reconocerla oficialmente, concederle el ducado de Valentinois y poder, a través de ella, evitar la extinción de la familia y la llegada al trono de Mónaco de unos incómodos primos alemanes: los duques de Urach. Por otra parte, no hemos de despreciar la enorme fortuna ni los importantes contactos en las altas esferas de la familia Santo Domingo, pues el padre de la futura mamá es hijo de la segunda fortuna más importante de Colombia.

El desencanto de Urdangarín con las plazas de garaje

Y mientras Grimaldis y Casiraghis continúan con sus vidas de lujos, yates, fiestas, viajes y desfiles de moda por todo el mundo, en Barcelona los duques de Palma parecen continuar con su infructuosa búsqueda de una nueva casa de alquiler que les facilite el poder rentabilizar la enorme suma invertida en su polémico palacete adquirido en su momento a la señora Paz Villalonga. De hecho, nos cuentan que hace tan solo unas semanas Iñaki Urdangarin estuvo a punto de decidirse por un piso de grandes dimensiones situado en un bloque de vecinos situado en la parte baja de la señorial avenida de Pedralbes barcelonesa, a muy escasa distancia de las oficinas de La Caixa y del palacio real de Pedralbes.

Parece que todo estaba a punto, que ninguno de los vecinos había avanzado inconveniente alguno, pero que a última hora Iñaki Urdangarín se desencantó por encontrar que las dos plazas de parking asociadas al inmueble eran excesivamente pequeñas. Eso si, el portero peruano de la finca respiró aliviado pero no así la buena sociedad catalana cuyas críticas a la pareja continúan siendo feroces. Y todo ello cuando, paradójicamente, un bello brazalete de Cartier de la difunta reina Victoria Eugenia de España,subastado por Sotheby’s, ha alcanzado la astronómica e inesperada suma de 2,7 millones de euros demostrando con ello que la magia de la monarquía no se extingue y continúa siendo muy valorada, aunque solo sea en el recuerdo.

Ricardo Mateos