Menú Portada
La mujer del extesorero tiene chófer a pesar de vivir con 300 euros

Los Bárcenas, el forzudo Sergio y la Embajada del Perú

Abril 10, 2014
pq_928_barcenas_coche.jpg

El juicio por el asalto a la casa de Bárcenas, que celebró el jueves la Audiencia Provincial de Madrid, deja un reguero de anécdotas clavadas en la intrahistoria del caso del extesorero del PP. Pero también abre unos cuantos interrogantes sobre la situación del encarcelado y su familia. Enrique Olivares accedió al domicilio de Bárcenas disfrazado de cura el 23 de octubre pasado. Con gran habilidad social, se ganó la confianza de la familia, a la que dijo que acudía de parte del Obispado porque el juez Ruz quería excarcelar al padre. A los veinte minutos de conversación, sacó un revólver de su maletín, ató a Rosalía Iglesias, Guillermo Bárcenas y a la mujer que trabaja como empleada del hogar y comenzó a amenazarles con matarlos si no le daban unos supuestos pen-drive que servirían para derrocar al Gobierno.

El relato de Rosalía Iglesias habla de una situación límite, con mucha violencia, en la que los tres ocupantes de la casa temieron por su vida. “Creímos que era el final”, llegó a decir al tribunal. En el último momento, Willy Bárcenas logró soltarse de las bridas, dar un cabezazo a Olivares y forcejear con él hasta que la asistenta se hizo con el revólver y salió a la calle en busca de ayuda. El primero en acceder al domicilio fue Sergio, un hombre joven y muy fuerte que declaró en el juicio como testigo. El se encontró a Willy Bárcenas luchando en el suelo con Olivares. ¿Pero quién es Sergio? Quienes sigan el caso Bárcenas le recordarán como el chófer que conducía los vehículos de alquiler con los que el extesorero acudía a declarar a la Audiencia Nacional antes del 27 de junio, el día que Ruz decidió enviarlo a la cárcel de Soto del Real.

Con total libertad por la Audiencia Nacional

Durante la vista del pasado jueves, Sergio dijo conocer a la familia porque antes trabajaba en el Partido Popular, sin especificar de qué. Rosalía Iglesias, en su declaración, había dicho que “ayuda” a la familia. ¿A cambio de qué? Tampoco lo explicó Él, en su testimonio, aseguró que su mujer trabaja muy cerca del domicilio de los Bárcenas, en la calle Serrano, y que estaba allí cuando Iglesias salió a pedir socorro aún con las manos atadas desde la ventana de la casa.

El jueves pasado, Sergio pudo acceder al interior de la sede de la Audiencia Nacional en San Fernando de Henares, en una jornada en la que los policías nacionales tenían órdenes del comisario y el inspector jefe que dirigen la seguridad del Poder Judicial de no dejar pasar ni una a los periodistas. Y por no pasar ni una se entiende, hacerles dejar una y otra vez la acreditación en la puerta, no estar en el amplio hall del edificio, atravesarlo a paso ligero, no hablar con los abogados en la despejada entrada y la prohibición de permanecer en decenas de metros de acera próximos a la puerta.

Embajada del Perú

Mientras eso ocurría, Sergio entraba y salía, saludaba con familiaridad a los agentes y al terminar la declaración, aparcó un Alfa Romeo en la puerta, dentro del perímetro de seguridad vetado para los periodistas peatones. Allí esperó hasta que la imputada salió en compañía de su abogada, María Dolores Márquez de Prado, y ambas se introdujeron en el vehículo, cuya puerta abrió Sergio. Dentro, Rosalía Iglesias había vuelto a quejarse ante Ruz que con el bloqueo de cuentas impuesto no tiene más de 300 euros mensuales y que así no llega al día 31.

Y otro detalle más del juicio por el asalto del falso cura: Rosalía Iglesias reveló que para evitar a los periodistas que hacían guardia en la puerta de su casa tras el hallazgo de las primeras cuentas en Suiza a Bárcenas, utilizaba la embajada de Perú, anexa a su edificio. Según explicó la mujer del extesorero del PP, accedía a la embajada y salía por ella en secreto. Al principio dio a entender que saltaba por algún lugar vedado, pero luego insinuó que contaba con la connivencia del portero de su finca y de la sede diplomática. O sea, que Rosalía Iglesias evitaba a la prensa adentrándose en suelo peruano y regresando de inmediato a territorio español, directamente por la calle Serrano.

Pedro Águeda