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Lo que une a Donald Trump y Pablo Iglesias: La oposición al Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP)

Noviembre 7, 2016
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El rechazo a la liberalización comercial que pretende asegurar el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP), vuelve a evidenciar como los extremos se tocan y como ideas políticas aparentemente opuestas no lo son, lo contario. La oposición a este Tratado que se negocia entre Estados Unidos y la Unión Europea vuelve a dejar en evidencia el discurso coincidente de Donald Trump, candidato a la Presidencia de EE.UU., y Pablo Iglesias. Mientras que el primero incluye sus ataques en la campaña electoral, Podemos -que también coincide en su ataque con Marine Le Pen en el Parlamento Europeo-, convoca manifestaciones de protesta.

Aunque cuando Pablo Iglesias era eurodiputado faltó a una votación sobre el TTIP por quedarse dormido, la formación morada tiene claro que este tratado comercial debe ser uno de sus temas primordiales en la nueva legislatura en España y, por supuesto, en Europa.

Al otro lado del Atlántico, Donald Trump, que está haciendo temblar a las Bolsas estos días por tener serias posibilidades de ganar las Elecciones de la próxima semana, ha vertebrado su salto a la arena política alrededor de un discurso abiertamente opuesto al libre comercio.

Trump describe como “desastrosos” los acuerdos comerciales que ha suscrito su país en los últimos tiempos y cita como ejemplo el que firmaron Estados Unidos, Canadá y México en los años 90 (NAFTA). Su discurso proteccionista apuesta por retrasar la firma de pactos como el TTIP y tumbar el pacto de comercio transpacífico que el gobierno de Barack Obama viene negociando con líderes latinoamericanos y asiáticos.

A lo que aspira el TTIP y se oponen los dos extremos políticos

El TTIP se votó a principios de 2013 con el objetivo de relanzar el intercambio de bienes, servicios e inversiones entre Estados Unidos y la Unión Europea. El entonces Comisario de Comercio de la UE, Karel de Gutch, enfatizó la ambición del empeño: “Iremos más allá de lo que puede conseguir la Organización Mundial del Comercio” y apostó con cerrar el acuerdo en 2014. Se equivocó enormemente en las trabas que iba a encontrar y el tiempo de negociación.

Estados Unidos y la Unión Europea suman cerca del 60% del PIB mundial, un tercio del comercio internacional de bienes y servicios y 800 millones de consumidores. El TTIP llevaría a la “mayor zona de libre comercio del mundo”, en palabras del ex presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao Barroso. También, según cálculos previos, contribuiría a elevar el PIB anual en ambos bloques un 0,5% del PIB a los diez años de ponerse en marcha o a generar hasta dos millones de empleos en los países industrializados.

Frente a esta realidad se sitúa la oposición de extrema derecha y extrema izquierda, que todo lo que suene a globalización les crea sarpullido y sacan las más rancias posturas proteccionistas refugiándose en el amparo de los derechos de los trabajadores de sus naciones, sin que haya constancia de que vaya generar ninguna pérdida. Quizás deberían mirar hacia atrás, a las lecciones de la Historia y cómo el desarrollo del Comercio han sido el gran motor del cambio y de crecimiento entre los países.

¿Unidos podrían?