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Las tribulaciones de la Reina Isabel II de Inglaterra

Enero 16, 2011
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Tras años de dificultades y fuertes críticas a la monarquía, el año 2011 se anuncia lleno de acontecimientos para la Reina Isabel de Inglaterra que tan solo hace unas semanas ha sido bisabuela por primera vez con el nacimiento de Savannah Philipps, hija de su nieto Master Peter Phillips. El año va a estar marcado por las bodas de dos de sus nietos, dos ceremonias que tendrán perfiles muy distintos pero que han despertado un enorme interés no solamente entre el pueblo británico, sino también en el extranjero.

La primera y más importante, la del Príncipe Guillermo y Kate Middleton, que estará revestida de todo el esplendor de la monarquía británica y a la que numerosas personalidades ya han manifestado su deseo de ser invitadas. La segunda, la de Zara Phillips y el jugador de rugby Mike Tindall, que tendrá un perfil mucho más bajo y familiar. Pero ambos acontecimientos llevan aparejadas decisiones a tomar que generan no pocas tribulaciones en el ánimo de Su Graciosa Majestad, siempre reflexiva y prudente en su actuar.

Posible utilización política

Todavía a meses de distancia de ambos acontecimientos ya se está hablando de una posible utilización política, por parte del palacio de Buckingham, del nacimiento de la pequeña Savannah Philipps (número 12 en la sucesión al trono), ya que al ser su madre, Autumn Phillips, de origen canadiense este regio nacimiento pudiera acercar la institución monárquica al Canadá, que todavía es miembro de la Commonwealth y donde el republicanismo es creciente.

Entre tanto, la Reina ha tenido que aceptar la boda, todavía sin fecha, de su nieta Zara con Mike Tindall, que tiene a sus espaldas dos condenas por conducir ebrio y cuyas fotografías un tanto explosivas de tiempo atrás habrá preferido no ver. Así mismo, se ve enfrentada a la paradoja de que su nuevo nieto político, un jugador de rugby, tiene mayor rango social que su propia nieta, que es el número 13 en el orden de sucesión a la Corona, por haber sido condecorado por la propia Reina con la Orden del Imperio Británico.

Dudas “reales”

Pero lo que quizá tiene más atribulada a Isabel II es decidir qué tratamiento otorgará a su nieto Guillermo y a su futura esposa Kate. Históricamente, los hijos primogénitos de los Príncipes de Gales siempre recibieron algún Ducado de la Corona, ya fuese con anterioridad o en el momento de su matrimonio. De ahí que, en lógica continuidad, y teniendo en cuenta el amor por las tradiciones de la Corona británica, Guillermo tuviese que ser creado Duque como tercero en la línea de sucesión.

Pero la pregunta que muchos expertos en la materia se plantean es qué Ducado concederle dadas las connotaciones negativas que muchos de los más clásicos comportan. El Ducado de Windsor es impensable por evocar momentos terribles de un pasado todavía muy reciente para la Reina Isabel. El Ducado de Clarence aún está vinculado en el imaginario popular a aquel Duque de Clarence en quien muchos creyeron falsamente ver a Jack el destripador. El Ducado de Albany está teñido del nazismo militante de su último detentador (toda connotación nazi es anatema en la Familia Real británica). El Ducado de Cumberland está reclamado por el Príncipe Ernesto Augusto de Hannover. El Ducado de Connaught hace referencia geográfica a Irlanda y sería políticamente inconveniente. Y los Ducados de Kent y de Gloucester ya están ocupados por sendos primos hermanos de la Reina Isabel.

El Ducado, un puzle por resolver

Quedan así pocas opciones al imaginario de “Lilibeth” (como la Reina es llamada en familia), puesto que hasta el Ducado de Sussex tiene una sonoridad muy cercana al Condado de Wessex, que es el que la Reina confirió a su hijo el Príncipe Eduardo en el momento de su matrimonio.

Genealogistas y expertos aportan sus ideas y la mayoría de ellos parecen apuntar a que Guillermo pueda recibir finalmente el Ducado de Cambridge, un título inmaculado y exento de malas contaminaciones históricas. Entre tanto el Príncipe Guillermo ya ha declarado que él no tiene mayor deseo de recibir un Ducado y que se conforma con continuar siendo el Príncipe Guillermo y con que su esposa sea simplemente la Princesa Katherine.

Pero como la Monarquía británica, en su riqueza de formulismos, siempre encuentra la forma de resolver estas espinosas situaciones de rango y protocolo (véase el caso de Camilla convertida en Duquesa de Cornualles), no hay duda de que Isabel II sabrá resolver el puzle sin merma de las vistosas tradiciones seculares de la Monarquía británica. Las tribulaciones de la Reina Isabel II de Inglaterra.