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A la espera del próximo juicio

Las traiciones de Isabel Pantoja

Septiembre 13, 2010

No se puede negar que Isabel habla mal de sus “amistades” famosas. Se queja, de que viven de ella. De que sus puestos en televisión dependen de su “amistad”. En más de una ocasión me ha explicado cómo de traicionada se sentía cuando explicaba algo en confianza y acababa siendo radiado hasta la saciedad. Se cabrea, vocifera y maldice sin apenas ruborizarse.

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Sobre el escenario no tiene rival. Es artista por los cuatro costados. Emociona, enjuga sus lágrimas como nadie sabe hacerlo. Mueve la bata de cola con decencia, coraje y arbitrariedad. Isabel Pantoja empatiza con el público, consigue encandilar y mantener encendida. Es grande, inmensa, inconmensurable. No da puntada sin hilo. Arranca aplausos, vítores, desmayos y hasta llantos inconsolables. Su voz es portentosa, auténtica, limpia. Entona con firmeza y eriza la piel. Pero, al bajarse de las tablas, Pantoja se convierte en una mujer temerosa, triste, descangallá. Soberbia hasta el extremo, excesivamente preocupada y traicionera. Todos los que un día han estado a su lado, desaparecen. Huyen como alma que lleva el diablo. Y guardan malos recuerdos de su relación.
 
La última en hablar ha sido Pepi Valladares, mujer de Fosky, una de las personas que más cerca ha estado de la cantante. Entre otras cosas, Pepi no ha dudado en asegurar públicamente que Pantoja menospreciaba la amistad de la periodista Chelo García Cortés, lo que ha provocado un enérgico debate sobre la sinceridad de la cantante. Todos hablan y comentan, a pesar de que algunos lo hacen desde el desconocimiento y envenenamiento. No se puede negar que Isabel habla mal de sus “amistades” famosas. Se queja, de que viven de ella. De que sus puestos en televisión dependen de su “amistad”. En más de una ocasión me ha explicado cómo de traicionada se sentía cuando explicaba algo en confianza y acababa siendo radiado hasta la saciedad. Se cabrea, vocifera y maldice sin apenas ruborizarse. Y lo hace de forma consciente, quizás porque no se da cuenta de que si sus amigos están en televisión, no sólo es porque mantienen contacto con ella, sino porque tienen chispa, carisma y logran comunicar. Pantoja es así, voluble y tremendamente maleable. Resulta injusto y alarmante que la tonadillera arremeta en la intimidad contra esos que la sobreprotegen ante las cámaras. Es una de sus más grandes incongruencias, sobre todo porque son sus amigos televisivos los que consiguen, en ciertos momentos, que la audiencia se ponga en su lugar. Isabel no valora la amistad. No es consciente de lo importante que es una amiga de verdad, con la que no haya miedo ni extrañeza. Clama al cielo la forma que tiene al referirse a los que la quieren. Es como si los tuviera cerca, pero renegara de ellos por absoluta desconfianza. De hecho, no responde mensajes de texto y cuando llama por teléfono lo hace con identidad oculta. Para que nunca nadie pueda demostrar que ha existido esa llamada. O tal parece.
 
Las vacas compradas
 
Otro de los temas estrella estos días es el próximo juicio de la ‘Operación Malaya’ que dará el pistoletazo de salida el próximo veintisiete de septiembre. Sin embargo, habrá que esperar para ver sentada a la Pantoja y a Maite Zaldívar en el banquillo de los acusados. Todavía no hay fecha para la separata que les concierne directamente. No obstante, las informaciones sobre la supuesta implicación de Isabel en un delito blanqueo de capitales llegan a cuenta gotas. Me aseguran que, a pesar de que era Julián Muñoz el que llevaba la voz cantante, era una de las empresas de Isabel Pantoja la que, finalmente, pagaba las ya célebres compras de vacas. De esta forma se demostraría la influencia que tenía Pantoja en las decisiones comerciales del ex edil. Habrá que esperar a que se celebre el macro juicio para señalar y acusar. Hasta entonces, la presunción de inocencia debe prevalecer por encima de todo.
 
Por Saúl Ortiz