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Las tradiciones más curiosas para despedir el año alrededor del mundo

Diciembre 30, 2015
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Despedimos un año más y con ello casi todos lucirán sus mejores galas para la cena de nochevieja y las 12 uvas. Esa noche, los españoles consumen mayoritariamente esta dulce fruta en una costumbre propia (aunque se haya extendido a otros países hispanoamericanos) y bastante reciente. Se inició en Madrid, en los años finales del siglo XIX y muy pronto, en una década, ya se había ampliado a todo el país.

En otros puntos del globo también tienen costumbres muy arraigadas. Algunas también relativamente recientes, en otras, se desconoce su origen o derivan de tiempos muy lejanos. Sea de una forma u otra, estas son algunas de las tradiciones más curiosas del cambio del año.

El beso en Estados Unidos y Francia

Si nos centramos en tradiciones románticas, Estados Unidos es uno de los países que está a la cabeza. Allí no puede faltar el beso de medianoche. No se conoce con precisión el origen de este rito, pero hay explicaciones para todos los gustos. Lo importante es que para muchos norteamericanos no dar un beso justo cuando entra el nuevo año asegura 365 días de soledad. Según el Washington Times dos tercios de los habitantes de Estados Unidos esperan compartir el beso de Año Nuevo con alguien.

Pero no es el único país con esa tradición. En Francia se le llama la noche de San Silvestre, o también, Réveillon. Toda una multitud se agrupa alrededor de la Torre Eiffel para presenciar su gran iluminación para que a las 12 en punto los novios se den un beso bajo un muérdago.

Italia: trastos viejos y lentejas

Las lentejas para los italianos son símbolo de riqueza y dinero. Por ello un buen plato de lentejas no puede faltar en la mesa de Italia durante la cena de Nochevieja. Cuantas más se comen, más se gana. Una creencia que viene de lejos, puesto que los romanos regalaban a principio de año estas legumbres con la intención de que se convirtieran en monedas de oro que incrementaran su poder adquisitivo. Esta costumbre se complementa con otra, arraigada en algunas localidades del país transalpino. En ella, se tiran los trastos viejos por la ventana como símbolo del fin de una etapa.

De los platos a medio comer de Alemania a las vajillas al aire de Dinamarca

En Alemania, el protagonista de fin de año es también San Silvestre.  En su honor se queman castillos de madera para ahuyentar los malos espíritus. Pero una de las tradiciones más curiosas es dejar en el plato parte de la comida. Así se aseguran abundancia para el próximo año.

En la vecina Dinamarca tienen una costumbre bastante más desestresante. La tradición en el país nórdico es romper los platos tras la cena de Nochevieja. En concreto, la vajilla se estampaba contra la puerta de los seres queridos, que quedaban encantados con la acción puesto que representa cariño y buenos presagios para el año siguiente. Otra tradición consiste en saltar desde lo alto de una silla a las doce en punto buscando la buena suerte. Por ello, no es raro ver a grandes y pequeños encaramándose al mobiliario de sus casas para atraer todos los vaticinios positivos que les sea posible.

Las costumbres más antiguas en Escocia

“Hogmanay” es el nombre de la despedida escocesa del año plagada de costumbres ancestrales de la que no se conoce la procedencia exacta. Ni siquiera se tiene claro si el nombre tiene origen celta, normando o latino. Los lugareños prenden fuego a un barril y lo hacen rodar por las calles para dar paso al nuevo año. Además tienen la creencia de que el primero que pise la casa donde se va a tener la reunión de la última noche del año, es quien quien va a traer suerte todo el año que viene.

A todo esto se añade una cabalgata de luz, fuego y actores vestidos de vikingos (Torchlight Proccession), la exhibición de danzas “off kilter”, gaiteros, teatro callejero, fuegos artificiales…

Las 108 campanadas de Japón

En Japón también despiden el año con campanadas, pero muchas que doce. La tradición del “joya no kane” obliga a que durante la transición de Nochevieja a Año Nuevo se toquen hasta 108 veces las campanas de los templos budistas nipones. Con cada tañido del metal se esfuma uno de los 108 pecados que el ser humano tiene por defecto en la mente, evitando así caer en la tentación de llevarlos a cabo. Entre estos pecados estaría la ira, la envidia o el deseo.

Respecto a las costumbres gastronómicas, es muy típico comer “toshikoshi-soba” con la esperanza de que la fortuna de la familia se extienda tanto como este tipo de fideos largos.