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Las reglas y situaciones que van a provocar la transformación más grande de la historia de la Fórmula 1

Febrero 6, 2017
f1 portada

La revolución ya ha comenzado. La Fórmula 1 acaba de encender la mecha de un explosivo que la va a llevar a una dimensión distinta y en todo caso prometedora pero muy diferente a como la conocemos hoy. Una de las características básicas de la F1 es su enorme capacidad para digerir cambios grandes de manera rápida sin sufrir ni padecer, pero lo que se va a vivir en los próximos años va a sumar tantos como los vividos en las cuatro últimas décadas. La especialidad va a dar un vuelco absoluto en todos sus términos hasta el punto de que va a resultar irreconocible en la mayoría de sus aspectos. Fórmulas de gestión, ecuaciones empresariales, escenarios, número de carreras, impacto mediático e incluso la fisonomía interna de los coches va a cambiar de aquí a un año en el que se puede desatar el terremoto grande: 2020.

Dentro de tres años caducará el actual Pacto de la Concordia, suerte de contrato mercantil a través del que escuderías y organizador se comprometen a estar unidos, el reparto del dinero, y todas las connotaciones legales que emanan de su dependencia mutua; sin equipos no hay carreras, sin carreras no hay equipos. Los nuevos propietarios conocen perfectamente los pros y contras del actual concierto y quieren cambiarlo. El reparto del dinero entre las escuderías es poco equitativo y lejos de ser considerado justo crea diferencias de base, y rompe la proporcionalidad deportiva que un público joven e hiperconectado no comprende, pero cuestiona. Son estos, los aficionados del futuro, los que de manera paradójica van por delante de la Fórmula 1 a la hora de manejar tecnologías personalizadas de la comunicación.

Cambios en los derechos televisivos

La digitalización está alcanzando cotas en la sociedad inimaginables hace apenas un lustro y la F1 no puede quedar fuera de ello. No se trata ya de las redes sociales, o la emisión de las carreras a través de Internet, sino de algo más profundo. El tercer deporte más observado del globo tras olimpiadas y mundial de fútbol, y que obtiene un tercio de sus beneficios de las cadenas de televisión no puede eliminar de un plumazo esta plataforma de promoción. La F1 ha ido descendiendo su audiencia desde mediados de la década pasada a un ritmo alarmante en base a la pérdida de interés, y a la codificación del contenido a usuarios que han de pagar por ver las carreras. En un escenario en el que, por ejemplo, en España, las televisiones ingresan la mitad que hace una década volver a la anterior fórmula de poner anuncios para poder pagar los cada vez más caros derechos es poco menos que imposible. En el extremo opuesto están las plataformas digitales propietarias que ofrecen sus contenidos a cambio de cuotas como hace ya la NBA o MotoGP, de una forma similar a Spotify; sin un intermediario, se abona un pago mensual y se accede a todo, a voluntad, y en el momento en que se desee.

Es muy posible que antes de llegar ese estadio se pase por una rebaja en los derechos a cambio de eliminar ciertos contenidos como entrenamientos y pruebas, que pasarían a esta plataforma de abonados, mientras que las televisiones abran la señal, aunque sea de manera limitada, para ofrecer carreras de interés (Mónaco, Inglaterra, España, Bélgica, Italia y las americanas favorecidas por los horarios, por ejemplo) y retransmitan entrenamientos y otras carreras a sus abonados con idea de recuperar audiencia y con ello, mercado audiovisual.

Norteamérica y el papel de Liberty Media

América es la tierra de las oportunidades y siempre ha sido la piedra en el zapato de Bernie Ecclestone. Los Grandes Premios disputados allí, ya haya sido en aparcamientos de Las Vegas, auspiciados por JR, el malo de la teleserie “Dallas”, o protagonizado por seis coches con el resto aparcados en boxes nunca ha calado en el imaginario público yankee. La novedad es que nadie como los nuevos amos conocen este mercado del entretenimiento y los eventos deportivos, y gracias a su experiencia con su clientela habitual puede dar un vuelco.

liberty media f1
La llegada de Liberty Media a la Fórmula 1 conllevará grandes cambios

Se habla de al menos tres o puede que cuatro carreras más en el país de Donald Trump y si alguien puede hacerlo es precisamente Liberty Media. El mercado comercial más grande del mundo no puede ser un cero a la izquierda de un deporte que ha de mutar y transformarse, al menos exteriormente, para ofrecer algo realmente atractivo para el exigente público norteamericano. Eso conduce a un muy posible calendario de, con facilidad, veinticinco carreras con los problemas logísticos que ello conllevaría. No sería de extrañar que los equipos necesiten armar dos escuderías paralelas para atender un calendario más abultado.

Cambios en los motores

Hay más. En 2020 no sólo termina el actual Pacto de la Concordia, sino otro pacto: el del actual propulsor V6 de 1.600 centímetros cúbicos híbrido. A principios de la década Red Bull llegó como un estruendo con su dominio de la aerodinámica y el resto de formaciones junto con la FIA propusieron algo nuevo en la reglamentación que parase los pies a los austriacos. De acuerdo con el deseo de las autoridades europeas redujeron la cilindrada, con ello las emisiones de CO2 a la atmósfera y un lavado de cara medioambiental añadido de la categoría y sumaron la parte híbrida de la que los actuales propulsores extraen el 25% de la potencia de forma regenerativa. Cuando llegaron estos motores en 2014 Mercedes aterrizó con unos 850 caballos de potencia, pero se cree que este 2017 sus pilotos dispondrán en condiciones de carrera hasta 1.000. A este paso en 2020, fecha estimada del fin de la vida útil teórica de esta configuración, no es descabellado pensar que se podrían alcanzar los 1.200 a menos que se congele su desarrollo so pena de volver a imponer reglas que limiten la velocidad como cuando se rayaron los neumáticos para reducir el paso por curva.

Los equipos se gastarían una locura en desarrollo de sus ingenios para que luego tengan que sacar algún invento barato y que no puedan aprovechar sus prestaciones, toda una absurdez. El obvio siguiente paso sería recortar una loncha de sus actuales seis cilindros para que pasen a ser cuatro… a menos que las palabras vertidas esta semana por Toto Wolff se hagan realidad. El responsable y copropietario de Mercedes ha lanzado un, para muchos, inquietante mensaje: la Fórmula 1 baraja un horizonte que apunta a motores eléctricos a una década vista. Si el mercado está revolucionado en este sentido, y marcas no ya como Tesla, sino las propias presentes en el deporte como Mercedes, Renault, Fiat ( y Chrysler, Jeep o Dodge a través de Ferrari) ya están trabajando o vendiendo ya coches de este tipo, Así, la F1 mira con recelo a la Fórmula E, curiosamente propiedad de Liberty Media; no le temen, pero ven con cierta inquietud como sus eventos apenas ganan dinero pero tienen un eco mediático imparable.

Volkswagen en el horizonte

Hasta Volkswagen, marca que ha sido remisa desde hace décadas a introducirse en la Fórmula 1 ha hecho público por primera vez en años que se estaría pensando introducirse en ella a través de Wolfgang Dürheimer, presidente de Bentley y Bugatti. Tras el escándalo del Dieselgate, mostrar sus nuevos modelos eléctricos con este escaparate sería un paso lógico. A pesar del desastre comercial protagonizado por el gigante germano, especialmente en Estados Unidos, acaba de superar a Toyota como mayor fabricante del mundo y esto indica algo sencillo: va a tener mucho dinero, para investigación, para promocionar sus productos y para invertir en su publicidad.

Esto les va a encantar a los norteamericanos de Liberty, que quieren poner unas cuantas carreras más en el territorio donde más tienen que lavar su cara. La Fórmula 1 que viene no va a estar escrita por las reglas del deporte, sino la de los negocios, y para ser más concretos, los que rodean a los medios de comunicación. Esa va a ser la revolución, y luego la de los monoplazas irá detrás.

José M. Zapico

@VirutasF1