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Dejó claras sus intenciones en un mensaje digital a principios de temporada: "Comer, dormir, entrenar y correr. Y así hasta que gane el título"

Las razones por las que Lewis Hamilton ha ganado su segundo Mundial de Fórmula 1

Noviembre 24, 2014

El piloto inglés ha roto todos los esquemas. El nuevo “niño malo” de la F1 se ha llevado su segundo título contra de los que apostaron que Mercedes, marca alemana, se decantaría por su compañero, Nico Rosberg, teutón de pasaporte y líder de la tabla durante la mayor parte de la temporada


Hamilton es irreverente, contestón, lleva gran parte de su cuerpo tatuado. Usa pendientes muy brillantes como si fuera un cantante de rap, viste la indumentaria propia de un pandillero, viaja en un jet privado pintado de rojo, lleva su perro a las carreras, y protagoniza una intensa vida digital a través de las redes sociales, algo que choca de frente con la discreción de otros o lo milimetrado de los mensajes corporativos de las escuderías… es sin duda el punki del paddock. 

Lewis llegó a la F1 haciendo mucho ruido, y ha sido el único compañero de equipo que ha puesto contra las cuerdas a Fernando Alonso. El 2007 que ambos protagonizaron acabó en empate técnico. El asturiano salió por la puerta y el británico tuvo espacio para lograr su primera corona. Después, poco o más bien nada. Su vida dio tumbos: se peleó con su padre con el que dejó de hablarse durante meses y despidió como manager, las trifulcas con su novia pasaban a ser portadas de las revistas del corazón, organizaba sonoras verbenas nocturnas con chicas en hoteles, y 2011 fue el peor año de su vida deportiva con accidentes continuos, errores de bulto y choques inexplicables. Se buscó un nuevo manager procedente del mundo del espectáculo, se fue a Mercedes donde muchos auguraron (servidor incluido) años de sufrimiento al llegar a un equipo grisáceo tras salir de los muy veteranos de McLaren, pero ocurrió algo: la llegada del motor híbrido V6, y todo cambió. 

Lewis, el hombre que devoraba los neumáticos, suavizó sus formas al volante

Mercedes entendió mejor que nadie el funcionamiento de la nueva mecánica, los esfuerzos del saliente Ross Brawn empezaron a dar su fruto en forma de una organización musculosa y ágil, los réditos del paso de Michael Schumacher se dejaron notar, y tras un 2013 con una sola victoria de Lewis y dos de Rosberg, pocos pensaban que este 2014 el británico duplicase en triunfos a su compañero. 

Lewis, el hombre que devoraba sus neumáticos suavizó sus formas al volante, aprendió a arriesgar lo justo y necesario, a dosificar fuerzas (prueba de ello es el bajo consumo que muestra su propulsor) y dejó claras sus intenciones en un mensaje digital a principios de temporada: “comer, dormir, entrenar y correr. Y así hasta que gane el título”. Se alejó de la molicie y las nocturnidades, entrenó más duramente que nunca, y a pesar de hacer buenas migas con músicos como Pharrel Williams, Ludacris, Usher o Chris Brown, se concentró como nunca. A resultas de estos cambios, su padre volvió a estar más cerca de él, a su chica —la cantante de las Pussycat Dolls, Nicole Schwerzinger— se la volvió a ver por las pistas con el rostro feliz, en su equipo se mostraron satisfechos y despidió a su manager, el de los músicos. 

Una de las claves de la consecución de su corona fueron las once victorias en diecinueve carreras, por cinco de su compañero Rosberg. A pesar de estar un paso por detrás del germano durante casi toda la temporada, justo es decir que los inicios de su año fueron titubeantes debido a averías y abandonos, con un punto de inflexión muy difícil de manejar en el seno de la escudería: el incidente en el Gran Premio de Bélgica que tuvo precisamente con su compañero de equipo. Lideraba Hamilton, y Rosberg tocó su rueda trasera en un intento de adelantarle. 

Hamilton: el que supo nadar y guardar la ropa

El ahora Campeón se vio obligado a abandonar y el disgusto fue enorme; el público abucheó a su compañero, oponente en la ceremonia del pódium. Dicen las malas lenguas que el par de errores tontos que tuvo el segundo en Monza, la carrera siguiente quince días después, fueron provocados de manera voluntaria para compensar a Lewis en una suerte de “castigo interno”. Con ello acallaron los rumores -a toro pasado infundados-, que apuntaban a que el propietario y principal patrocinador de la formación, Mercedes, sería más feliz viendo a un alemana en lo más alto que a un inglés, lugar del que proceden la mayoría de sus integrantes y país donde tiene su sede. Si a todo ello añadimos la demoledora eficacia del Mercedes W05, la integración de su prodigioso propulsor, un chasis que acaricia el aire en las rectas y se agarra como una lapa en las curvas, y la enorme fiabilidad de una mecánica muy bien desarrollada y con ideas sumamente originales (como la de partir el turbo en dos, en una configuración inédita), pues tenemos justo lo necesario para ganar un Mundial: buen piloto, buen coche y buen equipo, algo en lo que el resto ha fallado. 

Lewis Hamilton es el Campeón del Mundo de Fórmula 1 de esta temporada porque ha sido el mejor, el más rápido, el que supo nadar y guardar la ropa. Ha sido, en definitiva, el que mejor lo ha hecho y es por eso más que merecido. Enhorabuena a él, a su equipo, a Nico Rosberg, compañero que no se lo ha puesto fácil, y  a Mercedes, la marca que apostó como ninguna otra por este deporte. A pesar de la enorme ventaja que tienen, el año que viene, lo tendrá un poco más difícil. 

José M. Zapico
@VirutasF1