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Las razones del enfado de Diego Costa: distintas varas de medir, ausencia de crítica deportiva y resquemor por su pasado atlético

Septiembre 5, 2016

El delantero del Chelsea jugó un buen partido ante Bélgica y explotó al término del mismo

DiegoCosta

Es normal que a cualquier aficionado medio le cueste centrarse después de las vacaciones. Reconozco que a mí me está pasando lo mismo. Venimos de unos meses intensos a nivel polideportivo -con el gran colofón de los Juegos Olímpicos- y ahora, con el comienzo de la temporada futbolística, encontramos extraños y sorprendentes contrastes. Ocurre con el caso de los deportistas nacionalizados, a los que consideramos como nuestros cuando ganan y a los que desechamos si, por el contrario, no encajan con el perfil que previamente hemos dibujado en nuestras cabezas. ¿Que Garbiñe Muguruza gana el Roland Garros? Sí, es española. ¿Que Orlando Ortega alcanza la plata en los 110 metros obstáculos de los Juegos? Sin duda, también es español. ¿Y qué me decís de la gran ayuda de Mirotic para que la mejor generación española de baloncestistas sea bronce en Río? ¡Más español que la tortilla de patatas! Pero, ¿Qué ocurre si es Diego Costa (ese jugador impulsivo, taimado, experto en la brea y neófito en el dibujo técnico y, para colmo, ex atlético) el que se encara con la defensa rival en un partido de España? Entonces parece que no, que Costa es más brasileño que la samba y que nunca debió de ser seleccionado por un combinado que, hasta su llegada (nótese la ironía) contaba sus torneos por grandes victorias.

La diferente forma con la que algunos aficionados y medios juzgan según quién sea el protagonista es la primera razón de peso por la que explotó Diego Costa tras el partido amistoso ante Bélgica. Quizás no fueron las formas adecuadas, pero son las suyas y sabiéndolo de antemano se le reclutó para la causa. Costa venía de jugar un buen encuentro. No se vio colmado con la llegada del gol pero hizo que el ataque del combinado de Lopetegui se moviera, algo que no ocurría desde hace tiempo.

Siente que le critican por cuestiones ajenas al fútbol

Dio la impresión de que el ariete venía rumiando esa intervención ante los medios desde hace tiempo. Diego Costa no se siente tratado justamente por algunos medios de comunicación, donde observa críticas por sus gestos, sus habituales rifirrafes con las defensas contrarias, sus conversaciones privadas (se le llegó a atacar por hablar sobre su futuro con Sergio Ramos), sus comparecencias públicas (en una de sus últimas entrevistas reconoció que quería volver al Atlético), etc. En definitiva, críticas por todo menos por motivos eminentemente futbolísticos.

También dijo el jugador español (mal que le pese a algunos es lo que pone en su pasaporte) que tal vez la situación fuera diferente si perteneciese al Real Madrid o Barcelona. Y, desgraciadamente, razón no le falta. España es un país fundamentalmente de clubes que no está acostumbrado a aparcar sus pasiones cuando juega la selección. Por eso, ningún ataque es unánime porque todos vienen teñidos con algún color. De todo eso se queja Diego Costa.

La Federación fue la que le ‘fichó’

Diego Costa no puso una pistola en la sien de nadie para empezar a jugar con la selección española. Lo que sucedió, simplemente, fue que el cuerpo técnico dirigido por Vicente del Bosque no encontraba un delantero de garantías y aprovechó la puerta abierta que dejó la no convocatoria del jugador con el Brasil de Scolari. A Diego le ofrecieron jugar con España y dijo sí. No fue al revés.

Partiendo de esta base y teniendo en cuenta que el Mundial que se jugó era el de su lugar de origen, es fácil llegar a la conclusión de que el compromiso adquirido por ambas partes no era ninguna nimiedad. El atacante rechazó a su país y acto seguido fue a jugar allí con la camiseta de otra nación. Su recibimiento, en un lugar en el que el fútbol ejerce casi de religión, fue hostil hasta para él. Cuando la Federación se decidió a hacer ese movimiento, sabía que se hipotecaba, por lo cual la decisión se presuponía altamente meditada. No era cualquier caso: si un jugador renuncia a Brasil por España es, indudablemente, para ir siempre con España.

Con lo cual, lo más probable es que hubiese un compromiso (cuando menos) moral que fue roto en varias ocasiones por Vicente del Bosque. En casi todas ellas, por cierto, el salmantino optó por camuflar decisiones con problemas físicos. Nunca habló claro. Ahora, desde la sombra y con la mano ejecutora de Lopetegui se siente más cómodo para hacer y deshacer. El nuevo seleccionador, una suerte de intermediario, también se reunió con Costa (ya lo hizo con Casillas) para transmitirle las condiciones de esta nueva etapa. Lo agradeció el brasileño (que no recibió explicación alguna cuando fue desechado) pero ofreció la misma respuesta: “Daré todo de mí, pero no cambiaré”.

Ataques cercanos a la xenofobia

Diego no es el primer jugador de futbol que se nacionaliza español: lo hicieron grandísimas estrellas como Puskas, Kubala o Di Stéfano. En la edad contemporánea recordamos los casos de Pizzi, Donato, Senna, Pernía o incluso Catanha. Ninguno pasó por algo similar.

En nuestro país los ataques vertidos sobre Costa recuerdan a los argumentos esgrimidos por la extrema derecha francesa. Cuidado.

Felipe de Luis Manero

@FelipedeLuis99