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Los príncipes de Asturias en una posición difícil que recuerda a la vulnerabilidad del monarca en los difíciles meses del verano de 1975

Las profundas y serias reflexiones de Juan Carlos I, rey de España

Abril 19, 2012

En septiembre de 1997, Tony Blair forzó la aparición de la reina Isabel de Inglaterra recordándole sus deberes institucionales como jefe del Estado y tuvo que comparecer ante la BBC para disculparse y rendir homenaje a la princesa de Gales al paso de su féretro ante las puertas del Palacio de Buckingham

Se avecina una monarquía de nuevo cuño que hasta ahora ha pretendido dar la espalda a su propio pasado negando con ello parte de su propia grandeza


Este miércoles el Rey Juan Carlos recibió el alta de la operación de urgencia de fractura en la cadera derecha que se produjo durante su viaje de caza en Botsuana. Antes de su salida del centro, don Juan Carlos se ha dirigido a una cámara de televisión que le aguardaba y ha dicho: “Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir“. Una frase con la que intenta cerrar una polémica en una dura semana que empeoraba a medida que pasaban los días.

Y es que después de la hospitalización del Monarca de don Juan Carlos en la noche del viernes al sábado y de conocerse su viaje de caza en Botsuana, la polémica no hizo más que avanzar a la vez que caía la popularidad de la monarquía. Así los mismos medios que se deshacen en elogios por las 11 palabras del Rey, publicaban el pasado martes nuevas informaciones sobre el conocimiento del Monarca y la infanta Cristina de las actividades de Iñaki Urdangarín. Mientras la visita de sólo 15 minutos de doña Sofía, dos días después de la operación, generaba más críticas, algo que llevó a que el martes pasara más de tres horas en la Clínica San José de Madrid.

Mientras, nos comunican personas de seriedad y fiabilidad incuestionable que, en medio del vendaval de duras criticas que en estos días se están vertiendo sobre el rey, la corona y la familia real, don Juan Carlos ha hecho ya una reflexión muy seria sobre la situación en la que nos encontramos que, como todos los ánimos esperan, requiere de una reparación pública de la dañada imagen de la jefatura del Estado mediante una reacción que no puede tardar en producirse.

Para ello el rey ha podido contar con la presencia y el apoyo de personas de su absoluta confianza, de algún que otro amigo de “toda la vida”, de personas de fuera del intoxicado circuito de las bien conocidas “amistades peligrosas” que durante tantos años han minado de forma tan perniciosa la imagen de la corona en los pasados años de bonanza y de lasitud institucional.

El antecedente de Tony Blair, Isabel de Inglaterra y la princesa de Gales

No conocemos aún, por desgracia, los contenidos de esa reflexión pero es de esperar que de ella surja una respuesta clara y decidida a la gruesa decepción de la opinión pública en un momento de fuerte y generalizado descrédito de las instituciones. Ya en septiembre de 1997, Tony Blair forzó la aparición pública de la reina Isabel de Inglaterra recordándole sus deberes institucionales como jefe del Estado, y ella tuvo que tragarse la amarga situación de comparecer ante la BBC para disculparse y rendir homenaje a la princesa de Gales al paso de su féretro ante las puertas del Palacio de Buckingham.

Algo semejante es de esperar de parte de don Juan Carlos, que tantas veces en el pasado tuvo que agachar la cabeza y dar paso a la necesidad y la conveniencia colectivas por encima de sus deseos y sus necesidades personales. Son muchos los ejemplos que el rey ha dado de ello en su larga vida, pero hay errores claros que requieren de una reparación y hay conceptos que requieren de una muy necesaria revisión.

La plebeyización de la monarquía

El primero de entre ellos esa falsa idea de plebeyización de la monarquía que desde hace años parece gravitar en el pensamiento de doña Sofía, y que está en la base de muchos de los problemas de hoy en día. Una plebeyización que resta dignidad a la corona y a las personas reales, y que confunde una mas que necesaria popularización con un “todo vale” improvisado a falta de un proyecto de fondo y de futuro. El segundo, el haber limitado la institución a la persona generando con ello graves peligros de estabilidad al dejar a la corona desprovista de una simbolización necesaria para su continuidad, y a los príncipes de Asturias en una posición difícil que recuerda a la vulnerabilidad de don Juan Carlos en los difíciles meses del verano de 1975.

El tercero la opacidad informativa, origen de que ahora se levanten todas las censuras, y el creciente aislamiento de la familia real enrocada en torno a sus propios problemas internos irresueltos. El cuarto la necesaria reformulación de quienes componen una familia real de límites muy difusos y con poca conciencia de su alto grado de representatividad que no permite ni acepta otra actuación que no sea sino la guiada por el servicio. Y, finalmente, la construcción de una monarquía de nuevo cuño que hasta ahora ha pretendido dar la espalda a su propio pasado negando con ello parte de su propia grandeza. Todo un conjunto de cuestiones a revisar para que no se desfonde lo que hasta ahora era nuestra institución más prestigiosa tanto dentro como fuera del país, en un momento de enorme desprestigio de los mecanismos que rigen el sistema.

Pero más allá del rey, a quien no se puede eximir de sus propios errores, habrá que buscar responsabilidades compartidas en la reina, los presidentes de gobierno de turno y los propios jefes de su casa. Ya no es tiempo de ocultar las tiaras y los brillantes en un ejercicio de sencillez sin fuste, sino de mostrar una verdadera austeridad solidaria, ni es tiempo de matar elefantes sino de cuidarlos. Quizá, como hace años nos confesaba una condesa polaca pariente de los Borbones de España y cazadora irreprimible en sus años de juventud, ya es tiempo de decir: “Yo ya no puedo matar”.

Ricardo Mateos