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Pipi se está quedando más solo que la una

Las lágrimas de Miriam Sánchez

Junio 12, 2009

Es la ruptura más televisada que se recuerda. Sin embargo, los protagonistas andan enrarecidos por la mercantilización que ha sufrido el adiós sentimental.

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Hace unas semanas que la noticia aterrizó en el mundo del corazón. El adiós definitivo de Miriam Sánchez, antaño Lucía Lapiedra, a Pipi Estrada se hacía oficial. Y con él, ha llegado la polémica. Sorprende que la dulce Miriam explique haber vivido situaciones duras junto al periodista y luego se desdiga de sus palabras. Resulta hiriente, incluso abrumador, que la rubia tire la piedra y esconda la mano, quizás porque no es consciente de la gravedad de sus palabras. No es de recibo que haya implicado a varias personas en una problemática importante a las que no es capaz de agradecer su ayuda desinteresada y apoyo incondicional. Hace tiempo que la ahora colaboradora relata escenas heladoras en las que desprecio y violencia psicológica cabalgan juntas. Quizás, por eso, hay quien dejó de ser periodista para únicamente actuar con el lado humano, consolar, callar y entender. Miriam está sobrepasada por la situación. El escándalo le queda grande y parece no saber afrontar las realidades que se ocultan tras una mirada de porcelana y una sonrisa de femme fatale. Ahora es cuando debería reiterar esos argumentos que ha ventilado en privado o, por el contrario, reconocer públicamente que mintió cuando contó lo que contó a sus más allegados. Es cierto que tiene una hija de escasa edad con Pipi, pero no es motivo para escudarse y hacer la vista gorda. Recuerdo la tarde en la que Miriam se fue del salón con los ojos anegados por algo que ella consideró provocación imperdonable. Su relación naufragaba desde hacía mucho y las fricciones eran más que habituales. Por eso no se comprende, o quizás sí, esa mercantilización que ha sufrido una ruptura por capítulos que rezuma olorcillo a podrido y que recuerda a ese estampe que Loli Álvarez y Montse Páez protagonizaron contra la Cibeles. Me cuentan que Miriam está llora que te llora como la Zarzamora porque ve que no sólo su futuro personal está en el aire, sino que los programas en los que trabaja pronto echarán el cierre por las vacaciones veraniegas. Y la vida es difícil sin dinero, más cuando mantienes una línea de despilfarre. Hay quien está muy preocupado por el estado actual de la ex actriz porno y le piden que acabe ya con tanto trajín televisivo.

No sólo la Sánchez está dando palos de ciego ahora que la bomba ha explotado. Pipi se ha colgado el cartelito de personaje trincón y amenaza con denunciar a sus propios compañeros. Es el caso de Karmele Marchante y Joana Morillas (¡ay si largaran todo lo que saben!), conocedoras de la vida y miserias de ese romance tocado de muerte. No es de recibo, incluso descompone, que Pipi arremeta contra las periodistas y no contra Miriam, la que parece haber propagado sus malos modos e incompatibilidad en la convivencia. Sobre todo cuando han aguantado carros y carretas. Morillas sabe tanto de ellos que si concursara en un programa sobre sus vidas arramblaría con todo el premio. Algo ocurre. Pipi no es el mismo que hace años nos hacía sonreír con sus mordaces comentarios y rocambolescas anécdotas. Le ha invadido una especie de telaraña social que le ha alejado de todos los que le quieren sin dobleces. Se está quedando solo por no cuidar y respetar a su gente como debería. Ahora parece preocupado y ocupado en dar información sobre la madre de su hija a quien dibuja como una mujer despreocupada, interesada e inconsciente. En los pasillos no se habla de otra cosa. Pipi también está tirando la piedra y escondiendo la mano, pero con mayor temple porque es perro viejo. Y lo que te rondaré morena, pues, aunque la caja de los truenos todavía permanece sellada los zarandeos que está padeciendo acabarán por romper candados y cadenas. Será entonces cuando nuestros ojos girarán a más velocidad que los de Marujita Díaz cuando necesita parné.
Por Saúl Ortiz
saul@extraconfidencial.com