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A todo ello se suma que el presidente Artur Mas es quien está haciendo un mayor uso de este palacio, desde el cual le gusta aparecer ante los medios en la columnata que hay detrás del salón principal

Las instituciones catalanas continúan agraviando a la corona: ahora, la retirada del palacio de Pedralbes de la escultura de la reina Isabel II mostrando a su hijo Alfonso XII

Diciembre 12, 2014

Ya se habla de colocar en el antiguo emplazamiento de la reina otra escultura de un desnudo femenino, que probablemente sea la que el presidente Francesc Macià colocó allí mismo en 1931 para representar a la República y que, posteriormente, fue mandada retirar por el general Franco que ordenó volver a colocar a Isabel II en aquel lugar
Ya en 2009, gobernando Montilla en Cataluña, el ayuntamiento de Barcelona retornó a la Generalitat, en lo que se consideró como parte del “proceso de normalización”, la colección de retratos de los condes de Barcelona, un conjunto de pinturas que estuvieron expuestas en el Museo Militar del Castillo de Montjuic y que constituyen la galería regia más antigua de España, y cuyo paradero ahora se desconoce


Un alto grado de torpeza administrativa por ambas partes suscitó en días pasados un nuevo desencuentro entre las instituciones catalanas y las del Estado, en este caso en torno a la retirada de la escultura de la reina Isabel II mostrando a su hijo Alfonso XII, obra de Vallmitjana y valorada en 700.000 euros, que durante años presidió la entrada del palacio real de Pedralbes de Barcelona. En su momento, el Museo del Prado -propietario de la pieza-, cedida en depósito al palacio desde su inauguración en los años 1920, solicitó a la Generalitat catalana, actual propietaria del palacio, que para evitar daños a una pieza que se encontraba a la intemperie fuese sustituida por una copia y el original se conservase en el interior, pero el gobierno catalán adujo no tener fondos para encargar una réplica y todo quedó como estaba.

Posteriormente, hace algo más de un año, el jefe de protocolo del palacio, Josep María Pujol, solicitó que la estatua fuese protegida para su mejor conservación en el exterior, pero no habiendo tampoco presupuesto para ello se decidió retirarla y guardarla en los bajos del palacio donde todavía continúa a día de hoy, haciéndose entonces cargo de los gastos del traslado los organizadores del Festival de Música al aire libre de Pedralbes. En esa,  el Museo del Prado, propietario real de la pieza, la reclamó al palacio aduciéndose entonces desde el gobierno catalán que no había dinero ni para el transporte ni para los seguros, cosa que ha sentado muy mal en el Museo que, por otra parte, parece haberse fijado en esta pieza olvidando que hay otras muchas de valores similares que también se encuentran a la intemperie en las calles de Madrid. Entre tanto, ya se habla de colocar en el antiguo emplazamiento de la reina otra escultura de un desnudo femenino, que probablemente sea la que el presidente Francesc Macià colocó allí mismo en 1931 para representar a la República, y que posteriormente fue mandada retirar por el general Franco que ordenó volver a colocar a Isabel II en aquel lugar.

El ex president Montilla y los retratos de los condes de Barcelona

Algo aparentemente tan trivial ha generado, sin embargo, una enorme porfía en los últimos días al considerar algunos que esta es una nueva afrenta del gobierno catalán. Toda una polémica que se inscribe en un contexto de tensión en el que todo desencuentro es bienvenido y en el que se han ido acumulando los agravios de ciertas instituciones catalanas a la corona y a los símbolos que la representan. En 2009, gobernando Montilla en Cataluña, el ayuntamiento de Barcelona retornó a la Generalitat, en lo que se consideró como parte del “proceso de normalización”, la colección de retratos de los condes de Barcelona, un conjunto de pinturas que estuvieron expuestas en el Museo Militar del Castillo de Montjuic y que constituyen la galería regia más antigua de España, y cuyo paradero ahora se desconoce pues han desaparecido completamente de la visión pública.

En diciembre de 2012, y rompiendo con todo protocolo anterior, Artur Más mandó tapar con una pantalla negra el retrato del rey Juan Carlos para su acto de toma de posesión en el salón de Sant Jordi del palacio de la Generalitat en presencia del ministro Cristobal Montoro, y ya meses antes, en mayo de ese año, se había ordenado hacer desaparecer de la fachada principal del Parlament de Catalunya el escudo de armas del rey Felipe V, que fue tapado por las cuatro barras catalanas como ya se había hecho en 1931. Y en junio de 2014, el ayuntamiento de Gerona retiró del salón de plenos municipales los retratos de los reyes don Juan Carlos y doña Sofía pintados por Ricardo Macarrón, que nunca han sido reemplazados por los de los nuevos reyes.

Artur Mas le ha cogido el gusto al palacio de Pedralbes

A todo ello se suma que el presidente Artur Mas es quien está haciendo un mayor uso del palacio real de Pedralbes, desde el cual le gusta aparecer ante los medios en la columnata que hay detrás del salón principal como ya hizo el 11 de septiembre, y donde días atrás se reunió con el frente nacionalista. Gestos poco afortunados que no tienen en cuenta que este fue un palacio real que el conde de Güell, propietario de los terrenos y también del palacete original sobre el que se edificó el actual palacio, y numerosos otros miembros de la nobleza catalana, costearon de su propio bolsillo y regalaron al rey Alfonso XIII en 1924 para el uso de las personas reales durante sus estancias en Barcelona.

Un palacio que, sin embargo, no tuvo el mismo destino que otros regalos de similar naturaleza, como el palacio de la Magdalena en Santander o la isla de Cortegada en Pontevedra, que el régimen de Franco si devolvió a don Juan de Borbón en calidad de propiedad privada y que éste vendió posteriormente. Y un edificio que contrariamente al resto de palacios reales de la geografía española nunca quedó adscrito a Patrimonio Nacional, siendo actualmente propiedad de la Generalitat catalana desde que en 2004 se lo cedió el ayuntamiento de Barcelona. Tanto es así que cuando en octubre de 2013 Mariano Rajoy y Artur Más se encontraron allí con ocasión de la celebración del Foro Económico del Mediterráneo, el primero se interesó por la propiedad del recinto a lo que el segundo adujo que es propiedad de la administración autonómica. Parece que Artur Mas le ha cogido el gusto al palacio, recordando en eso el desubicado uso que José María Aznar hizo del Monasterio de El Escorial, necrópolis de los reyes de España, con ocasión de la fastuosa boda de su hija Ana con Alejandro Agag en 2002 que sentó muy mal al rey don Juan Carlos.

 
Ricardo Mateos