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Copones, ventanas, atriles, esculturas y hasta campanas entre lo robado

Las iglesias del rural gallego agravan su situación deficitaria de seguridad con más de una docena de delitos contra sus bienes en 2011

Octubre 31, 2012
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No resulta llamativo que los bienes culturales de la Iglesia en la Comunidad Autónoma de Galicia presenten un cuadro de apropiación indebida alarmante. Tampoco es primicia que esa situación haya sido denunciada por numerosos colectivos comprometidos con la preservación de un patrimonio que constituye casi el 75% del total del acervo histórico-artístico gallego. Bien es cierto que este déficit de seguridad manifiesto del que adolecen los templos gallegos ha encontrado la atención por la que clamaba desde hacía décadas a raíz de la sustracción del Códice Calixtino de la caja fuerte del Archivo de la Catedral. Hasta la fecha, los continuos desfalcos consumados contra el arte sacro de la Iglesia permanecían en un segundo plano hacia el que las autoridades eludían mirar. Programas como el protocolo Iglesia Segura – Cultura protegida, auspiciado por la Fiscalía de la Comunidad Autónoma de Galicia, compromisos verbales tanto del Gobierno Central como del Autonómico y una sinergia de fuerzas -entre las que destaca la propia institución eclesiástica- invitan a confiar en un futuro mejor y más benévolo para esta parte central de la historia de Galicia.
 
Copones, ventanas, atriles, esculturas o campanas. Nada escapa al afán acaparador de los cacos. El año pasado, 2011 –según un informe facilitado por la propia Fiscalía- la Comunidad registró un total de 12 atentados perpetrados en su mayoría contra las parroquias del rural, provocando el desánimo generalizado entre religiosos, feligreses y ciudadanos. En cambio de mudar la dinámica, la actividad delictiva no cesa.  
 
De los 12 saqueos acaecidos en Galicia, las provincias de Lugo –con hasta 8 sucesos- y Ourense -3- fueron las más damnificadas. Pontevedra comparece anecdóticamente con un asalto a la Iglesia de Santa Mariña de O Rosal y A Coruña queda libre de incidentes en este ejercicio, a pesar de haberse registrado otras infracciones contra el patrimonio de diversa índole.
 
Los ladrones se ensañan con el rural de Lugo     
 
Si durante el espacio de tiempo que suman seis meses del año 2010 la provincia lucense contabilizó una treintena de desfalcos a templos sitos alrededor de su geografía, en el año siguiente -2011- la situación no varió y continúo siendo dañina para Lugo. La Comandancia anotó hasta ocho sucesos en este período asociados todos ellos con supuestos robos del patrimonio eclesiástico. En enero de susodicho ejercicio, nada más comenzar el año, se denunció el robo de unos 15 euros que había en el cepillo de una iglesia de A Fonsagrada tras haber sido forzada la puerta de la basílica y causado daños que ascendían hasta los 500 euros. En marzo, dos campanas construidas en bronce de unos 40 y 70 centímetros de alto constituyeron el móvil del asalto a la iglesia de As Goas en Abadín. Apenas dos semanas más tarde, la Iglesia de Piñeira-Taboada se despertaba vulnerada. Los ladrones habían forzado la puerta de acceso y se habían apoderado de las joyas que engalanaban las esculturas de la Virgen de la Saleta y la Inmaculada, de valor desconocido. Los desperfectos superaron los 200 euros.
 
En el mes de junio se produjo un robo en la Casa Rectoral de Triabá en Castro de Rei. El hecho de que el edificio estuviese deshabitado facilitó la tarea a los ladrones que se hicieron con dos crucifijos de madera, seis candelabros de metal, un plato de balanza y hasta 20 monedas de 100 pesetas. Diez días más tarde la violencia volvía a sacudir al Ayuntamiento. Dos menores de edad fueron detenidos por los destrozos ocasionados en la parroquia de Santa Leocadia. Siete Cruces que conformaban el Vía Crucis del Sagrado Corazón fueron quebradas en el pie. Además dos columnas de piedra ornamentales y cuatro escalones de la escalera –todas las piezas de piedra- fueron fracturados. En noviembre de 2011 se denuncia el robo con fuerza de un escudo de la capilla se San Pedro de San Fiz en Vilalba. También en noviembre el Esmoleiro de San Antonio de Padua en Abadín se veía enajenado de la escultura del santo con el niño Jesús en brazos, tallada en piedra y con una altura de 50 centímetros.
 
El único suceso en el que la Comandancia lucense pudo actuar a tiempo e impedir un mal mayor ocurrió a principios del mes de julio en Ribadeo. Una vecina de Frexulfe-Val do Ouro advirtió un presunto robo que se estaba produciendo en la parroquia del lugar. Gracias a la rapidez en la intervención tres personas fueron detenidas por un supuesto delito de robo con fuerza en grado de tentativa imputándole a los arrestados otro delito de idéntica descripción en la Casa Rectoral de Santa Cruz de Ferreira.
 
Ourense, segunda en la lista
 
La provincia ourensana aparece en segundo lugar en cuanto al número de sucesos. Durante el curso 2011, la Guardia Civil instruyó diligencias por dos robos ocurridos en los días 6 y 7 de abril. El primero de ellos sobresaltó a la Iglesia Parroquial de Feces de Abaixo en Verín de donde fueron sustraídos y posteriormente recuperados varios objetos de culto sin interés histórico-artístico. El segundo incidente tuvo a la capilla de San Antonio de O Barco de Valdeorras como objetivo de los malhechores. De ella fueron tomados varios objetos de culto carentes de interés histórico-artístico. En noviembre del mismo año, la Iglesia de San Juan de Baños en Bande echó en falta el cáliz y el copón de plata con el que oficiaban las misas.      
 
Pontevedra echa el cierre a la lista de atentados contra los bienes culturales de la iglesia. En diciembre, unos delincuentes desconocidos fuerzan presuntamente la puerta principal de la vivienda del párroco de la Iglesia de Santa Mariña de O Rosal en A Guarda para hacerse con un reloj de pulsera y la llave de acceso a la basílica en cuestión. Una vez allí se apoderan de un copón plateado de poco valor, aceite y el hisopo de plata del agua bendita.    
 
Ante esta turba de acontecimientos perniciosos para la iglesia gallega cuesta creer que la situación mejorará de aquí en adelante. Quizás el robo del Códice Calixtino –el cual concluyó con final feliz- comparece como lo mejor que le haya podido ocurrir a la Catedral, a las iglesias gallegas y a la institución religiosa en general. Tras este suceso todo el mundo mira con atención y delicadeza hacia la aguzada situación de los bienes histórico-artísticos sacros del rural y las autoridades ponen sus manos a la obra para sacar adelante programas, planes y leyes que blinden -ante el expolio masivo- a uno de los pilares de nuestra cultura tradicional. De no llegar a buen puerto –estos convenios y protocolos- la situación seguiría siendo precaria y los responsables de los templos de culto se verían en la disyuntiva de llevarse todo el material valioso a sus casas o cerrar a cal y canto las parroquias.    
 
Con motivo de la desaparición del Códice y en unas declaraciones realizadas a Efe, el archivero de la seo compostelana, Segundo Leonardo Pérez López, aseguró que “es imposible garantizar la seguridad aunque se pague un auténtico pastizal, es totalmente imposible, hablemos claro”. La seguridad es necesaria, pero aquel que tenga como propósito hacer daño se las ingeniará para burlar los rigurosos controles tecnológicos y humanos. Quizá por ello debamos apelar, más que nunca, a la conciencia de la ciudadanía y a un código ético basado en el respeto y la custodia de los bienes que tenemos a nuestro alrededor y que conforman de una manera u otra, parte de lo que somos. Por eso manuales de buenas prácticas, campañas de sensibilización o proyectos didácticos son tan importantes como la reforma del código penal o el fortalecimiento de la seguridad.  
 
Jesús Prieto