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La cantante ha demandado a la empresa que canceló su último concierto

Las fans de Isabel Pantoja también quieren lo suyo

Julio 20, 2009

No hay vuelta atrás. La suspensión del concierto que la cantante Isabel Pantoja iba a ofrecer en Villanueva de la Serena (Badajoz) ha provocado una lluvia de demandas. A la interpuesta por la artista, se unen ahora las de las seguidoras de la cantante.

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Es la Reina de la Copla. Su voz sigue conquistando del mismo modo en que lo hizo cuando era una desconocida y subía con ilusión a los tablaos flamencos del Tardón. Consolidada y admirada, Isabel Pantoja es la última gran diva de nuestro panorama musical. Sus actuaciones conservan ese aire meticuloso y delicado de las grandes artistas internacionales. Es de las pocas que todavía cuidan los pequeños detalles. Cada gala es una pequeña obra de arte en la que la puesta en escena forma parte del propio espectáculo. Su aspecto está milimétricamente estudiado y, sobre el escenario, no falta ni un solo detalle. Isabel se entrega con desmesura. Se transforma, abandona los problemas y sacude su melena con el único objetivo de deleitar a un público que la abraza desde la distancia. En el mundo de la canción, no le teme a nadie ni a nada. Isabel se arriesga al fracaso. Tal es su amor por la música que no duda en aceptar cantar en recónditos pueblos en los que es prácticamente imposible recaudar los beneficios económicos que se pueden obtener en otros rincones de la península. Es lo que ocurrió cuando dijo sí a cantar en Villanueva de la Serena.
Eso sí, cuando Pantoja acepta un reto de similares características, entiende que la empresa contratante se desvivirá por intentar dar la suficiente publicidad al concierto como para reunir a un mínimo número de seguidores. En este caso, al igual que en ocasiones anteriores, los empresarios decidieron optar por lo fácil. Mutismo absoluto. Tanto, que incluso me cuentan que las entradas se podían adquirir en establecimientos tan disparatados e inapropiados como peluquerías, restaurantes o tiendas de electrodomésticos. Un auténtico descontrol que provocó que, de las seis mil localidades puestas a la venta, sólo novecientas cuarenta y seis fueran compradas. Ante esas cifras, Historias del Kronen (la empresa que contrató) decidió cancelar el recital con tan sólo veinticuatro horas de antelación. Tiempo insuficiente para detener el montaje y desplazamiento del equipo técnico que debía tenerlo todo preparado para la mañana siguiente, momento en el que la artista realizaría la prueba de sonido. Por eso, Isabel Pantoja, aconsejada por sus asesores, decidió interponer una demanda para que se le abonen los setenta mil euros que debía percibir por su actuación. Considera que ha sido engañada hasta el último momento. Y para eso, la inestimable abogada Graciela Otondo luchara por sus intereses. No serán las únicas medidas que interpongan contra la empresa. Algunas fans de la coplera están barajando la posibilidad de arremeter judicialmente contra Historias del Kronen, quien les avisó demasiado tarde de la suspensión del concierto. Hay que tener en cuenta que muchos de los que acuden con asiduidad a ver a la Pantoja, viajan desde muchos puntos de la geografía. Y, los viajes se los sufragan ellos. Otro juicio más.
Por Saúl Ortiz