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El pasado sábado se celebró el primer aniversario del pequeño Sacha con la presencia de su abuela

Las chuches de la Baronesa

Febrero 2, 2009

¿Cómo lo pasaron los invitados que acudieron al primer cumpleaños de Sacha Thyssen? ¿Cuál fue el menú? ¿Habló la Baronesa con Blanca Cuesta? ¿Qué ocurrió cuando se reencontraron?

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El salón principal del Hotel Arts de Barcelona congregó a multitud de amigos de la familia Thyssen para festejar el primer aniversario del pequeño Sacha, el hijo de Borja y Blanca. A pesar de que algunos creyeron que la Baronesa no acudiría a la cita a resultas del enfrentamiento que mantiene con su nuera, lo cierto es que Tita no quiso perderse tamaña celebración. Todos los invitados fueron recibidos con una copa de champagne rosé. La decoración del salón transportó a los invitados al idílico mundo del entrañable Winnie de pooh. La vivacidad de los colores elegidos, los elementos de fantasía que colgaban de las paredes, así como las innumerables menciones gráficas al osito de Disney recordaban que aquella era una fiesta infantil sin formalismos ni estridencias. Un llamativo cartel de plástico en el que se leía “felicidades Sacha” presidía el lugar. Gustó sobremanera que los asientos no fueran nominales y que el catering escogido estuviera distribuido en cuatro mesas: la de los fríos (sushi, pescaditos, canapés variados), la de los templados (carnes, pescados), la infantil (comida para niños), y la de las chuches. Insisten en que la Baronesa apenas se separó del bufet de las gominolas. Hubo quien se sorprendió ante los embistes que la aristócrata hizo a las bandejas a las que los niños se acercaban con cierto temor. Tita pareció retroceder a su infancia con tanto dulce de plástico entre sus manos. Todas las mesas tenían adornos florares en forma de caja de regalos. Los manteles, la cubertería e incluso las servilletas fueron elegidos por los padres del niño, que cuidaron hasta el último detalle. La tarta, que se sirvió mientras los convidados tarareaban el “cumpleaños feliz” también llevaba dibujada el rostro de Winnie de pooh. Entre los regalos, objetos para la vida cotidiana del pequeño Sacha y ropa multicolor. Insisten en que no hubo tiranteces, aunque tampoco emoción ni lágrimas. Me cuentan que la Baronesa dialogó distendidamente con todos los allí presentes y que se mostró ciertamente accesible. Lo veremos en la próxima exclusiva.