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Y su coqueteo con un famoso deportista

Las botas de María José Suárez

Junio 21, 2010

María José Suárez se encuentra en Ibiza disfrutando de un tiempo de asueto. El pasado domingo se lo pasó en grande en compañía de un afamado deportista que ya tuvo un romance con una de sus mejores amigas, Raquel Rodríguez.

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Si hubiera que elaborar un ranking sobre el interés que despiertan los personajes del mundo del corazón en los telespectadores y aficionados a la prensa rosa, María José Suárez ocuparía, sin duda alguna, uno de los principales puestos, siguiendo muy de cerca a una Ana García Obregón que, año tras año, sigue ocupando el primer puesto. Quizás por eso las informaciones que se publican sobre la cordobesa son, últimamente, mucho más polémicas y controvertidas. María José vuelve a vender, después de un periodo de ostracismo mediático del que consiguió salir gracias a su turbulenta, casi funesta, ruptura sentimental con Feliciano López. Se ha convertido en uno de los personajes más buscados de los últimos meses. Y, mientras los reporteros gráficos buscan y rebuscan por los rincones de Madrid, la Suárez se tuesta al sol de las playas de Ibiza, en las que estos días no cabe ni un solo alfiler. Entre tanta gente sería casi imposible poder reconocer a cualquier personaje. Pero el caso de María José es muy distinto. Ella se calza unas botas de puro invierno para pasear alegremente por la fina arena de la ciudad. Siguen perplejos, ojiplácticos y algo desasosegados ante la imagen de una guapísima María José Suárez que apareció el pasado domingo en la playa ataviada con unas botas hasta la rodilla. Podría haberse cocido como un calabacín.
 
Todos hablan de ella
 
Cuando se da la vuelta todos especulan sobre ese embarazo que pasea con cierto desdén por las playas de una Ibiza que se abrasa de calor. Ella, ajena a los comentarios maledicentes, consume cajetillas de tabaco y ríe a mandíbula batiente ante las lindezas de su íntima amiga Raquel Rodríguez, con la que ha alquilado un bonito chalé a pocos quilómetros de la playa de Es Cavallet, punto neurálgico del famoseo patrio. María José ha decidido apartarse del mundanal ruido de Madrid. Ocuparse y preocuparse ahora que debe pensar por dos. Ha querido huir de las cámaras de televisión y refugiarse en brazos de buenos amigos a los que les cuenta sus penas y sus alegrías al compás de las olas. Insiste en que Ibiza le relaja sobremanera. Tiene previsto quedarse en la isla blanca hasta mediados del próximo mes, quizás hasta agosto, todo dependerá de su estado anímico y de salud. Quién sabe. De momento está previsto que el próximo día dieciocho de julio sea la presentadora de la moda ibicenca que este año caerá en fin de semana. Por eso intenta pasar el máximo de tiempo en la playa. No se oculta. El pasado domingo departió hasta bien entrada la tarde con varios amigos, entre los que se encontraba uno de los hombres reclamo del fisgoneo nacional.
 
Muy bien acompañada por un conocidísimo personaje
 
Esa tarde no estaba triste, ni alicaída. Más bien irradiaba felicidad y tranquilidad. La compañía masculina que la frecuentaba puede dar mucho de qué hablar. Refunfuñarán y negarán, pero las muestras de cariño que se profesaron durante toda la tarde demostraron más que una amistad pasajera o eventual. Él le hacía ojitos y ella le acariciaba con cautela. Lo suyo podría calificarse de tonteo, flirteo o de una simple maniobra de seducción despertadora de lívidos propios y extraños. No habrá nada serio entre ellos, ni siquiera aunque compartieran laca de uñas que él lucía sin ningún tipo de prejuicio. La Suárez estaba realmente pletórica. Llena de vitalidad y muy simpática. Ya no le ruedan los lagrimones por las mejillas, no masculla en pequeños corrillos ni se la llevan los demonios. Ha aprendido a respirar profundamente. Desconcierta, sin embargo, su rápida recuperación. Sobre todo porque dicen que aún quedan rescoldos de su relación con el tenista de los ojos verdes. Ese que huyó despavorido cuando se enteró de que iba a ser padre. Resulta incomprensible que, tras cinco intensísimos años de relación, Feliciano no quiera ver a la modelo ni en pintura. Sirva este misterio para elucubrar acerca de lo que ocurrió y no cuentan, o de lo nunca ocurrido y radiado hasta en el séptimo cielo.
 
Por Saúl Ortiz (saul@extraconfidencial.com)