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La Policía sospecha que el crimen fue realizado por sicarios de una organización dedicada a la trata de mujeres del Este y la prostitución.

Las actividades de la mafia rusa en la Costa Brava: se cumplen 17 años del asesinato del georgiano Nepsibai Bolatvieckovich, alias “Almaz”

Mayo 27, 2015

Almaz fue asfixiado en el sótano de su mansión por un grupo de profesionales del crimen que hablaban ruso y no dejaron pistas. Los investigadores creen que la orden fue dada por el mafioso Zakhar Kalashov.

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Nepsibai Bolatvieckovich Nasenov alias “Almaz”, de 44 años, era un ciudadano georgiano con pasaporte griego que, en 1998, residía en un chalet a pie de green de la lujosa urbanización Golf Costa Brava, en la localidad gerundense de Santa Cristina d’Aro, una zona frecuentada por extranjeros de alto poder adquisitivo. Nepsibai era un hombre discreto, que había pasado casi completamente desapercibido desde que alquilase el chalet en enero de aquel año. Nunca tuvo problemas con sus nuevos vecinos.

El 30 de mayo de 1998, cuatro encapuchados armados con pistolas que hablaban ruso entraron en la vivienda tras romper una ventana, redujeron al guardaespaldas de Nepsibai y llevaron al georgiano al sótano, donde le torturaron brutalmente antes de asfixiarle con una bolsa de plástico en la cabeza y una cuerda alrededor del cuello.

Una bolsa de plástico y una soga alrededor del cuello

Los Mossos d’Esquadra, que se hicieron cargo de las pesquisas, avanzaron la posibilidad de que se tratase de un ajuste de cuentas o una venganza entre elementos de la llamada mafia rusa, que por aquel entonces estaba siendo objeto de investigaciones policiales en la Costa Brava al haberse detectado allí la presencia de algunos de sus miembros. Los agentes destacaron que el asesinato de Nepsibai había sido ejecutado con suma limpieza y era obra de profesionales.

Tanto la soga con la que fue estrangulada la víctima como la bolsa de plástico que rodeaba su cabeza eran suficientes para causar la muerte. Los médicos forenses que practicaron la autopsia al cadáver establecieron los dos mecanismos como causas complementarias del fallecimiento; los asesinos habían querido asegurar el resultado.

El juez de instrucción número 3 de Sant Feliu de Guíxols, que instruía las diligencias, llamó a declarar al único testigo, el guardaespaldas Eugeni Li, de 34 años, y a otras ocho personas de origen caucásico que habían visitado a Nepsibai en su chalet en los días anteriores al crimen. Ninguno de ellos comunicó posibles razones para que alguien quisiera vengarse del georgiano.

La pista de Kalashov y la mafia de los clubes de alterne

A comienzos de marzo de 1999, el agregado de Interior de la embajada de la Federación Rusa en España entrega un informe a la Audiencia Nacional sobre las actividades del mafioso ruso Zakhar Kalashov, líder del grupo criminal conocido como “ladrones en la Ley” o “Vor v Zakonen”, que sería detenido finalmente en Dubai en 2006 y extraditado a España en una operación policial coordinada desde Madrid. Según ese informe, la Dirección Principal para la Lucha contra la Delincuencia Organizada del Ministerio ruso de Interior (GUBOP) vinculaba a Kalashov, también de origen georgiano, con el asesinato de Nepsibai. 

Pero los investigadores iban descubriendo datos interesantes que hacían pensar que se enfrentaban a una estructura criminal poderosa y despiadada. El 24 de mayo de 1998, una semana antes de la muerte de Nepsibai en Santa Cristina d’Aro, era asesinado de dos tiros José Juan Rial Sánchez, de 43 años, nacionalidad ucraniana y origen asturiano. Aunque residía habitualmente entre Gijón y Castelldefels, Rial fue tiroteado en la calle Príncipe de Viana de Lleida. Una de las balas le entró por la nuca y la otra impactó directamente en el corazón de la víctima. No hubo testigos. De nuevo, obra de profesionales.

Los Mossos pensaron que los crímenes de Nepsibai y de José Juan Rial podían estar relacionados: ambas víctimas tenían relación con la antigua Unión Soviética, y parecían haber sido asesinados por especialistas que trabajaban por encargo. Pero desconocían el móvil. Sí averiguaron que Rial se movía con frecuencia en ambientes relacionados con la prostitución en la capital leridana y otras ciudades. Tirando de hilo, los agentes se encontraron con una organización, formada por rusos y ucranianos, que traficaban con mujeres de países del Este y las distribuían por clubes de alterne en España.

El asesinato de Rial podría haber obedecido a una lucha interna entre distintas facciones de esa organización por hacerse con la hegemonía del negocio. Nunca se ha detenido a nadie por el crimen de José Juan Rial, un misterio que se extiende también a la muerte del georgiano Nepsibai. Tampoco se ha podido confirmar que ambas víctimas estuviesen relacionadas entre sí o con la denominada mafia rusa. 

José Manuel Gabriel