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"Ahora tiene más tiempo, incluso para leer" comenta un viejo y fiel amigo del rey emérito

La vida sosegada de don Juan Carlos I en la que ya no hay sitio para Corinna zu Sayn-Wittgenstein-Sayn

Octubre 26, 2014

“Tras toda una vida de sujeciones, a su padre, a Franco, al obligado silencio de los años difíciles, y posteriormente a las esclavitudes a la vida política, a las limitaciones de la etiqueta, del protocolo y de lo conveniente”, continúa diciéndonos, “ahora no para y lleva la vida que quiere llevar. Viaja mucho yendo a distintos lugares, sale a comer y a cenar, y tiende a buscar la compañía de su gente de siempre, de los amigos del círculo social de los viejos tiempos
Mientras, algunos esperan lo que consideran un merecido homenaje al rey saliente que no parece llegar


“Ahora tiene más tiempo, incluso para leer”, nos comenta un viejo amigo de don Juan Carlos haciendo referencia de la vida cotidiana de aquel sobre quien en los altos círculos ya ha calado la expresión “rey emérito” cuando se le menciona. “Tras toda una vida de sujeciones, a su padre, a Franco, al obligado silencio de los años difíciles, y posteriormente a las esclavitudes a la vida política, a las limitaciones de la etiqueta, del protocolo y de lo conveniente”, continúa diciéndonos, “ahora no para y lleva la vida que quiere llevar. Viaja mucho yendo a distintos lugares, sale a comer y a cenar, y tiende a buscar la compañía de su gente de siempre, de los amigos del círculo social de los viejos tiempos”.

Una vida sosegada en la que ya no hay sitio para Corinna zu Sayn-Wittgenstein-Sayn apagadas las intimidades de otros tiempos, si caben audiencias privadas y, sin lugar a dudas, no se contempla en lo más mínimo un divorcio sobre el que se ha rumoreado mucho y que carece totalmente de sentido. Su hombre de confianza es el diplomático Alfonso Sanz Portolés, actual jefe de su Casa, y ni siquiera la renuncia a su cargo del antiguo jefe de su Casa, Rafael Spottorno, manchado por el oscuro asunto de las tarjetas “black” parece perturbar a don Juan Carlos habida cuenta de que los años de éste en Caja Madrid fueron anteriores a los de su regreso al equipo de Zarzuela.

Preocupante estado de salud de la infanta doña Margarita

Más inquietante debe serle, sin embargo, el preocupante estado de salud de su hermana la popular infanta doña Margarita, de quien nos dicen que parece una enfermedad degenerativa mientras su primo el infante don Carlos, duque de Calabria, se apaga entre las brumas de una irreversible y severa enfermedad neurológica que le ha llevado a delegar sus responsabilidades como jefe de la casa real de las Dos Sicilias en su hijo el príncipe Pedro, duque de Noto, gran amigo del rey don Felipe.

Ya le habrá llegado a don Juan Carlos</strong> el esperado libro de memorias de ese otro íntimo de siempre que es un primo el rey Simeón de Bulgaria, que en estos días presenta en Francia bajo el título “Un destino singular” y que con toda probabilidad pronto será traducido al español. Y mientras algunos esperan lo que consideran un merecido homenaje al rey saliente que no parece llegar, mañana martes una cadena televisión presenta en antena uno de sus grandes proyectos que es la teleserie “El Rey. Las perlas del programa no dejarán de ser esos dos amores de juventud del entonces príncipe que fueron la condesa Olghina Nicolis de Robilant (ahora muy estropeada y envejecida) y la princesa María Gabriela (“Ella”) de Saboya que continúa paseándose por la escena social internacional en compañía de su nuevo partenaire el empresario italiano experto en arte contemporáneo Giovanni Rondanini.

La nobleza española, más tolerante
 
Doña Sofía, por su parte, continúa con sus muy numerosas actividades públicas y privadas no cesando en su apoyo constante a los nuevos reyes, y hasta la nobleza, durante años tan crítica con la familia real por la política de Zarzuela en relación con ese grupo social, se muestra mucho más tolerante no solamente con don Juan Carlos y doña Sofía (“siempre supieron dar altura a la institución”, nos declara un título del reino) por quienes hasta se siente una cierta nostalgia, sino también con los nuevos reyes a quienes se apoya sin ambages a pesar de las reticencias de fondo que siempre nublan su aceptación de la reina doña Letizia.

Entre tanto en los Estados Unidos esa sobrina en segundo grado de doña Sofía que es la princesa Irene de Rumania, convicta ante los tribunales norteamericanos por organizar a instancias de su esposo John Walker mortales peleas de gallos en su rancho de Oregon, ha conseguido vender su propiedad rural para pagar la multa de 200.000 dólares que le fue impuesta para poder conseguir salir del país durante el proceso de probación del caso. La princesa ha hecho todo lo posible para poder viajar en próximas fechas a Bucarest para visitar a su anciano padre el rey Miguel, que a sus 93 años padece serios problemas de salud. 

Ricardo Mateos