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Odiado y admirado a partes iguales, nadie discute el enorme talento y el valor que añadió al conjunto de la competición

La vida de Michael Schumacher pende de un hilo. El aviso tras su accidente lo dieron su hijo Mick, de 14 años, y el marbellí Hubertus de Hohenlohe

Enero 1, 2014

El piloto de Fórmula 1 más exitoso de todos los tiempos, Michael Schumacher, se debate entre la vida y la muerte. Su vida pende de un hilo y los médicos del prestigioso hospital de Grenoble no son ni pesimistas, ni optimistas, no ven final de ningún tipo. A pesar de sus esfuerzos, la situación desde el día del accidente apenas ha cambiado, y continúa en estado crítico.

El pasado domingo día 29 esquiaba en una zona irregular entre dos pistas señalizadas en la estación invernal francesa de Méribel, donde tiene una casa, acompañado de su hijo Mick, de 14 años, y Hubertus de Hohenlohe, hijo del desaparecido noble y empresario Alfonso de Hohenlohe, ´creador´ de Marbella. Ellos fueron los que dieron la voz de alarma, y tuvo que ser un trago terrible para el segundo hijo de el Kaiser ver como su padre quedaba tendido en el suelo semiinconsciente.

Según su jefe de prensa, Sabine Kehm, el piloto se desplazaba a baja velocidad, tropezó con una roca oculta por la nieve y salió despedido hasta golpear con su cabeza otra parecida. A pesar de utilizar casco, las consecuencias no han podido ser peores, su protección saltó partida en dos. Del aturdimiento inicial se pasó a la gravedad, y de ahí al coma en que llegó hasta un primer hospital. De este fue helitransportado a otro con mejor equipamiento y en el que se le han practicado dos intervenciones quirúrgicas, una el mismo domingo, y otra en la noche del lunes. La idea principal fue aliviar la presión a su edema cerebral y diversas hemorragias en el interior de su cráneo. Dentro de la gravedad, su situación es estable pero los doctores no se atreven a hacer un pronóstico de ningún tipo. Temen por las consecuencias neurológicas en caso de que el herido salga adelante; es posible que sufra pérdidas de memoria o del control de alguna extremidad.

Experimentar sensaciones extremas

Schumacher ha disputado más de 300 carreras de F1 y ganado 91, se ha arrojado al vacío desde aviones, ha practicado la escalada de alta montaña, o pilotado motos por el puro placer de experimentar sensaciones extremas, pero esta, aparentemente la menos perniciosa es la que le ha acercado más a la muerte. A pesar de lo que pudiera parecer, el germano no es para nada un inconsciente y fue un obseso por la seguridad durante su época en activo, especialmente cuando presidió la GPDA (asociación de pilotos) Odiado y admirado a partes iguales, nadie discute el enorme talento y el valor que añadió al conjunto de la competición, por eso ahora todos están de acuerdo en dolerse de su estado. De ahí la presencia de aficionados a las puertas del hospital, las banderas de Ferrari o con su nombre ondeando alrededor, o el curioso pequeño homenaje que sus fans italianos le han montado en la estación central de Milán, con un árbol de navidad con fotografías suyas, una bandera alemana con su foto, y diversas cartas con deseos de mejora. Schumi los ha unido a todos.

Los galenos afirman que las primeras 72 horas son cruciales y estas acaban de pasar. Todos esperan, esperamos, que el viernes día 3 despierte de una mala pesadilla y pueda soplar las velas por su 45 cumpleaños.

José M. Zapico/Virutas
@VirutasF1