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La victoria de Donald Trump y sus retos económicos: Proteccionismo y gasto frente a una crisis económica en ciernes

Noviembre 10, 2016
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La sorpresa, que sólo aventuraban unos pocos analistas, se ha producido, pero con una contundencia que no estaba prevista. Las victorias de Donald Trump en Estados tradicionalmente demócratas como Michigan, Ohio y Pennsylvania no sólo le han llevado a la Casa Blanca, sino que resume y explica perfectamente por qué se ha producido y el perfil económico de la misma. La añoranza por el regreso a un pasado industrial glorioso, a las acerías de Pittsburgh, a las minas carbón de Ohio o West Virginia, a la industria automovilística de Detroit, algo que nunca se verá en las proporciones que logró en el siglo XIX y principios del siglo XX, por mucho que haya prometido Donald Trump en la Campaña Electoral, ha llevado a este giro inesperado.

El mito de las bondades del proteccionismo

La primera base de esta imposibilidad reside en un mito, el de los beneficios del proteccionismo. El desarrollo industrial de Estados Unidos en el siglo XIX y principios del siglo XX coincidió con un periodo de aranceles altos con el objetivo de proteger y desarrollar sus empresas frente a las importaciones especialmente de manufacturas del Reino Unido, la nación más industrializada de la época. Si bien es cierto que sirvió de ayuda, especialmente en la industria textil, la principal relación causa-efecto que explica su éxito radica en que Estados Unidos disponía de muchos recursos, muy baratos y una demanda por el crecimiento de la población que parecía no tener límite.

Andrew Carnegie se convirtió en la que se estima la segunda mayor fortuna de la historia y en magnate del acero en Pittsburgh gracias a la abundancia de madera, carbón y hierro existente al sur de los Grandes Lagos y por la enorme demanda de railes de ferrocarril que necesitaba la expansión hacia el oeste. Igual pasó con el explosivo crecimiento agrícola el medio oeste americano. En primer lugar, la productividad. Lejos del modelo de pequeñas parcelas que existía en Europa, en el medio oeste las parcelaciones eran inmensas y permitían beneficiarse de la mecanización incipiente. En segundo lugar, al igual que el acero o el textil, se benefició de la enorme demanda de productos por un crecimiento exponencial en población.

Pendientes de sus decisiones sobre los tratados de comercio

Hoy no existe esa demanda de productos industriales básicos. La Industria no es tan competitiva en costes (en la automoción, por ejemplo, se basa en coches grandes, costosos y contaminantes frente al asiático, el preferido por los norteamericanos), y su denostada inmigración, lejos de ser un mal, que quita empleo a los norteamericanos supone uno de los pocos acicates al crecimiento de la demanda interna.

A pesar de ello, uno de los ejes de su política nacionalista y proteccionista está en acabar con los acuerdos comerciales vigentes, al menos en los términos actuales. De entrada, quiere retirar a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP), que mantiene con países como Brunéi, Chile, Nueva Zelanda, Singapur, Australia, Canadá, Japón, Malasia, México, Perú y Vietnam. También aseguró en Campaña, su intención de suspender las negociaciones con la Unión Europea para cerrar el mayor acuerdo comercial de la historia el TTIP, un punto en el que como ya analizamos en Extraconfidencial.com coincide con la extrema izquierda de Podemos y la extrema derecha del Frente Nacional de Francia. También ha advertido a los países del Tratado de Libre Comercio de América del Norte que va a revisar el acuerdo para lograr “mayores beneficios para los trabajadores” del país. Si no aceptan sus términos, EE.UU. se retirará del pacto. Esta es la razón principal que ha llevado a que en la misma noche electoral se desplomara el peso mexicano.

Recesión en ciernes y la tentación del gasto Federal

Es posible que estas medidas suban el precio de un coche Toyota o Lexus frente a un General Motors o Ford. Pero el precio no es el único motivo que lleva a que se elija entre un determinado vehículo. También que acabe con restricciones medioambientales y opte por energías más contaminantes y nacionales como el carbón nacional o a una explotación masiva del petróleo nacional, mucho más caro en la extracción, pero con ello que los costes de producción sean superiores y acabar así con buena parte de los beneficios proteccionistas. Pero especialmente, vivimos en un mundo globalizado. No es siglo XIX en el que sólo había que protegerse de las importaciones de Gran Bretaña. Si Estados Unidos pone traba a la compra de productos, el resto de los países hará lo mismo con los suyos. Se puede llegar a un juego de “suma cero” en el que lo que se gana por un lado limitando las importaciones se pierda por otro, con menores exportaciones, y todo ello en un momento delicado económicamente.

Desde hace meses la economía norteamericana da síntomas de ralentización. Los beneficios de las empresas decaen y la mayoría de los analistas pronostican la entrada en recesión en los próximos meses. Todo ello se agravaría con su reforma fiscal. Si baja la recaudación de impuestos en un momento de decrecimiento de los beneficios la recaudación fiscal en todos los estratos (Federal y de cada una de los Estados), puede decaer de forma rápida, agravando los problemas económicos. La tentación estará en iniciar rápidamente su programa de Infraestructuras y Obras Públicas. Esta inyección de dinero Federal podría mantener artificialmente el empleo, o al menos aminorar su caída, pero dispararía el déficit público. Algunos analistas ya hablan de casi un 110% del PIB, más de 16 veces el que tiene España y que tanto preocupa a la Unión Europea.

Donald Trump y sus asesores económicos saben perfectamente de estos problemas y el difícil equilibrio al que se enfrentan y, por todo ello, los mercados financieros han agradecido su discurso con un talente más moderado. Las promesas son una cosa y la realidad es otra y por ello buscará una ponderación entre su programa electoral y qué puede hacer en unas circunstancias difíciles. Estados Unidos se juega mucho pero también todo el mundo.