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Según Agag, el único regalo que le hizo Francisco Correa por su matrimonio con la hija de Aznar "fue exclusivamente el montaje de la iluminación de la celebración posterior a la boda"

La verdadera historia sobre la conexión Gürtel, Agag y Aznar-Botella

Mayo 22, 2013

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Fuentes jurídicas solventes no saben explicar por qué el primer instructor de la causa, el juez Baltasar Garzón, no se atrevió a practicar el registro de las oficinas de Alejandro Agag y sí, en cambio, vigiló a su amigo íntimo, Jacobo Gordon
Todo indica que la Fiscalía Anticorrupción, liderada por Antonio Salinas, mantenido en el cargo por el PP, no fue tan dura por entonces como ahora lo es con el yerno del rey Juan Carlos, Iñaki Urdangarín

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En el 2009, hace ya cuatro años, quien esto suscribe publicaba con la editorial La Esfera de los Libros un manuscrito titulado “Matrimonios S.A.”, donde en un capítulo titulado “Alejandro Agag-Ana Aznar: El mejor partido para un suegro” narraba la amistad íntima de Alejandro Agag, y también en ocasiones de Ana Botella, con determinados imputados en la trama Gürtel. Un caso que ahora se ha convertido en la causa de la supuesta financiación irregular del PP, y que es objeto de todo tipo de informaciones ya recogidas en parte en dicho libro.

Pero no todo en la vida son satisfacciones y gratificaciones. Y eso le ha ocurrido también a Alejandro Agag y Ana Aznar Botella, la hija de la actual alcaldesa de Madrid, Ana Botella, y del ex presidente del Gobierno de España, José María Aznar. Uno de los mayores disgustos que ha tenido este matrimonio ha sido ver que muchos de sus amigos íntimos, algunos de ellos testigos de su boda, han sido imputados en el caso Gürtel: Francisco Correa, Jacobo Gordon, Álvaro Pérez, Alberto López Viejo, etc. Un escándalo conocido popularmente e internacionalmente como el de las comisiones del PP. Una operación iniciada en el año 2004 por el juez Baltasar Garzón, entonces titular del Juzgado Central nº 5 de la Audiencia Nacional, y que no saltó a luz pública hasta febrero de 2009, con la detención el día 6 de ese mes de Francisco Correa Sánchez, el cabecilla de la trama, testigo en la boda de Alejandro Agag (por vía del novio) y organizador con su empresa Special Events de la fastuosa despedida de solteros de la pareja en la discoteca Gabana de Madrid.

Boda en El Escorial

Ana se casó 21 días antes de cumplir los 21 años y Alejandro trece días antes de cumplir los 31. La ceremonia se celebró el día 5 de septiembre de 2002 en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Fue el acontecimiento social del año, como si se tratara de una boda de Estado. Con un rango institucional y político solo igualable a las bodas reales del príncipe Felipe de Borbón y de las infantas Elena y Cristina. A ella acudieron los Reyes de España, los entonces primeros ministros de Italia, Silvio Berlusconi con el que Agag había intimado en su palacete lombardo de Villa di Arcore, y del Reino Unido, Tony Blair con el que había estado en su residencia oficial de campo en Chequers, en el condado inglés de Buckinghamshire. El banquete, con un coste estimado que sobrepasaba los 120.000 euros, se celebró en la finca Los Arcos del Real, situada en el kilómetro tres de la carretera que une El Escorial con Guadarrama, con 12.000 metros cuadrados de extensión, y hasta donde se desplazaron los invitados en varios autobuses que eran vigilados por las Fuerzas de Seguridad del Estado. Según se recoge de la documentación incorporada al sumario del caso Gürtel que instruye la Audiencia Nacional, dicha trama pagó una parte de los gastos de la boda: 32.452 euros. Según la documentación, la empresa de Correa se hizo cargo de determinados servicios de la fiesta, como “iluminación, andamios, generadores, parking, acreditaciones, alojamientos técnicos…”, sin cobrar por ello a los novios. Esta información figura en la documentación incautada por la policía, hace más de dos años, en una nave que utilizaba la red para guardar material diverso.

Así mismo el Ayuntamiento de El Escorial puso a disposición de la familia Aznar-Agag todos sus medios disponibles, como si se tratase de un acto público. El entonces segundo teniente de alcalde de este municipio, Alberto Bosch, más tarde aupado a diputado autonómico del PP, cogió el mando de las operaciones en contacto directo con Moncloa y, en concreto, con el jefe de gabinete de Aznar, Antonio Cámara con el que se carteaba y que luego fue ubicado tras su salida de Moncloa dentro de la trama de empresas de la Gürtel. En esas misivas previas a la boda se le notificaba al secretario de Aznar la situación en la que se encontraba hasta el más mínimo detalle, como el aparcamiento o las obras paradas para la ocasión: “Confirmada la retirada de vallas de obra y de casetas en la fachada principal de la lonja del Monasterio, así como las vallas y el acopio del material de obra del Patio de Reyes”. En referencia al problema añadido del parking, le indicaba: “El aparcamiento nos da 350 plazas pudiendo llegar a las 450-500, trasladando ese día a los abonados que tienen al otro parking de la plaza de la Constitución”.

Despedida de soltero

Ya dos días antes de la boda se celebró la despedida de solteros, también  con todo tipo de ínfulas sociales, en la discoteca Gabana 1800, una antigua sala de fiestas situada en la madrileña calle de Velázquez y muy próxima al Hotel Wellington, el conocido hotel de los toreros. Para ello se cortó la calle de Velázquez al tráfico hasta acabar el evento, se dejó sin coches, se adornó y se limpió más que correctamente, y se instaló una gran alfombra roja a la entrada de esta discoteca chic propiedad del empresario del Tito José Pajares San Román, íntimo amigo de Alejandro Agag y miembro a su vez del clan de Becerril. Tito Pajares estuvo casado con Begoña García Vaquero, hoy mujer del también empresario del ocio Pedro Trapote (sala Pachá y Joy Eslava) y hermana de la actual compañera sentimental del ex presidente del gobierno socialista Felipe González, María del Mar García Vaquero.

Todas esas atenciones especiales que se desplegaron en la calle Velázquez se debieron al interés tomado por otros dos viejos amigos de Alejandro, también miembros del clan de Becerril y por entonces políticos municipales en activo: Sigfrido Herráez Rodríguez y Alberto López Viejo. El primero, a la sazón concejal de Movilidad Urbana del Ayuntamiento de Madrid, que meses más tarde siendo concejal de Vivienda otorgó un contrato público a Special Events, la empresa de Francisco Correa (jefe de los Gürtel y amigo de Agag). Y el segundo, hoy imputado en la trama Gürtel de comisiones, por entonces concejal de Limpieza Urbana y Desarrollo Medioambiental del Ayuntamiento de Madrid, quien luego fue recogido por Esperanza Aguirre para nombrarle viceconsejero de Presidencia y más tarde consejero de Deportes de la Comunidad de Madrid, hasta su destitución fulminante por recibir presuntos sobornos (según el auto del juez Garzón hasta 238.000 euros) del cabecilla de los Gürtel, Francisco Correa, que fue quien organizó la despedida de soltero del yerno de Aznar en la discoteca Gabana a través de su empresa Special Events, la sociedad matriz de todos los pagos y sobornos que afectan a dirigentes del PP. Correa había elegido Gabana porque desde siempre había sido la discoteca preferida de Alejandro, quien en su día también hizo sus pinitos empresariales en la noche con un local llamado Tarambana en el mismo centro de Madrid, en la populosa zona de Sevilla.

La despedida fue radiante, con todo tipo de derroches y lujos: desde coches especiales para los invitados hasta conjuntos musicales traídos ex profeso. Sin faltar un gran tenderete montado a las puertas de la discoteca donde a los novios se les tomaron fotografías en las que aparecen sonrientes y satisfechos por todo lo que estaban viviendo, al igual que la madre de la novia Ana Botella que acudió a la cita. Se calcula que fueron unos 450 los invitados a este ágape prenupcial. Había desde niños pijos, hasta reconocidos financieros y políticos, pasando por modelos, guapos y famosas. Entre ellos, el entonces ministro José María Michavila, también vinculado posteriormente con operaciones especulativas en los municipios liderados por el PP madrileño y cuya hermana Ana fue la directora del gabinete del ex presidente valenciano del PP, Francisco Camps, a su vez amigo de Agag. Como tampoco faltó a la cita el directivo designado por el PP en la presidencia de Caja Madrid, Miguel Blesa, que recientemente pisó la cárcel de Soto del Real por presunta corrupción. A todos los invitados de Agag no les faltó de nada mientras estuvieron en Madrid. Desde automóviles a complementos, pasando por peluquería y manicura. De ello se encargaron cuidadosamente los hombres de Francisco Correa, cabecilla de los Gürtel. Fue su mano derecha Álvaro Pérez Alonso, conocido como El bigotes, un experto de la noche y especialista en fiestas y todo tipo de eventos el que preparó todo, al igual que hacía en Becerril de la Sierra con las reuniones del grupo de jóvenes del PP liderados por Agag y en las que no faltaba detalle alguno.

El papel de Álvaro Pérez Alonso

Pérez, era por entonces un personaje de porte singular, con bigote retorcido, al estilo del pintor Salvador Dalí, de estatura baja, corte pomposo, casi siempre con traje azul, pelo para atrás y engominado –muy del estilo del PP de Agag-. Aterrizó en la cadena de emisoras Onda Cero, tras la llegada del clan Villalonga a esta emisora de radio. Nadie sabía el por qué, pero todos indicaban que era por orden del entonces jefe de la cadena, Javier Gimeno. “El Domador”, “Dalí”, “El Bigotes”, sus apodos, o ahora el de “El Barbas”, como quiere que hoy se le conozca, era un hombre muy próximo a Alejandro Agag y al entorno de Ana Botella. Tanto que era como el “niño mimado” de la actual alcaldesa de Madrid, con contacto directo, según fuentes de la investigación. Así a Álvaro Pérez le daba tiempo también a asesorar en muchos de los actos institucionales y electorales de la entonces concejala del Ayuntamiento de Madrid, Ana Botella, suegra de Agag. Mientras que Paco Correa estaba en el otro lado, siendo “la mano derecha” del entonces secretario general del PP, Francisco Álvarez Cascos. “Se repartían los papeles” afirman estas fuentes.

Luego tras ganarse la confianza de Correa, el Bigotes pasa a convertirse en el ejecutivo de la matriz valenciana del clan. La sociedad del holding que él gestionaba, Orange Market, se aupó como la firma de cabecera de los populares en Valencia en la organización de todo tipo de actos.

En un reciente comunicado de Alejandro Agag al diario El País indicaba que:

“D. Francisco Correa fue invitado por el Sr. Agag a su boda, hace 10 años y medio, y debido a su relación de amistad en esa época, fue uno de los testigos del Sr. Agag en el enlace”.

“El regalo que el Sr. Correa hizo al Sr. Agag por su matrimonio fue exclusivamente el montaje de la iluminación de la celebración posterior a la boda. Este era un servicio habitual que el Sr. Correa prestaba en esa época con su agencia de eventos”.

“El Sr. Agag ignora la cuantía de dicho concepto”.

“El Sr. Agag no ocupaba ningún cargo público en esa época”.

“El Sr. Correa no estaba imputado en ninguna causa judicial en esa época”.

“El Sr. Agag se reserva las acciones judiciales correspondientes contra cualquier medio que sugiera cualquier tipo de conducta irregular por su parte”.

Nueve años de investigación

La investigación judicial del caso Gürtel se inició en el 2004 a raíz de los chivatazos de algunos miembros directivos del PP disgustados por las comisiones que se estaban pagando a esta red de empresas y amigos de Agag, organizadores de numerosos actos vinculados con el PP. Sobre todo, en la zona de varios municipios de la Comunidad de Madrid, como Majadahonda, Boadilla del Monte y Arganda; así como en la capital de España. Normalmente, los grandes partidos políticos solicitan los servicios de empresas “amigas” y les otorgan contratos millonarios. En el PP durante muchos años, sobre todo durante finales de los noventa y la primera mitad de los años 2000, la sociedad más beneficiada tenía un nombre: Special Events, propiedad de Francisco Correa, el amigo y testigo de Agag. Special Events se convirtió en el buque insignia del entramado de empresas factureras que consiguió suculentos contratos en algunas comunidades autónomas gestionadas por el PP como Valencia, Madrid, Galicia, aunque también logró “buenos negocios” en Andalucía.

Fue en los primeros meses de 2005, a falta todavía de cuatro años para que el caso Gürtel saltara con gran alarde tipográfico a la luz pública, cuando los cenáculos de poder de Madrid empezaron a conocer con precisión la realidad sobre estas empresas factureras vinculadas a los amigos de Alejandro Agag. Pero, sobre todo, se tenía un amplio informe en la sede popular de la calle Génova, donde Mariano Rajoy había dado órdenes tajantes de eliminar y quitar de en medio a estas sociedades. Y de hacerlo lo antes posible para no “enmendarles”.

Hoy, fuentes jurídicas solventes no saben explicar por qué el primer instructor de la causa, el juez Baltasar Garzón, no practicó el registro de las oficinas de Alejandro Agag y sí, en cambio, vigiló todos los movimientos de su amigo íntimo y testigo de su boda, Jacobo Gordon. Todo indica que la Fiscalía Anticorrupción liderada por Antonio Salinas, mantenido luego en el cargo por el PP, no fue tan dura entonces como ahora lo es con el yerno del rey Juan Carlos, Iñaki Urdangarín. ¿Y por qué?, se preguntan todavía algunos.

Juan Luis Galiacho