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LA OTRA VIDA DEL EX PRESIDENTE DEL CONGRESO (I)
El político socialista cobrará 800.000 euros por un libro que sacará en otoño la editorial Planeta repleto de alabanzas y recuerdos medidos

La verdadera historia de un camaleón: las contramemorias de José Bono

Abril 23, 2012

Llegó a sustituir a su padre en los actos oficiales, como ocurrió a finales de los años 60, en el curso de mandos de la Guardia de Franco, celebrado en la Urbanización Playa Romántica de Mallorca, donde se reunía toda la élite falangista vestida con la camisa azul y, lógicamente, cantando “el cara al sol”

Su vida cambió: pasó de ser cura a convertirse en un político

El ex presidente del Congreso fue considerado por algunos medios como el “topo” de Alfonso Guerra en la defenestración del PSP. Nunca perdonaría el “viejo profesor” las maniobras de su alumno Pepe Bono


José Bono Martínez nació un 14 de diciembre de 1950, un día frío y nevado, en Salobre (Albacete), un pequeño pueblecito manchego de 600 habitantes que linda con Jaén. Sus padres tenían en Salobre una tienda de confección llamada “Tejidos, paquetería, ferretería Bono”, situada en la Avenida del Generalísimo, número 11. El padre de Bono, José Bono Pretel (14 de agosto de 1923) ingresó en la Falange Tradicionalista y de la Jons el 22 de enero de 1952, con número de carné 230096. Fue alcalde del pueblo de Salobre (Albacete) desde 1957 hasta 1974.

Por eso Pepe Bono II, como le gusta que le llamen en su pueblo, tuvo una infancia acomodada a pesar de lo que manifiesta públicamente en mítines. Según alguno de sus paisanos de Salobre: “Pepe tenía siempre algo que echarse a la boca y una cama donde tumbarse, no como los demás”. Él lo ratifica: “mi familia no era pobre. En casa nunca faltó lo necesario, pero tampoco, andábamos sobrados de nada. He sabido valorar lo que es y no tener cosas”. Entre estos pequeños privilegios –a pesar de su “pobreza”- tuvo el de estudiar en los jesuitas de Alicante. Fue octubre de 1960, con nueve años, cuando sus padres le internaron en el “Colegio Inmaculada” de los jesuitas. Entraba por recomendación del entonces Gobernador Civil de Albacete, Santiago Guillén Moreno, quien les propuso esta alternativa antes de que el niño fuera a estudiar al único instituto que había en la provincia de Albacete, situado todavía hoy, en la Avenida de España de la capital manchega.

Sus padres preferían tener al pequeño Pepe controlado por los jesuitas antes que hospedado sin control en una pensión cualquiera. “Lo pasé muy mal y mis padres sufrían mucho porque era hijo único y eso suponía que casi no nos veíamos (…). Acomodarme a las nuevas costumbres, estar alejado de mis padres y soportar la rígida disciplina del internado me costó mucho esfuerzo. De todo había en el Colegio, pero algunos jesuitas parecían poco dotados para la enseñanza”. Uno de sus jesuitas favoritos era el padre Sansalvador, que de vez en cuando le propinaba un capón y que era quien corregía las cartas que enviaba a sus padres, su único medio de comunicación con ellos. Otro de sus curas era el padre Cortés, encargado de hacer las fotos del cuadro de honor. De aquella época también era el padre Gaya que se encargaba del mantenimiento del centro escolar. En el Colegio de los Jesuitas de Alicante la opinión política dominante por entonces era de abierta y clara adhesión al régimen de Franco.

A punto de ingresar en un noviciado de la Compañía de Jesús

Fue al acabar el curso 1966-1967, cuando Bono figura ya en la orla de preuniversitario del Colegio de la Inmaculada. Ese mismo año, de 1967, estuvo a punto de ingresar en un noviciado de la Compañía de Jesús junto con su compañero Manuel Campillo: “Manolo y yo estábamos decididos a ingresar juntos en el noviciado de Veruela, nos costaba mucho dejar -el mundo- y, especialmente, los amores juveniles. Aún conservo aquellas cartas de despedida de nuestras amigas y el fervor religioso que las inspiraba (…) Mi estancia en régimen de internado durante siete años en el colegio de los jesuitas de Alicante aseguraba una formación religiosa arraigada. Primero fui Cruzado y después Congregante Mariano. Misa y rosarios diarios, salves, meditaciones y mucha amenaza escatológica me condujeron a una intensa vivencia de la fe y a reconocerme llamado por Dios”, según cuenta en el libro José Bono se presenta.

Bono tomó esta trascendental decisión de convertirse en sacerdote durante los ejercicios espirituales celebrados en el Convento de los Padres Jerónimos de Murcia. Sin embargo, en el momento final creyó conveniente paralizar por unos meses su decisión. “Me preocupaba muchísimo decírselo a mis padres. Pensé que el esfuerzo que hicieron para darme estudios merecía ser coronado con una ingeniería, y si era de Caminos, Canales y Puertos mejor. En estas circunstancias se produjo la muerte de mi madre, y no me pareció prudente trasladar a mi padre más agobios de los que ya tenía. Pensé que sería mejor esperar un año, comenzar la carrera y, cuando la herida de la muerte de mi madre estuviera más curada, hablar con mi padre y ponerme la sotana”. Bono acababa de cumplir los 16 años y la muerte imprevista de su madre Amelia Martínez Soria, el 18 de marzo de 1967, le causó un trauma.

Destacaba en sociabilidad pero no en espíritu de cooperación

En los estudios psicotécnicos de los jesuitas destacaba en “sociabilidad y en alegría en el trato”, pero no en “espíritu de cooperación”, ni en “agilidad y precisión de movimientos”, siendo sus notas inferiores a la media establecida. A José Bono nunca le ha gustado estudiar “y cuando lo hacía, hasta que no terminé la mili, no era para aprender, sino para no darle un disgusto a mi padre, fundamentalmente, y lo de aprender venía después”, contaba al diario “La Verdad de Albacete” en el verano de 1990. Cuando finalizó el bachiller le hicieron otro test psicotécnico para orientarle profesionalmente, le aconsejaron periodismo, carrera para la que mostraba más aptitudes. Desoyó estos consejos, ya que sus notas en los jesuitas de Alicante rondaban la media de notable y su padre quería que estudiara ingeniería. Finalmente acabó estudiando lo que él quería, Derecho en la Universidad de Deusto (centro conocido por el nombre de ICADE, donde también se estudia Económicas, carrera que nunca ha ejercido).

Llegada a Madrid

Al llegar a Madrid consiguió plaza en el Colegio Mayor “Nuestra Señora del Buen Consejo” también regentado por la Compañía de Jesús. De este modo pretendía cultivar mejor su vocación religiosa. Pero fue precisamente en este centro donde comenzó su toma de conciencia política y donde abandonó finalmente su idea de entrar en un seminario. Eso sí, ingresó en la Congregación Mariana FECUM (Federación Española de Católicos Universitarios Marianos). Allí coincidió con estudiantes de Derecho comprometidos por la causa anti-franquista como Paquita Sauquillo, Nacho Montejo, Luis Javier Benavides, éste último luego asesinado en la matanza de los abogados laboralistas de la calle Atocha, en Madrid. El ambiente del Colegio Mayor era claramente contra el régimen franquista. “Un grupo de sacerdotes progresistas como Caso, Mielgo, Coy… se encargaron de que los colegiales fuéramos comprometiéndonos políticamente. Compaginábamos nuestra fe cristiana con una actividad subversiva de cierta intensidad. Reparto de panfletos, reuniones con grupos obreros en el Hogar del Empleado, visitas a familiares de presos políticos, colectas económicas a su favor, manifestaciones, etc…”.

En 1968 ingresa en el SEDEUM (Sindicato de Estudiantes Madrileños) y radicaliza sus posturas. Bono comprendió rápidamente que sus iniciales veleidades falangistas que le inculcó su padre no le darían el poder deseado. Que sustituir a su padre en los actos oficiales, como ocurrió a finales de los años 60, en el curso de mandos de la Guardia de Franco, celebrado en la urbanización Playa Romántica de Mallorca, donde se reunía toda la élite falangista vestida con la camisa azul mahón y, lógicamente, cantando “el cara al sol”, le ocasionaba problemas y que no era lo deseado por él. Posteriormente, comienza a hacer las milicias universitarias en el cuartel de Valladolid, con rango de alférez en caballería. 

Su primer contacto con Enrique Tierno Galván

Al acabar la carrera, dónde se le atragantó la asignatura de Derecho Administrativo, decide no hacer oposiciones y conformarse con una plaza de profesor ayudante en la universidad. Fue su amigo Raúl Morodo, compañero del PSP, quién le facilitó en 1974 el contrato de profesor ayudante en la Universidad Complutense de Madrid, en la disciplina de “Introducción a la Ciencia Política”. Entre los profesores afines a él se encontraba el médico Donato Fuejo, luego presidente del Consejo de Seguridad Nuclear durante el Gobierno de Felipe González. También, en esa época, mediados de los setenta, José Bono, comienza a trabajar como abogado especializado en Derecho Matrimonial y Laboral, a la sombra del bufete de Raúl Morodo, sito en la calle Eduardo Dato, de Madrid, llegando a ser asesor jurídico de la Empresa General Eléctrica Española. Con esta actividad, bien remunerada por entonces, se dedicó a defender a compañeros en el Tribunal de Orden Público y ejerció la acusación popular en los crímenes de los abogados laboralistas de la calle Atocha. Esa posición desahogada le permitió comprar coche y casa en Madrid.

Cuando entró en política, ya demostró su habilidad demagógica, diciendo al periodista Sebastián Moreno que su fortuna más preciada era un reloj marca “Choper” que le había regalado su padre.

Los años finales de la década de los sesenta marcaron los inicios de su actividad política. En 1969 conoció a Enrique Tierno Galván que lideraba el Partido Socialista Popular (PSP), donde ingresó como militante un año después. “Mientras los socialistas sevillanos se comían la famosa tortilla y vestían de pana, yo recibía las enseñanzas de Enrique Tierno, en su despacho de la Calle Marqués de Cubas, número 6, cuarto piso”. El ex presidente de Castilla-La Mancha llegó a ser secretario de organización del PSP, el tercer hombre después de Tierno, presidente, y Morodo, secretario general. Y no abandonó el partido hasta la absorción del PSOE.

Sus inicios políticos

El primer mitin de Bono lo dio en el colegio mayor Pío XII el 14 de noviembre de 1976, siendo ya profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense. Fue un encargo del profesor Tierno Galván para que realizara un acto público en contra del referéndum de la Ley de Reforma Política, que mayoritariamente el pueblo español votaría a favor posteriormente. El paso más decisivo en su ambición de poder –es tan político que tiene la habilidad de no parecerlo- lo da en 1977, recién instaurada la democracia por Adolfo Suárez, volviendo a su provincia, Albacete, y tratando de salir diputado. Como su partido, el PSP, no tenía ningún asentamiento en Albacete, se alía con los demócratas cristianos de Joaquín Ruiz Jiménez. El resultado electoral fue una derrota, alcanzando muy pocos votos. Se presentaba por la candidatura denominada de Centro Izquierda de Albacete.

Poco después, las deudas acorralan al PSP y el PSOE trata de absorberlo. En abril de 1978 junto a Tierno Galván firmó un acuerdo de unidad entre el PSOE y el PSP. Bono es uno de los hombres-puente de la operación, y Alfonso Guerra, el otro. Bono fue considerado por algunos medios como el “topo” de Alfonso Guerra en la defenestración del PSP. Nunca perdonaría el “viejo profesor” las maniobras de su alumno Bono, quien a partir de la absorción sube enteros dentro del PSOE. El profesor Tierno Galván murió enfadado, como lo certifican los párrafos agresivos que le dedica en su libro “Cabos sueltos” a José Bono, por entonces mandatario de Castilla La-Mancha.

Salto a la política nacional

El político se apodera del aparato del partido socialista en Albacete y se catapulta en la región, favorecido por el deterioro y división de la UCD de Adolfo Suárez. Alfonso Guerra bendice todos sus actos electorales con su presencia. Sale elegido por primera vez diputado en 1979 por el PSOE de Albacete y se le premian los servicios prestados en la demolición del PSP con la secretaría cuarta del Congreso de los Diputados. En noviembre de ese mismo año fue elegido secretario del Consejo de los Diputados. Allí estaba “muerto de miedo”, como ha reconocido, con la nariz a dos palmos de la pistola del teniente de la Guardia Civil Antonio Tejero el día 23-F de 1981. Meses más tarde, el 20 de abril de 1981, fallecería su padre víctima de un accidente de automóvil al despeñarse su coche por un barranco, muy cerca de su pueblo de Salobre.

La muerte de su padre le hace cambiar, y una vez en la presidencia de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha (1983-2004), se convierte en el interlocutor de la línea más oficialista del PSOE felipìsta en todos los conflictos públicos: Cabañeros (la postura de Alfonso Guerra frente a la de Narcís Serra); Anchura (la política del partido y del Gobierno); la huelga general del 14-D (la postura del Gobierno)… y así sucesivamente.

Esta es la primera parte de la verdadera contramemoria de un camaleón llamado José Bono Martínez.

Juan Luis Galiacho