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Está en el ojo del huracán

La “Trampote” exige vestidos para ir a un bolo

Noviembre 16, 2010

Trampote –así la acuñan algunos escritores de trayectoria impecable-, que en los últimos meses se ha convertido en un auténtico punch de boxeo, no es consciente de los errores que comete. Quienes la conocen bien insisten en que está cegada por una fama que es igual de efímera que traicionera. Son muchos los que le han advertido que debería cambiar de aires, reconciliarse con la vida e intentar definir su trayectoria en los medios de comunicación.

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Menudo desastre. Beatriz Trapote vivió el pasado sábado su noche más horrible desde que decidiera saltar al coso televisivo. La madrileña, que acudió al espacio que modera Jordi González, para presentar su primer libro “Kamasutra sin límites” se quedó compuesta y sin caché. Y es que el equipo de investigación de ‘La Noria’ descubrió que el citado libro se había puesto a la venta cinco años antes, bajo el título de ‘Kamasutra salvaje’. Pues bien, Trapote, que un principio se vanaglorió der ser escritora, acabó confesando que únicamente había sido colaboradora del magnánimo trabajo de Marquesa X, una experta sexóloga muy conocida en las artes literarias. Según lo colaboradores del programa, la única novedad del primero son treinta y siete páginas en las que se detallan nuevas posturas sexuales. Sin embargo, según fuentes consultadas, las páginas controvertidas tampoco fueron escritas por la periodista. Ella sólo es la responsable del esquema –nunca del texto- del prólogo. Alguien se encargó de escribírselo. Es, sin duda alguna, un sonado fraude que ha dejado tocado y hundido a un personaje que vive, con cierta vertiginosidad, su ocaso televisivo.
Trampote –así la acuñan algunos escritores de trayectoria impecable-, que en los últimos meses se ha convertido en un auténtico punch de boxeo, no es consciente de los errores que comete. Quienes la conocen bien insisten en que está cegada por una fama que es igual de efímera que traicionera. Son muchos los que le han advertido que debería cambiar de aires, reconciliarse con la vida e intentar definir su trayectoria en los medios de comunicación. Mientras eso llega, Beatriz deja cadáveres en el camino. El último, el de su representante Raúl Torres, quien se encargaba de buscarle bolos para los sábados y fiestas de guardar. Me cuenta que fue sonada la discusión que mantuvieron hace unos días cuando la colaboradora fue invitada a la elección de Caballero de España en Alicante. La celebérrima informadora exigió que para acudir como jurado a tan prestigioso certamen se le confeccionaran dos vestidos. Y así fue. No sin el asombro, quizás vergüenza, que produjo tan sorprendente petición. ¡Ni que fuera Francisco Camps!