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La sorprendente transformación de Luis Alfonso de Borbón: más jovial, más cercano, más amable, pese al desprecio e indiferencia de la casa real española

Octubre 6, 2015
luis alfonso borbon felipe vi

Desde Francia nos llega noticia del renovado contento de los viejos legitimistas con Luis Alfonso de Borbón que, tras años de mantener un perfil relativamente bajo en el país cuya corona pretende como rey “de derecho” Luis XX, desde hace ya meses parece haber retomado con muchos ánimos y con una mucho mejor disposición la causa emprendida por su abuelo, el complicado infante don Jaime, que su padre, el duque de Cádiz, supo llevar a su máxima expresión con grandes esfuerzos. Y es que, nos dicen que el príncipe Luis se muestra mucho más jovial, más cercano, más amable, en contraposición a aquel joven hosco, esquivo, y con un francés poco fluido de otro tiempo que a momentos llegó a generar una notable decepción entre sus propios seguidores. Hay quien lo achaca a su matrimonio y al nacimiento de sus hijos, y quizá tenga también que ver con la nula consideración que recibe por parte del palacio de la Zarzuela para quien entra en esa vaga definición de “familia del rey” sin reconocérsele en ningún momento su calidad de jefe de la casa real de Francia como duque de Anjou por considerarse una cuestión completamente ajena a la casa real de España.

En enero pasado no faltó a la misa en la Capilla Expiatoria por el 222 aniversario de la muerte de Luis VXI en la guillotina pronunciando un discurso para la ocasión, en mayo él y su esposa Margarita Vargas hicieron una exitosa gira por Bretaña, en julio el prestigioso  Figaro Magazine le dedicaba su portada, y el pasado  19 de septiembre tomó parte en el encuentro familiar propiciado por el príncipe Charles-Henri de Lobkowicz para conmemorar los 1.100 años de la Casa de Borbón. El 3 y 4 de octubre se le esperaba en la ciudad de Reims para conmemorar el V centenario de la coronación de Francisco I, cita a la que parece que finalmente no podrá acudir por haber tenido que marchar a Venezuela para atender a los importantes negocios de su familia política. Pero es más que probable que el 15 de octubre no falte a la celebración de la misa por el tricentenario de la muerte del gran Luis XIV en la Iglesia parisina de Saint Roch.

Disputas internas camino del desprestigio

La estrella de Luis Alfonso parece pues ir en alza en Francia, la república más aristocrática del mundo, y no es extraño que ello coincida con la debacle en la Casa de Orleans, sus oponentes a la jefatura de la casa real francesa. Hace largo tiempo que las disputas internas entre los hermanos Orleans, los hijos del viejo conde de París, han llevado al desprestigio a una familia real que en otro tiempo gozó de un gran prestigio internacional además de una enorme fortuna a día de hoy completamente desaparecida.

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Luis Alfonso de Borbón y Margarita de Vargas en el besamanos tras la coronación de Felipe VI

Un sumatorio de malos entendidos sucesorios entre el actual conde de París y su hijo el duque de Vendôme (no queda claro quien ostenta la jefatura de esa casa), de desencuentros entre los hermanos, y de peleas por una herencia envenenada cuyos pequeños restos (una parte infinitesimal de una fortuna incontable hace tan solo 50 años), salían a subasta el martes y el miércoles en los salones de la prestigiosa casa de subastas Sotheby’s en París. Se trata de bienes que los hermanos Orleans ganaron un pleito a la Fundación San Luis a la que los había cedido su padre, consiguiendo que les fuesen reintegrados cuadros, muebles, dibujos y otras piezas de gran valor que se encontraban en el castillo de Amboise. Pero conseguido eso tampoco les fue sencillo ponerse de acuerdo para proceder a esta subasta que ahora viene a aportarles un muy necesario capital líquido, pues hemos sabido que la princesa Diana, duquesa de Wurttemberg, impuso como condición que la venta fuese orquestada por Sotheby’s, empresa que su hijo el duque Felipe de Wurttemberg representa en Alemania. Una venta que generó un enorme interés en Francia por la calidad de los 232 objetos y que produjo 4 millones de euros (el doble de lo estimado) solo en la primera jornada, y a la que asistieron varios miembros de la familia como el duque de Orleans, los duques de Chartres, el conde de Eu, las princesas Helena y Diana y los condes de Dreux (otros prefirieron pujar por teléfono).

El presagio del conde de París: “Yo no os dejaré sino el odio”

Por tratarse de objetos de gran valor histórico el Estado francés se había reservado el derecho de compra favoreciendo así las pujas de los castillos de Versalles, Eu y Chantilly, del Museo del Louvre y del Museo de la Legión de Honor, aunque otro de los importantes compradores fue el Banco de Francia alegando mecenazgo cultural. Los resultados de las sumas obtenidas superaron todas las expectativas, con tres piezas (entre ellas una suntuosa vajilla de porcelana de Sèvres vendida por 495.000 euros), que alcanzaron un valor diez veces superior al estimado. Algunos de los objetos fueron adquiridos por miembros de la joven generación de la familia, mientras que muchas de las otras piezas pasaron a distintos parientes de la realeza con economías mucho más holgadas cuyos nombres no se desvelan.

Sin embargo, las críticas no se han hecho esperar pues a los 6,2 millones obtenidos durante los dos días de subasta han de restarse el 30% de comisión que percibe Sotheby’s, y el 35% de derechos de sucesión que se lleva el estado francés, quedando un líquido cercano al 1.400.000 euros a repartir entre los 10 herederos que acabarán recibiendo en torno a los 215.000 euros cada uno. Una cantidad ciertamente parca por desprenderse de los últimos tesoros de la casa real de Francia, de los que ahora sólo quedan tres grandes piezas que se libraron de la venta (entre ellas un magnífico retrato de Enrique IV), por estar catalogadas como “tesoros nacionales” que no pueden abandonar el territorio galo. Triste fin de una larga historia de descalabros iniciada por el viejo conde de París, que antes de morir en 1999 espetó a sus hijos: “Yo no os dejaré sino el odio”.

Ricardo Mateos