Menú Portada
El Duque de Lugo asegura sentirse un poco cansado por el interés de la prensa

La sonrisa de Doña Elena tiene sabor portugués

Noviembre 21, 2007

Varios días después de la confirmación oficial, la noticia de la separación de los Duques de Lugo sigue estando en la primera línea de la actualidad. Tras las informaciones que publicamos en pasadas ediciones, ahora desvelamos la identidad de la persona en la que Doña Elena se refugia en tan complicados momentos.

pq__elenita.jpg

Pese a lo comentado en los últimos días, me consta que Doña Elena y Don Jaime siguen manteniendo un contacto telefónico fluido que sirve para organizar asuntos relacionados con los pequeños de la casa. El todavía Duque de Lugo asegura sentirse abrumado ante el insólito despliegue técnico y humano que los medios de comunicación han realizado para recabar más información sobre su separación matrimonial.
No entiende la facilidad con la que ciertos periodistas publican anotaciones, según él inexactas, sobre los motivos de su separación matrimonial, así como de su situación personal actual: “Todo esto es un poco asfixiante“, reconoció sin medias tintas a varios de los congregados en la presentación de la exposición sobre los hijos del Papa Alejandro VI, que tuvo lugar el pasado miércoles, en el Octobre Centre de Cultura Contemporànea de la ciudad de Valencia, a la que acudió ejerciendo de presidente de la Fundación Whintertur.
Me cuentan que Don Jaime de Marichalar se mostró atento, poco comunicativo, pero muy interesado en conocer más datos sobre el relicario en el que se hallan cabellos de Lucrecia Borja. Madrugó, montó en el avión a primera hora y aterrizó en la capital del Turia alrededor de las diez de la mañana para reunirse con la directora de la Fundación, María Teresa Ortiz Bau, y resto de la comitiva.
Poco después del mediodía, Marichalar abandonó la ciudad para preparar los próximos actos a los que deberá acudir. Pese a que este trimestre es el más completo en cuanto a inauguraciones y conferencias, el Duque de Lugo ha transmitido su decisión de mantener intacta su agenda.

Mientras uno llora, la otra sonríe

En tiempos de alboroto sentimental, doña Elena pena su desconsuelo en brazos de sus selectas amistades, entre las que se encuentra un codiciado preparador de caballos, de nacionalidad portuguesa, al que la Infanta no duda en revelar todos sus grandes secretos. Su compañía no sólo le hace sentirse indestructible frente a la adversidad, sino también una mujer tan brillante como atractiva.
Se conocieron hace más de un lustro y, pese al paso del tiempo, siguen tan unidos como el primer día. Sin embargo, los últimos acontecimientos en la vida de la aristócrata han propiciado que los encuentros y las conversaciones se hayan multiplicado ante la necesidad que Doña Elena tiene de saberse querida y respaldada. Su amigo, su viejo acompañante, le ha devuelto la sonrisa que nunca debió borrarse.

Por Saúl Ortiz