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La sobria política de títulos y honores del rey don Felipe VI y el desinterés de doña Letizia por las cuestiones nobiliarias que le han granjeado duras críticas

Mayo 31, 2016
felipe letizia

A punto de cumplirse los dos años del reinado de Felipe VI se perfila muy claramente, aunque de forma tácita, la nueva política de bajo perfil que impera en Casa Real. Una nueva forma de hacer que se hace especialmente patente en la sobria política de don Felipe en todo cuanto toca a la concesión de títulos, honores y mercedes de la corona. Así, si en sus dos primeros años de reinado don Juan Carlos fue relativamente generoso, pues había acciones y conductas que se consideró necesario premiar en aquellos años complejos, y concedió siete títulos del reino -cinco de ellos con Grandeza de España-, el nuevo rey no ha mostrado hasta el momento inclinación alguna por aumentar el número de titulados manteniendo completamente aparcada esa cuestión.

Ello, sin embargo, no le ha granjeado críticas por parte de la nobleza titulada cuyas simpatías ha sabido atraerse con la sorpresiva recepción del año pasado a Grandes y Títulos del Reino, que dejó una muy grata impresión en todos los asistentes. Una simpatía que contrasta con las fuertes críticas que don Juan Carlos recibió siempre de ese colectivo que se sintió tan marginado y tan dañado durante su reinado. Lo mismo es aplicable a la orden del Toisón de Oro, sin duda una de las más prestigiosas del mundo, que don Felipe no ha querido engrosar por el momento con nuevos caballeros mientras que su padre concedió los tres primeros collares de su reinado en 1977 como deferencia al marqués de Mondéjar, Torcuato Fernández-Miranda y el duque de Alburquerque que eran personas de su círculo más íntimo. Por el contrario, es significativo que en junio de 2015, y coincidiendo con el primer aniversario de su entronización, don Felipe y doña Letizia quisiesen presidir en el Salón de Columnas de Palacio Real la ceremonia de concesión de la Orden del Mérito Civil a 38 ciudadanos, todos ellos personas anónimas y alejadas de los habituales circuitos de poder y de la administración, como médicos, inmigrantes, investigadores, voluntarios, maestros, y madres trabajadoras.

Sobriedad en la política dinástica

Toda una clara declaración de intenciones que nos habla de dónde se pone el acento a la hora de premiar con honores y una ceremonia que quizá podría repetirse este año estableciéndose con ello una honrosa tradición. De ser así la corona española estaría remedando esa sana costumbre de la Casa Real británica, cada vez más amiga de la concesión de honores vitalicios y menos de la creación de títulos hereditarios, de honrar anualmente a muchas personas del común por sus méritos en los distintos ámbitos de la vida social (ahí están entre otros Elton John, David Beckham, o J.K. Rowling).

Cuestión distinta son otros honores como la Gran Cruz de Isabel la Católica que el gobierno de Mariano Rajoy, a propuesta del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, decidió conceder al nuevo duque de Alba en febrero de este año en un acto en el que no estuvieron presentes los reyes. Así mismo, y por lo que toca al Real Consejo de las Órdenes Militares históricas de Alcántara, Santiago, Calatrava y Montesa, todavía en el reinado de don Juan Carlos, y por enfermedad del ahora difunto infante don Carlos, su presidencia recayó en el príncipe Pedro de Borbón-Dos Sicilias, nuevo duque de Calabria, que es persona muy cercana a don Felipe y que la continua ostentando por delegación de la corona. Por lo que toca a la política puramente dinástica, en ella también prima la sobriedad destacando la retirada a la infanta Cristina del ducado de Palma, que deja los títulos de Casa Real limitados a los ducados de Lugo, Soria y Badajoz que ostentan las infantas doña Elena, doña Pilar y doña Margarita, y que son todos de carácter vitalicio y, por tanto, no heredable ya que revertirán a la corona tras el fallecimiento de las infantas.

El desinterés de doña Letizia por estas cuestiones

Por ello se hace difícil imaginar que, como muchos desean, don Felipe se anime a elevar a su primo Pedro de Borbón-Dos Sicilias a la dignidad de infante de España que ostentó su padre don Carlos hasta su reciente fallecimiento. Don Pedro, duque de Calabria en su calidad de jefe de la Casa Real de las Dos Sicilias, es muy cercano a los nuevos reyes y más aún lo son su hermana la princesa Cristina de Borbón-Dos Sicilias y su esposo Pedro López-Quesada que son amigos de siempre de don Felipe. Sin embargo, otra de sus hermanas, la princesa Inés, fue recientemente acusada de haber colaborado con los principales cabecillas de la Trama Púnica, habiendo sido imputada por el Juez Eloy Velasco por considerar que ayudó a David Marjaliza y a Francisco Granados a blanquear un total de 37.000 euros a través de una cuenta bancaria que posee en Suiza desde hace más de diez años.

En su defensa la princesa, que está casada con el noble italiano Michele Carelli Palombi, declaró que aquellos hechos se realizaron sin su consentimiento y a través de un gestor financiero amigo de la familia, añadiendo que los fondos de esa cuenta fueron declarados ante la Hacienda española en 2012, y que procedían de una herencia familiar que es muy probablemente la de su tía abuela la difunta princesa María Cristina de Borbón-Parma, residente en Austria. Nada gusta en Zarzuela todo aquello que, de cerca o de lejos, pueda quedar empañado por atisbos de corrupción o de ilegalidad, y de ahí las grandes distancias que don Felipe y doña Letizia han marcado en relación con doña Cristina o con ese gran amigo de tantos años que es Javier López Madrid a cuyo suegro, Juan Manuel Villar Mir, don Juan Carlos concedió el título de marqués.

Por otra parte, doña Letizia parece no mostrar interés alguno por las cuestiones nobiliarias y honoríficas o por lo que se considera “la gran sociedad”, desde la que ha recibido sonadas críticas, pero aún se escuchan los ecos de lo que, se dice, fueron sus presiones para que en 2011 su suegro don Juan Carlos se aviniese a conceder el título de marqués a su buen amigo el empresario portugués Vasco Manuel de Quevedo Pereira Coutinho, en cuya mansión de las Playas del Algarve ella buscó refugio en más de una ocasión.

Ricardo Mateos