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Condenada a pagar 300.000 euros por bloquear a un internauta su IP

La SGAE también pierde

Noviembre 15, 2009
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Gana tanto dinero que la Sociedad General de Autores de España tiene presupuesto suficiente para contratar a “informáticos” dedicados a rastrear por Internet a aquellos internautas que se bajan música de portales gratuitos. Quizás el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero debería pedirle consejo a su amigo Teddy Bautista de cómo y de qué manera capturar a los “piratas”. Y es que la voracidad del presidente de la SGAE no tiene límites.
 
Pero alguna vez tenía que salirle el tiro por la culata. En una de esas incontables acciones de control de los derechos de autor localizaron una dirección que, a su juicio, excedía el límite marcado por ellos mismos de descargas supuestamente ilegales. Y es tanto su poder, que llegaron a bloquear la IP del usuario. Sus datos personales los reservamos por su expreso deseo y ante el temor de futuras venganzas.
 


Con la Iglesia hemos topado

Se celebró el juicio. Los abogados defensores esgrimieron ante Su Señoría que su cliente estaba dispuesto a pagar lo que los representantes de Teddy Bautista reclamaban siempre y cuando presentaran en el Juzgado la orden judicial que les autorizó a cortar-bloquear la IP de su cliente. Misión imposible: los servicios de seguimiento de la SGAE habían actuado por su cuenta y riesgo. No pudieron demostrar absolutamente nada ni antes, ni durante, ni después del juicio.

Resultado: el Policía Nacional reclamó una indemnización de 300.000 por vulneración de derechos fundamentales y el juez se la concedió. Seguro que a Teddy Bautista le dolió. Pues que pida derechos de autor por la sentencia.


Este resultó un hijo de un miembro de la Policía Nacional. La línea estaba contratada a nombre del padre. La SGAE le reclamaba, ni más ni menos, que 150.000 euros. Entre la indignación y la sorpresa, el titular de la línea solicitó asesoramiento a los servicios jurídicos de su sindicato policial que se pusieron manos a la obra. Evidentemente, no todo el mundo dispone ni del dinero ni de servicio jurídico gratuito para enfrentarse a la todopoderosa y protegida SGAE.