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Emoción, color y modernidad en la gran boda real del año

La revocación del rey Felipe VI del ducado de Palma a doña Cristina, la “comidilla” en el enlace de Carlos Felipe de Suecia y la ex modelo Sofía Hellqvist

Junio 14, 2015

Quizá esa fuera la razón por la que, según adelantó Extraconfidencial.com, no asistió nadie en representación de la casa real española. La revocación tiene más fuerza simbólica que real dado que el daño que con este acto se inflige es más en el amor propio, pues ella continúa siendo algo sin duda de rango mucho más importante que es el ser infanta de España 
Aseguran que don Felipe ha dado este meritorio paso adelante que muchos esperan que sea el previo a una renuncia voluntaria de doña Cristina a su rango
Las damas llegaron fuertemente enjoyadas a la Capilla del palacio real de Estocolmo: la reina Silvia con aderezo de tiara y collar de zafiros y diamantes, su hija la princesa heredera Victoria con tiara de círculos de diamantes, la princesa Magdalena con diadema de diamantes, la reina Máxima de Holanda (notablemente delgada), con imponente aderezo de rubíes y diamantes, la reina Matilde de Bélgica con diadema y gran broche de diamantes, la reina Sonia de Noruega de amarillo y blanco con notables perlas, o la reina Margarita de Dinamarca de rojo intenso con parte de los diamantes Rosenborg


La súbita, aunque no por eso menos esperada, revocación del ducado de Palma a la infanta Cristina, ha contribuido a restar protagonismo a la gran boda real del año, la del príncipe Carlos Felipe de Suecia con la ex modelo Sofía Hellqvist, celebrada el sábado pasado en Estocolmo. Doña Cristina ha perdido un ducado que no hay que confundir con un título de nobleza, pues se trata de un título de la casa real de naturaleza vitalicia que ahora revierte a la corona quedando a disposición de don Felipe caso de quererlo otorgar de nuevo. Un título de “la Casa” asimilable a los que sí conservan las infantas doña Elena, doña Pilar y doña Margarita, todos ellos sobre capitales de provincia como es tradicional en nuestra dinastía, cuya revocación tiene más fuerza simbólica que real dado que el daño que con este acto se inflige es más en el amor propio, pues ella continúa siendo algo sin duda de rango mucho más importante que es el ser infanta de España.

Dada la dimensión fuertemente simbólica de esta cuestión, es más que esperable que ese hecho haya generado más de un comentario entre los príncipes presentes en la boda real sueca pues allí estaban entre otros la reina Máxima de Holanda, que días atrás tuvo ocasión de encontrarse con doña Cristina, cuyo último mal paso fue el acudir a Madrid hace algunos días para personarse en el funeral por  el príncipe Kardam de Bulgaria. Una visita que debió de ser fuertemente incómoda para don Felipe y doña Letizia, quizá prevenidos a última hora de su llegada, y que además ponía en un brete al siempre prudente rey Simeón de Bulgaria.

A la espera de la renuncia de la infanta Cristina a su rango

Pero en las festividades nupciales suecas también se encontraba ese primo hermano de doña Cristina, el príncipe Nicolás de Grecia, acompañado de su esposa Tatiana Blatnik, a quienes los príncipes escandinavos que acudieron en masa a Estocolmo sin duda preguntarían por la situación actual de la familia real española, en la que don Felipe ha dado este meritorio paso adelante que muchos esperan que sea el previo a una renuncia voluntaria de la infanta a su rango. 

Entre tanto, y mientras doña Sofía se desplazaba hasta Ginebra para acompañar a su hija Cristina en su 50 cumpleaños y en su desazón como ex duquesa de Palma, el viernes y el sábado sus primos de siete de las diez monarquía europeas en pie celebraban el matrimonio del último hijo soltero del rey Carlos Gustavo de Suecia, comenzando con una cena en la Isla de de Skeppsholmen con la novia vestida de azul en traje de noche de Zuhzir Murad, una reina Silvia de Suecia particularmente moderna en un atrevido traje pantalón verde brillante, MeteMarit de Noruega con el aspecto de mujer mayor al que nos viene acostumbrando, y la princesa Magdalena de Suecia en avanzado estado de gestación. Allí estaban toda la familia extendida del monarca sueco (incluida la princesa Birgitta, notablemente desmejorada y estrambóticamente vestida, que llegó desde su residencia en Mallorca), la reina Matilde de Bélgica, la reina Máxima de Holanda, la reina Margarita de Dinamarca (madrina del novio) con sus dos hijos y sus nueras, la reina Sonia de Noruega también con sus dos hijos y sus cónyuges, los condes de Wessex, el príncipe Nicolás de Grecia y su esposa, los príncipes Takamado del Japón, los príncipes Leopoldo (padrino del novio), Úrsula, Manuel y Ana de Baviera, y el príncipe heredero Hubertus de Sajonia-Coburgo-Gotha.

Damas fuertemente enjoyadas a la Capilla del palacio real de Estocolmo

El esplendor propio de las monarquías escandinavas pudo desplegarse en la tarde del día siguiente con las damas llegando fuertemente enjoyadas a la Capilla del palacio real de Estocolmo: la reina Silvia con aderezo de tiara y collar de zafiros y diamantes, su hija la princesa heredera Victoria con tiara de círculos de diamantes, la princesa Magdalena con diadema de diamantes, la reina Máxima de Holanda (notablemente delgada) con imponente aderezo de rubíes y diamantes, la reina Matilde de Bélgica con diadema y gran broche de diamantes, la reina Sonia de Noruega de amarillo y blanco con notables perlas, o la reina Margarita de Dinamarca de rojo intenso con parte de los diamantes Rosenborg.    

La novia llegó en un traje sencillo y discreto de la diseñadora sueca Ida Sjöstedt recamado de encaje del español José María Ruiz, velo sujeto a la nuca y diadema de diamantes y esmeraldas regalo de bienvenida a la familia de su suegro el rey de Suecia, para una ceremonia sencilla, alegre y de aire moderno de unos 30 minutos de duración amenizada con música del grupo Coldplay y con una pieza de Beethoven arreglada en versión gospel, en la que la emoción tuvo un notable lugar en los rostros de Victoria de Suecia, Mette-Marit de Noruega, Federico de Dinamarca y Máxima de Holanda, para muchos la dama más elegante de la concurrencia. A ello siguió un paseo de los recién casados, con Sofía convertida ya en princesa de Suecia y duquesa de Värmland, en pequeña carroza descubierta por las calles de Estocolmo en medio de las aclamaciones del público.

Ya no quedan príncipes por casas en la corte noruega

Luego hubo salida al balcón de palacio hermosamente decorado, con palabras del príncipe a los allí congregados, beso de enamorados y más vítores, y como colofón una recepción seguida de cena de gala servida por los mejores chefs de la cocina sueca, en un hermoso salón del palacio real bellamente decorado con vistosos murales de flores cálidas, seguida de baile hasta altas horas de la noche entre una asistencia jubilosa que siguió los sones de las músicas más modernas.

Ya no quedan príncipes por casar en la corte sueca en la que, a pesar de la fuerte oposición de años del rey Carlos Gustavo, todos sus hijos han terminado casándose fuera del hasta ahora círculo encantado de la vieja realeza europea que busca renovarse y reinventarse siguiendo el compás de los tiempos.

 
Ricardo Mateos