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Una Ley sin precedentes reconoce un estatus oficial al príncipe Nicolás

La República de Montenegro rehabilita a su antigua Familia Real con los mayores honores

Julio 24, 2011
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Los ecos de las grandiosas ceremonias que dieron el último adiós a Otto de Habsburgo en Viena y en Budapest han continuado llegando en los últimos días, pues toda la Europa de los príncipes estaba allí presente. Ni siquiera faltó el príncipe Dimitri Romanoff, cuya presencia nos recuerda que la vieja y maltratada dinastía rusa todavía existe más allá de las pretensiones de su sobrina, la gran duquesa María, y los legitimistas franceses, bastante molestos, se lamentan hondamente por la ausencia de Luís Alfonso de Borbón, su Luís XIX de Francia, que habiendo manifestado su deseo de asistir terminó marchándose a la Venezuela natal de su esposa.

Según la princesa María Cristina de Kent, austriaca de nacimiento, la misa en la Catedral de San Esteban fue absolutamente “elevadora”, la infanta Cristina tuvo que compartir banco con el príncipe Jaime de Borbón-Parma que representaba a su tía la reina de Holanda, y los hijos del finado Otto aún han pasado juntos algunos días más en Austria. Sin embargo, pocos repararon (acaso sólo Dimitri Romanoff), en un príncipe poco conocido, Nicolás de Montenegro que, nada habitual en estas grandes ceremonias, se hacía un lugar entre su pares en momentos en los que su dinastía, tan olvidada hasta por la propia realeza europea, salta a la palestra con un brío inusitado que acaso pudiera culminar en una sorprendente restauración de la Monarquía en el complejo contexto político de los Balcanes. Y es que el pasado 12 de julio, víspera de su fiesta nacional, la República de Montenegro votaba en el Parlamento la rehabilitación de su vieja dinastía, los Petrovic-Njegosch, mediante una Ley sin precedentes que reconoce un estatus oficial al príncipe Nicolás y a sus descendientes que, en una primera mirada, pudiera parecer la puerta de entrada de una restauración dinástica.

Dotación de 4,3 millones de euros

Esta nueva Ley, que asume que el pequeño Reino fue anexionado de manera forzada al Reino de Yugoslavia en 1918, pretende con esta medida afianzar la identidad montenegrina a través de su Familia Real, y establece que el Estado creará la Fundación Petrovic-Njegosch, que será dotada con 4,3 millones de euros, pagaderos en varios plazos anuales, de los cuales 1,5 millones pasarán a disposición directa del Jefe de la Familia Real, que podrá representar al Estado en ciertas ceremonias protocolarias sin carácter político. Y como primera muestra de ello la presencia del príncipe en el funeral de Viena, donde ostentó la representación del presidente de Montenegro señor Igor Luksic.

Así mismo el príncipe Nicolás recibirá un salario de 1.885 euros, el mismo que percibe el presidente de la República, y tendrá a su disposición la casa de su bisabuelo, el rey Nicolás I en la localidad de Njegusi, un apartamento en Podgorica, el uso y disfrute del primer piso del Palacio de Krusevac, en esa misma ciudad, y el derecho a disponer de ciertos edificios públicos y de ciertos recursos del estado para la realización de sus funciones representativas. De hecho, la nueva legislación llega a contemplar la protección del uso de los emblemas heráldicos de la dinastía a favor del príncipe Nicolás. Todo un conjunto de medidas absolutamente excepcionales que colocan a la Familia Real montenegrina en el primer plano de la actualidad, y en las que muchos ven una futura restauración de la Monarquía en un pequeño y olvidado país que en otro tiempo no tuvo más exportaciones valiosas que sus propias princesas, que contrajeron matrimonio con la familia de los zares y las casas reales de Italia y Yugoslavia. Una de ellas, Anna, fue también tía de la reina Victoria Eugenia de España.

El príncipe Nicolás, nacido en la Bretaña francesa en 1944, y los suyos, que hasta el presente no han estado en posesión de grandes medios ni herencias familiares, han llevado siempre una vida muy sencilla y anónima en Francia, y él ha tenido que ganarse la vida como arquitecto. Por ello ya se ha establecido también que él diseñará los planos de su nueva residencia en la capital, Cetinje, que será el primer edificio ecológico del país. Viudo desde 2008 de la franco-marroquí Francine Navarro, el príncipe Nicolás es padre de dos hijos: el príncipe Boris, duque de Zeta y de Grahavo, y la princesa Altinaï. El príncipe Boris, un chico muy sencillo de 21 años, ha cursado estudios de artes decorativas y está casado con la portuguesa Véronique Haillot Canas de Silva, con quien es padre de la princesa Milena. No olvidemos, sin embargo, que la familia real montenegrina tiene estrechos lazos de parentesco con el rey Simeón de Bulgaria, el príncipe Víctor Manuel de Saboya, el landgrave Mauricio de Hesse, y el príncipe Dimitri Romanoff, que pueden granjearle una más fácil entrada en la escena pública de la realeza europea.

Ricardo Mateos