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El médico de don Juan Carlos cuenta con escolta privada

La relación del rey y la “otra” princesa Corinna de Sayn-Wittgenstein-Sayn no ha concluido

Diciembre 19, 2013

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La relación de amistad íntima entre el rey y ella no parece haber concluido sino que se mantiene viva, al menos en los deseos del monarca, a pesar de lo incómodo que ello pueda resultar para doña Sofía o para el mismo don Felipe que se vio obligado a coincidir con ella en el funeral por Nelson Mandela

La pseudo princesa ha sido empleada por el príncipe monegasco para que haga las veces de cicerone social y de introductora en el gran mundo de la más apática y menos entrenada princesa Charlene

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Hace tiempo que escuchamos hablar poco sobre las andanzas de Corinna zu Sayn-Wittgenstein-Sayn, que parece estar completamente desterrada de España. Nos cuentan algunos que se mantiene callada, porque ya no es cuestión de seguir concediendo entrevistas innecesarias que no hacen sino dañar más a la corona cuando el CNI español también podría, quizá, tener también algunas cosas que decir sobre ella y sobre sus intereses y negocios del pasado. Si mantiene, sin embargo, su ya larga amistad con la periodista de El Mundo Ana Romero, que le entrevistó en el pasado para El Mundo y para la revista ¡Hola!, pues ambas se conocen bien de otros tiempos en los que coincidieron en Abu Dhabi donde Corinna llevaba a cabo sus particulares negocios de mediadora de altos vuelos gracias a su valiosa agenda internacional. Y también sabemos que dado que nunca abandonó de forma completa sus cuarteles de Montecarlo, donde tiene oficina propia hace ya bastantes años, ahora circula por derecho propio por el principado con la aquiescencia y el total apoyo del príncipe Alberto que ha sabido encontrar un buen uso a sus muchas cualidades.

Sombra de Alberto II y Charlene

De hecho, de pronto pareciera haberse convertido en la inseparable sombra de esa extraña pareja que son Alberto II y Charlene, a quienes ya ha acompañado en su viaje oficial a Rusia y también en solemne funeral de Nelson Mandela en Johannesburgo. Pero todo ello se explica de forma sencilla porque, en realidad, nos cuentan fuentes veraces, la pseudo princesa ha sido empleada por el príncipe monegasco para que haga las veces de cicerone social y de introductora en el gran mundo de la más apática y menos entrenada princesa Charlene de quien su esposo continúa esperando un hijo que asegure la sucesión monegasca cuyo repuesto sigue siendo por el momento el peculiar Andrea Casiraghi. Así Corinna, acostumbrada a navegar entre el gran mundo del poder internacional y entre la jet de los negocios, entrena a la primera dama de Mónaco a cambio sin duda de los pingües negocios que la familia Grimaldi puede facilitarle en ese caldero de cocción de fortunas y negocios que es el principado. Una situación que ahora nos permite comprender que en el 2011 la familia real española no enviase representación alguna a la boda de los príncipes de Mónaco. Algo que en su momento generó una gran perplejidad entre los medios de prensa, pero que obedecía al hecho de la presencia de Corinna entre los más distinguidos invitados.

Junto al príncipe de Asturias en el funeral de Nelson Mandela

Entre tanto parece que el rey don Juan Carlos no la olvida, aunque sea en la aparente lejanía. “Infatuation” dirían quizá los ingleses, pero lo cierto es que esa relación de amistad íntima entre el rey y ella no parece haber concluido sino que se mantiene viva, al menos en los deseos del monarca, a pesar de lo incómodo que ello pueda resultar para doña Sofía o para el mismo don Felipe que se vio obligado a coincidir con ella en el funeral por Nelson Mandela. En los deseos de un rey que ahora se esfuerza con denuedo durante cuatro horas diarias de ejercicios en aras de una recuperación física, que se espera será muy exitosa.

Tanto es así que, nos cuentan, el propio doctor Miguel Cabanela (“el americano” como lo conocen ciertos círculos), que es buen amigo del rey y que cuenta con escolta propia cuando viene a España, se muestra asombrado de la enorme fortaleza de don Juan Carlos y cree que es muy probable que tras su plena recuperación el rey, que aún ha de perder algo de peso, pueda volver a un estado de salud similar a aquel que gozaba diez años atrás. Y es que el rey no tiene ni ha tenido nunca la menor intención de abdicar. Bien al contrario todavía parece mantener su gran ímpetu de siempre, pues tras una vida dedicada a la restauración de la monarquía contra viento y marea y a costa de muchos pesares, no tiene más deseo que volver por sus fueros y trabajar por la recuperación de la buena imagen de la corona con el mayor empeño posible.

Ricardo Mateos