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Sobrio funeral de la condesa viuda de Ripalda al que asistieron 500 personas

La reina Sofía no asistió al entierro de la madre de Jaime Marichalar por evitar a ciertos nobles españoles críticos con lo que califican “desastrosas bodas” de sus hijos

Marzo 19, 2014
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Muy sobrio fue el funeral de la condesa viuda de Ripalda, madre de Jaime de Marichalar, cuyo cuerpo tuvo que ser incinerado para poder ser inhumado en la Iglesia en la que, por tradición, su familia tiene derecho de entierro pues ya no se permite la inhumación de cuerpos en las Iglesias. El funeral en Soria de una mujer muy respetada por sus pares de la aristocracia tanto en Madrid como en Soria, en Pamplona o en Guadalmina donde solía pasar las vacaciones estivales, y para quien la nobleza hispana no tiene más que buenas palabras. Poco hemos podido ver de los 500 asistentes al acto, entre quienes se hubiera esperado a personajes como Beatriz de Orleans, Pitita Ridruejo, o Naty Abascal, tan amigas de don Jaime y de su familia, aunque si estaba esa fiel amiga de siempre que es Pilar González de Gregorio ex duquesa de Fernandina.

Pero todos los ojos estaban puestos en doña Sofía, que el viernes tarde se acercó a dar el pésame al clan Marichalar en su casa de la Moraleja, a donde también se llegaron doña Elena y doña Letizia (parece que ella y Jaime siempre se llevaron bien). Pero como era de esperar la reina prefirió no asistir al entierro (tampoco asistió al del padre de Iñaki Urdangarín en Vitoria), donde se dieron cita numerosos miembros de la nobleza española que desde la separación de la infanta Elena siempre han apoyado a los Ripalda.
La ausencia de la infanta Elena: desmarcarse de los Marichalar
 
Una presencia que podría haber sido un tanto tensa para la reina, entre cuyos mayores detractores se encuentran ciertos nobles españoles que en ningún momento le ahorran las fuertes críticas por lo que ellos califican de “desastrosas bodas” de sus hijos que, a su entender, están en el origen de todo cuanto ocurre en el seno de la familia real. También ha sorprendido la ausencia de la infanta Margarita, que siempre ha llevado muy a gala su ducado de Soria, ciudad en la que es particularmente querida y en la que se asienta su fundación.
 

Pero más sorprendente ha sido la ausencia de doña Elena, en lo que algunos sin duda interpretarán como un deseo de la familia real de desmarcarse de los Marichalar. “De Urdangarín, nos dice un noble titulado, “mejor no hablar” y en cuanto a doña Letizia no la soportan y, como los príncipes alemanes, la dejan por imposible. Porque de la quema para algunos solo se libra la infanta Elena, a quien hasta quisieran ver como princesa de Asturias.

 

La “pasión” catalana de los príncipes de Asturias

 
Pero hace tiempo que el interés de los miembros de la familia real no está puesto en estas pequeñas cuestiones sociales de salón, sino en el trabajo por la restauración del prestigio perdido. Este martes doña Sofía llegó a Guatemala con 800 kilos de medicamentos valorados en 50.000 euros en un nuevo viaje de cooperación, y el mismo día los príncipes de Asturias volvían de nuevo a Barcelona acompañados por su secretario el duque de Abrantes para continuar mimando su relación con Cataluña y con los catalanes, y para seguir apoyando a la Fundación Príncipes de Gerona por la que sienten un particular aprecio ya que la otra, la Fundación Príncipe de Asturias, ya se la encontraron creada.
 
La ocasión fue la celebración del concierto de puertas abiertas “Jóvenes con voz propia” en el Centro Cultural CaixaForum, dirigido a jóvenes de entre 16 y 35 años, que pretende colaborar a descubrir que el lenguaje universal de la música nos puede ayudar a construir entre todos un mundo mejor. Quienes estuvieron allí, algunos ya asiduos de los actos de la fundación, no tienen más que buenas palabras para describir la actitud de don Felipe y doña Letizia, que mostrando un perfil bajo y afectuoso se hicieron cientos de fotos con los jóvenes asistentes.
 
Hubo muy escaso formalismo, y se vio a la princesa dedicar atenciones muy especiales a un grupo de discapacitados y manifestar conocer personalmente a algunos de los asistentes a quienes trató con enorme cercanía. Una imagen muy de a pie que coincide en el tiempo con lo que su instructor de esquí acaba de declarar sobre ella: “En el aspecto psicológico, demuestra una mente muy equilibrada y una capacidad de imitación muy fuerte. Y aparte, su ambición de saber, de capacitarse y de superarse es tremenda. Si se junta todo eso, hay grandes posibilidades”.
 

Conflicto de Crimea: ¿Qué pensarán los Romanov?

 
Mientras tanto, cabe preguntarse qué pensarán los Romanov, que -aunque olvidados-, aún circulan por el mundo, del feroz golpe de efecto de este zar de la nueva Rusia, Wladimir Putin, con la anexión de Crimea. La Crimea de los tiempos dorados del imperio zarista, a la que en verano se trasladaba la familia imperial para pasar el estío en el hermoso palacio de Livadia a orillas del mar Negro.
 
Un lugar de hondas nostalgias en el que por entonces se erigían las imponentes mansiones de los grandes duques y de los príncipes rusos (Ai Todor, Koreiz, Harax, Dulber), y desde donde en 1919 partieron hacia el exilio en occidente los últimos Romanov que consiguieron salvar la vida de la persecución bolchevique. Los símbolos continúan siendo importantes.   
 
Ricardo Mateos