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Bélgica, Inglaterra o Suecia pasando por Mónaco

La realeza europea intenta lavar su imagen

Diciembre 11, 2011
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Mientras en España nos seguimos desayunándonos con continuas noticias del caso Urdangarin, que tanto pueden empañar la buena labor de los reyes, los príncipes de Asturias y la infanta Elena, varios miembros de otras familias reales europeas se apuntan un necesario lavado de imagen. El primero de ellos es el príncipe Laurent de Bélgica, cuya imagen no puede estar más denostada dentro del país por sus continuos malos pasos tanto en el orden político como personal. Y es que a las acusaciones ya vertidas sobre él (amueblar su villa con fondos de la marina belga, ser un conductor temerario, su pronunciado gusto por el lujo, supuestas infidelidades, y ser persona con una absoluta falta de tacto en sus contactos internacionales), se suman ahora otras de violencia doméstica en relación con una ex novia del pasado.

Todo un conjunto de torpezas que han llevado a su esposa, la princesa Claire, conocida por su discreción, a manifestarse públicamente con un sonoro “ya está bien” que intenta poner coto a los continuos ataques de la prensa a su marido ahora que ambos se han implicado en el apoyo a los ciudadanos belgas sin techo que viven en la calle con sus animales de compañía. Una situación incómoda para el rey Alberto cuyos tres hijos, los príncipes Philippe, Astrid y Laurent, recientemente han dejado de ostentar el cargo honorífico de senadores vitalicios del reino.

Y de Inglaterra a Suecia pasando por Mónaco

Le sigue en la lista la también denostada, amén de arruinada, Sarah Fergusson que acaba de ser nombrada, para su gran satisfacción, Embajadora Global para la Lucha contra el Tráfico Humano por la institución “Not For Sale”. Pero peor es la situación de la avergonzada Zara Phillips, nieta de la reina Isabel de Inglaterra, cuyo esposo continúa su descenso a los infiernos tras su lío con una rubia en un bar de Nueva Zelanda, a poco de casarse, que produjo en su suegra -la severa princesa Ana- “un enorme enfado y gran malestar”. Y tampoco nos olvidamos de Alberto y Charlene de Mónaco que intentan prodigarse en actos y eventos sociales queriendo hacer olvidar escándalos recientes, y que en días pasados marcharon a Sudáfrica aunque personas bien informadas indican que, en realidad, a ella apenas se la ve circular por el principado. 

Entre tanto, en Suecia la reina Silvia continúa saliendo al paso de las continuas menciones en la prensa al pasado de su padre Walter Sommerlath, que en 1934 se enroló en las filas del partido Nazi. Atrapada entre muchos fuegos, Silvia Sommerlath se ha visto obligada a lamentarse públicamente, mediante un comunicado emitido por la corte sueca, por el pasado político de un padre al que siempre se sintió muy unida y que, según se especula, se habría beneficiado del proceso de arianización de ciertas propiedades y empresas de judíos en Alemania durante los años duros del nazismo.

Pero más difícil aún es el caso de su esposo, el rey Carlos Gustavo, que no logra poner fin al escándalo levantado por la polémica biografía que puso en solfa su fidelidad marital y que aireó sus frecuentes juergas sexuales en un night club sueco. Y es que en fechas recientes ha saltado a las páginas de la prensa sueca que un testaferro del rey, Anders Lettström, habría pagado a Mille Markovic, el dueño del citado club nocturno y fuente de esas graves acusaciones, la nada despreciable suma de 200.000 dólares para conseguir que se retracte de sus afirmaciones.

En Inglaterra los presupuestos de la casa real han quedado congelados hasta el 2015 y en España se especula con la revisión del papel de las infantas colocando en el mismo saco a doña Elena y a doña Cristina en esa atávica tendencia de la familia real española a limitarse a la imagen de familia nuclear, que deja a la institución muy desasistida. 

De lo que no hay duda es que, a pesar de la visita de doña Sofía a Washington, Iñaki Urdangarin parece estar quedándose sólo en su batalla legal pues dicen que la Fiscalía Anticorrupción tiene los ojos puestos en él y, también nos cuentan, la defensa de su socio Diego Torres, que corre a cargo del prestigioso abogado Manuel González Peeters, buscará basarse en la exculpación de éste arrojando el grueso de las responsabilidades sobre el duque de Palma convertido así en fácil chivo expiatorio más allá de sus propias culpas.  

Ricardo Mateos