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Aprovechándose de la deducción fiscal por la inversión en películas españolas y la imputación en el impuesto de Sociedades de grandes empresas de bases imponibles negativas

La queja del cine español en la gala de los Goya se vuelve contra ellos: aunque una película no genere ninguna ganancia, la empresa productora consigue beneficios de hasta un 20%

Febrero 11, 2014

Finalizada la resaca de los premios Goya, van quedando al descubierto muchos puntos clave. Más allá de la ausencia del ministro de Cultura, José Ignacio Wert, y las críticas vertidas por ello, la desconexión entre la industria del cine y los espectadores es cada vez mayor. En primer lugar quedó claro con la audiencia de la ceremonia de los Premios Goya que contó con tan sólo 3,5 millones de espectadores, los datos más bajos desde 2009 a pesar de la campaña machacona por parte de Televisión Española. Pero también lo vemos en los números de la gran triunfadora de esa gala, “Vivir es fácil con los ojos cerrados”, que ha pasado desapercibida para los espectadores españoles. En el fin de semana de su estreno alcanzó un tímido puesto número 11 de taquilla para acabar el año en el puesto 127 de las películas con más recaudación de 2013, con tan sólo 686.984 euros recaudados. Todo un fracaso que importa poco, tanto a la Academia a la hora de otorgar los premios, como a la propia industria del cine, que sigue lucrándose año tras año a pesar de sus continuos “lloros” como el actual por la subida del IVA en 2012 hasta el 21%, lamentos que van a tener su premio.

El secretario de Estado de Cultura, José María Lasalle, y “sustituto” de Wert en la ceremonia ya ha confirmado el anuncio realizado por el ministro de Hacienda de que “se está trabajando para establecer un IVA cultural homologado del 10%”, un nuevo triunfo para el sector. Lo que no señalan los críticos por la tasa del IVA actual (la misma que se aplica a bienes tan necesarios como la ropa o el calzado) es como ya se está beneficiando de un régimen fiscal que permite que grandes empresas se enriquezcan, la industria del cine siga produciendo películas en la mayoría de los casos con escaso éxito y beneficiándose los miembros de este gremio a costa del bolsillo de los contribuyentes.
Recuperar la inversión con un 20% de beneficio

Aprovechándose de todo ello, el pasado 12 de junio de 2013 el Banco Santander constituía convenientemente en Santa Cruz de Tenerife (por la mejor fiscalidad de las Islas Canarias) la Agrupación de Interés Económico (AIE) Producciones Ramses. El objeto social queda muy claro: “La Agrupación tiene por objeto la producción de largometrajes y producciones audiovisuales españolas de forma individual o en régimen de coproducción con otros productores. En concreto la Agrupación se dedicará a producir en régimen de coproducción la película con el título provisional Exodus”. Esta película dirigida por Ridley Scott que empezó a rodarse en el mes de octubre en Almería y posteriormente en Fuerteventura es una coproducción norteamericana y española, siendo este el punto fundamental para que “haya negocio”, si no es una película española no hay beneficios fiscales. Y es que más allá de los 5.000 euros con los que constituyó la sociedad, esta nació con la intención de invertir hasta 180 millones de euros con los que repartir pingues beneficios. Para ello, la AIE que inscribirse previamente en el Registro Administrativo de Empresas Cinematográficas y Audiovisuales y obtener del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) el certificado de película española, previa comprobación de que la película reúna las condiciones que establece la legislación para obtener ayudas.
Cumplido el requisito, todo es beneficio. El Banco de Emilio Botín  “coloca” el 99% de las acciones a grandes empresas que se pueden beneficiar de imputar las pérdidas que genere su inversión compensando beneficios de sus negocios principales. Si sumamos a esto la deducción fiscal por inversión en películas españolas el Banco destaca en una nota a la que ha tenido acceso extraconfidencial.com que “los inversores recuperan su inversión con una rentabilidad significativa (hasta el 20%)” es más, añade que “pueden obtener una rentabilidad adicional por la participación en los ingresos comerciales generados caso de que la película fuese un éxito comercial”. Con todo ello, el ciudadano no sólo paga por ver la película, sino también por las subvenciones que reciben y por los impuestos que no pagan las empresas gracias a una fórmula fiscal permitida por el ministerio de Hacienda de Cristóbal Montoro sin que importe mucho si la película obtiene algún beneficio.

Mirando de reojo a Bruselas

El negocio es también redondo para el Banco. Tras vender estas participaciones cobra por sus servicios de asesoramiento, aseguramiento de la operación y por supuesto, por los productos financieros que “coloca”, desde líneas de descuento hasta principalmente un préstamo de hasta 120 millones de euros. Pero el Banco Santander mostraba su preocupación por cambios legislativos que “invalide la ayuda o afecte al tratamiento fiscal de la operación”.

Y es que la fórmula usada para aprovecharse de los beneficios fiscales es muy parecida a la que se utilizaba con los astilleros hasta el año pasado, que fue anulada por la Comisión Europea de Asuntos Económicos presidida por Joaquín Almunia. Según se argumentó desde Bruselas se estaban dando una serie de ayudas no compatibles con la legislación europea que en concreto permitía a las empresas de transporte marítimo adquirir buques con un descuento fiscal de entre el 20% y el 30%. Con el fin de obtener el precio rebajado, una empresa naviera no compraba el buque directamente al astillero, sino a una agrupación de interés económico (AIE) que lo alquila a la naviera y obtiene por ello beneficios fiscales. El régimen es tan similar que por ejemplo uno de los cuatros administradores mancomunados de Producciones Ramses, José Rodríguez Hernández, lo es también de otras 20 “navieras” activas (y más de 50 ya liquidadas) domiciliadas en este caso en Las Palmas de Gran Canaria. En definitiva, millones de euros que se pierden de las arcas del Estado y en contra de lo que afirmaba Isabel Coixet en el anuncio previo de los Goya sobre si había alguna forma mejor de financiar el cine más allá de jugar en el casino, la hay y la pagamos todos.