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La prueba definitiva para Zidane: dos meses cruciales para saber si es el técnico ideal para el Real Madrid

Marzo 20, 2017
zidane bilbao

Zidane estuvo en el ojo del huracán desde el mismo día en el que se sentó en el banquillo del primer equipo. Es ley de vida en el Real Madrid. Cierto es que casi desde el principio gozó del favor de la prensa, merced en gran parte a su mano izquierda con los medios. Su pasado como jugador también jugó un papel importante: la admiración del vestuario tornó en respeto, un respeto que pronto se extendió a la afición y a los propios periodistas. Su predecesor en el cargo, Rafa Benítez, también le echó un cable. Su falta de feeling con casi todos los estamentos de la entidad hizo que el advenimiento de Zidane se recibiera con auténtico júbilo. Cuando alguien malo se va, el que llega siempre parece mejor.

Pasaron unos meses y llegó el primer título, nada menos que la Champions. No hubo revolución en el juego y sí altas dosis de fortuna y coraje. Pero las victorias siguieron llegando en la presente campaña. De una manera poco elocuente, eso sí: remontadas, jugadas a balón parado, exceso de complicaciones en muchos de los encuentros… Un borrón, el de la eliminación (esta vez en el campo) de la Copa del Rey. Y he aquí que tenemos al Madrid con la Liga alcance de la mano y en cuartos de Champions. No obstante, la resurrección europea del Barcelona y el rival blanco en la máxima competición continental (el poderoso Bayern) hacen que el desenlace sea completamente imprevisible. De los resultados, como siempre, dependerá el valor que se le otorgue a Zidane como entrenador.

El misterio Zizou: ¿Suerte o trabajo?

Es innegable que Zidane ha conseguido un logro de extraordinarias dimensiones: sus jugadores creen en él. La cuestión -como en la época de Ancelotti y de tantos otros- es la siguiente: ¿es eso suficiente en el Real Madrid? La respuesta es simple: mientras lleguen los títulos, sí. Cuando dejen de llegar, no.

Zidane es un tipo ambiguo, hermético desde la simpatía ofrecida en las ruedas de prensa, difícil de descifrar. Normalmente evita dar explicaciones muy técnicas sobre sus ideas. Eso, unido a la forma de habitual de sacar adelante los partidos de su equipo, invita a pensar que lo del francés es más un asunto de azar que de trabajo. Por ello, hay muchos que dan fe de la existencia de esa flor que nadie ha visto pero supuestamente acompaña al galo en su periplo en el club merengue.

Lo cierto es que Zizou ha hecho cambios de entrenador. Sin ir más lejos, en el partido ante el Athletic cambió el habitual 4-3-3 por un 4-4-2 que en momentos se convirtió en 4-2-3-1. Su objetivo era taponar los costados, sobre todo el de Marcelo, algo que no terminó de cuajar (el tanto de Aduriz viene por esa banda). En contadas ocasiones, Zidane también ha probado con uno de los sistemas de moda (por la gran influencia de Conte): el 3-5-2. Cuando se han producido esos cambios, las sensaciones no han sido buenas. Por una parte, parece que el Real Madrid sufre jugando ‘como siempre’, pero cuando se cambia el dibujo el equipo tampoco termina de convencer. Un cambio de esa envergadura necesita tiempo. Justo lo que no hay en el Madrid.

Zizou también ha intentado cambiar las fichas. Ha quitado minutos a la ‘BBC’ (lo volvió a hacer en San Mamés con Cristiano) y las conclusiones también son equívocas: los canteranos (Lucas Vázquez, Morata, etc.) dejan buen sabor de boca pero al final los partidos importantes son para los jugadores importantes. Cualquier entrenador pondría a la ‘BBC’ en un choque de altos vuelos. El mayor ejemplo lo encontramos en Benzema: gris durante gran parte de la temporada, intermitente, irregular, pero decisivo en algunos partidos. Zidane, pues, está entre dos aguas y no se termina de posicionar. Lo positivo es que tiene a todos los jugadores enganchados en la recta crucial de la temporada (todos saben que pueden ser importantes en uno u otro momento). Lo negativo es que no queda claro a qué juega.

Casemiro y Ramos, sus pilares

Zidane se ha encontrado con un par de aliados inesperados: Sergio Ramos y Casemiro. El primero se ha convertido en el comodín válido para cualquier complicación y el segundo en el portador del equilibrio del equipo. Rafa Benítez ya hizo un conato de dar galones al brasileño, pero no se atrevió. Ahora no se imagina un Madrid sin Casemiro. Tampoco sin Ramos, por supuesto. Más que por su labor defensiva, sus cualidades en ataque son las que le han valido para ser el auténtico referente ofensivo del equipo. Es un buen resumen de la situación: un central es el hombre más peligroso del equipo.

Así es el Madrid de Zidane, imprevisible y temible a partes iguales. En dos meses no sabremos si el galo es o no un buen entrenador. No. Responderemos a una pregunta mucho más importante. En dos meses sabremos si Zidane sirve para ser entrenador del Real Madrid.

Felipe de Luis Manero

@FelipedeLuis99